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32,2 kilómetros
Día despejado.
Al inicio, la noche, los pájaros y el rumor del agua acompañan los primeros pasos que siempre son más alegres.
Paro en Zabaldika donde la Comunidad de Religiosas del Sgrado Corazón de Jesús abre hoy a la noche un nuevo albergue. Al poco rato aparecen Emma y el jubilado de Donosti. Los tres estuvimos en la visita nocturna a Roncesvalles donde nos recomendaros la parada. Cada uno ha llegado a su ritmo, pero siempre en momentos de parada se producen los reencuentros.
Visitamos la iglesia. Hacemos sonar la campana que resuena con profundidad en el valle.
Una responsable de la Comunidad nos acompaña en la visita y nos entrega Las Bienaventuranzas del peregrino y un breve texto: El Camino. Parábola y realidad, donde se habla del Camino como espacio de simplicidad, hermananmiento, exigencia e invitación.
El Camino te simplifica, porque cuanto más ligero sea el equipaje menos te agobiará la espalda y mejor experimentarás lo poquísimo que necesitas para vivir.
Me despido de Emma. No nos volveremos a ver. Ella no lo va a hacer entero e irá más tranquila en el andar a partir de ahora. ¡Lástima de no haber disfrutado de una conversación sosegada! Y demostración de los cruces que se dan en el camino.
Pocos días después, hablando con mi amiga Carmen le comento la sorpresa que me supuso la ‘aparición’ de una arqueóloga glocal (australiana ubicada en Ubide) y me trae al recuerdo ua gestión que me solicitó realizar un par de años antes en Gobierno Vasco. Casualidades de la vida. Era para Emma y la empresa en que trabaja.
De un tirón hasta Pamplona para parar a desayunar en el Café Iruña.
Voy mirando la ciudad de otra manera, siguiendo las marcas de El Camino. Villava y Burlada me han resultado agradables a su paso.
Es de señalar algo que se repetirá innumerables veces a lo largo de estos días: la amabilidad de las personas a la hora de orientarte, decir dónde hay una fuente, un servicio o cualquier otra solicitud.
El Camino en Pamplona, por cierto, está magníficamente señalizado.
Saliendo, me dirijo, pasado Cizur donde aireo un poco los pies, hacia Zarikiegi donde tenía pensado en un primer momento terminar la jornada por el ‘miedo en el cuerpo’ que me había metido un estellés sobre lo duro que iba a ser subir El Perdón al final de la etapa.
Total, el albergue cerrado. As´que si no quieres taza, taza y media. Toca pues superar lo inesperado y aceptar lo que hay delante porque ‘no hay otra’. Subir El Perdón, donde al llegar arriba te espera el ‘vendedor ambulante’ dándote ánimos, por un lado, y ofreciéndote todo tipo de bebidas y frutas, por otro.
Le robo la foto a Emma.
El cuerpo manda todavía. Aún no hay tiempo para pensar. Los pies se portan. Le tendré que agradecer a José su conseko del Vicks Vaporub.
Tras subir y bajar, temblando por mi tobillo, llego al albergue de Uterga Camino del Perdón.
Ambiente tranquilo en el albergue. Pequeño. Repetimos algunos de los que estuvimos en Larrasoaña.
Cuando se acaban las plazas de las literas no hay problema para compartir las habitaciones más allá de género, sexo y nacionalidad.
Pego la hebra con dos mujeres estadounidenses. Una de ellas, ha estado un año de voluntariado en Honduras y nos arreglamos en castellano.
A las 20:00 sigue llegando gente.
Me llama la atención el negocio del ‘vending‘ en El Camino.
Gastos
- Agua: 0,80
- Desayuno: 4,10
- Café: 1,20
- Agua: 2,00
- Albergue: 10
- Cena (lentejas, bacalao con pimientos, tarta de manzana): 12
- Tabaco: 4,50
- Cerveza: 1
- Total: 35,60
Para siempre
Doy una vuelta por toda la casa, doy una vuelta por toda la vida, como un deseo de totalizarla, de tenerla en la mano. Tener la imagen visible de todo cuanto la ha constituido, volverme a ver en ella para llevarla conmigo. (pag. 40)


















