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Leo las cifras de altas del ISBN en marzo y me quedo ‘ojiplático’.

Supongo que los datos de la noticia son fruto de una ‘nota de prensa’ enviada por el ISBN, es decir, por los editores o por la Federación de Gremios de Editores que es ahora quien corta el pastel del ISBN.

El titular hace incidencia en el aparente peso que va cogiendo el ebook. Así se lee: uno de cada cutaro ISBN en marzo era ebook.

Al leer la nota completa vemos que todavía los viejos paradigmas siguen presentes. Así se dice en la misma: a lo largo de 2010 editaron más de 220 millones de libros. El titular piensa en digital, pero el texto, sigue pensando en papel. Dicho de otro modo. ¿cuándo nos darán los editores datos reales de descargas de pago de esos títulos que dicen editar en ebook? Se supone, además, que los tendrán porque sí parecen saber cuánto se piratea.

Este año en los blogs que sigo se sigue hablando casi más de cacharrería que de contenidos. Parece que sigue habiendo más  gente interesada en la industria de los soportes que en la de los contenidos, cuando la situación sigue, en algunos casos sin estar clara , aunque ya se hayan levantado mitos sobre lo digital, y tiempo que tardará en estar.

En Estados Unidos parece que ya se leen más ebooks que libros tradicionales lo que nadie analiza todavía con esmero es qué se lee en cada soporte o en qué manera el mismo incide en los contenidos.

Cuando todavía el debate o el ping-pong sobre los soportes sigue estando en candelero parece que surgen nuevos modelos: los ‘libros enriquecidos, como si la riqueza, per se, la diera la mayor interactividad o la mayor presencia de elementos de vídeo, audio o la posibilidad de interacción’.

Parece lógico que la penetración del nuevo soporte sea mayor entre la población más joven y, también, como consecuencia habitual aunque no justificada en todos los casos, se intente usar sin pagar.

La falsa dualidad de los soportes sigue posibilitando no ver y no abordar la más seria reflexión sobre los contenidos.

Creo que en todo este marmagnum que muchos quieren plantear sólo desde la lógica de ‘antiguos o modernos’, de ‘papel o digital’ no conviene dejar de lado movimientos sectoriales y económicos más de fondo en la línea, por ejemplo, de lo que señala Martine Prosper en La cara oculta de la edición:

Lo que sí hay que reconocer es que, en las últimas décadas, la espectacular escalada de la lógica financiera, de la lógica industrial en la distribución y de la lógica de la comercialización a gran escala han favorecido la toma de poder por parte de esos ‘hombrecillos de gris’ (según la célebre fórmula de Bernard Fixot). Un antiguo director comercial de Seuil da testimonio de esta evolución: “Antes, los que tenían el poder eran los directores literarios, después fueron los directores comerciales y hoy son los directores financieros”.

Este desplazamiento del centro de poder del editor al director financiero es un hecho comprobado hoy en los grupos editoriales: los servicios de control de gestión no han dejado de crecer y de prosperar, formando una urdimbre bien tupida… (pag. 60)

Bien este fenómeno probablemente aporte cierta luz también sobre el porqué en España va tan lento el despegue del libro electrónico que en otros países. No es valadí quién ejerce el control sobre las grandes decisiones del sector, quién pretende montar plataformas propietarias o quién marca el ritmo de los acuerdos sectoriales que no son tales.

Lo que sí parece claro es que más allá de las dudas sobre los soportes la clave no está en ellos, sino en los modelos. Vuel a la nota inicial de número de ISBN que siguen creciendo año a año como si la crisis no fuera con este sector, como si sobrepasado, pero pagando ahora, el boom inmobiliario que nos deja un reguero de pisos vacíos y por lo tanto sin sentido, pasáramos al boom editorial que nos va dejando año a año, mayor número de devoluciones, es decir, de libros vacíos, mayor número de isbns digitales que no sabemos si alguien leerá alguna vez, mayor número por lo tanto de continentes sin contenido en la medida en que aceptemos el papel de mediación de con tenido entre un ator o autores y un lector o lectores.

Vuelvo a Martine Prosper:

Como en el resto de la actividad económica, casi desearía uno que la crisis fuera la ocasión para hacer tabla rasa, para frenar esa huida hacia adelante que es la sobreproducción y para restablecer equilibrios duraderos que permitan devolver su valor a los contenidos, redescubrir el sentido de un oficio constreñido por las exigencias financieras y volver a pone el factor humano en el centro de todo el proceso. (pag. 11)

Quizás, en este país de zambianos, sea con todo el mejor momento para montar una editorial. No necesariamente para que haya más titulos, sino para que los mismos o menos estén más repartidos, más pegados a las personas que llevan el proyecto editorial y más alejado de las corporaciones del libro que también existen y mandan mucho en función y a favor de sus lógicas financieras e industriales.