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Como se suele decir no todo vale.

Es posible que con esta Carta que la Consejera de Cultura Blanca Urgell dirige al Ministro Wert el PP encuentre un motivo más para decir que se está haciendo oposición desde un gobierno.

Hay momentos y este es uno porque en el fondo estamos poniendo en juego modelos y políiticas que no es bueno callar.

El departamento en el que trabajo tiene una gran ventaja: tenemos algunas cosas bastante claras y mucha y sana discusión interna.

La Carta de la Consejera recoge ante algo fundamental mi sentir y el del Departamento.

Uno de los principios que mantenemos es que los políticos no hacemos cultura, sino política cultural y que esto solo es posible hacerlo desde y con el tejido existente.

Sin él nuestra tarea sería vana.

Así que no está mal que rompamos una lanza a favor de un cierto modelo y reivindicando el sentido y el trabjo que dan la base para nuestra labor posterior.

Se dice en la carta:

Entiendo, y me lo permitirás, que detrás de la decisión de multiplicar en la casi totalidad de casos la imputación de IVA a los productos y servicios culturales –casi con la única excepción del libro en soporte tradicional de papel- se esconde una escasa sensibilidad y conocimiento del mundo de la cultura. Digo más, creo que bien se puede afirmar que hay una dimensión claramente política en esa decisión y que coloca a tu gobierno claramente enfrentado a las necesidades del mundo de la cultura. Es como si de repente se hubiera decidido rematar al moribundo –siempre en crisis- mundo del teatro, de la danza, del cine y el audiovisual, de los museos y el patrimonio, y de tantas manifestaciones y realidades sin las cuales este país deja de serlo. Es como si de repente hubiérais resuelto que el ciudadano no tiene derecho a la cultura y que ésta es un bien suntuario, prescindible en tiempo de crisis, y no algo constitutivo de la propia naturaleza personal y colectiva de la ciudadanía de nuestro país, así como expresión de la riqueza de su intrínseca diversidad.

No hago sino trasladarte el pesar y la indignación de los sectores de la cultura vasca, así como la afirmación contundente de que en este paso que habéis dado no podremos acompañaros ni siquiera con la lealtad y colaboración institucional que debe caracterizar nuestro trabajo en común por la cultura. Entiendo que la naturaleza política del mismo se coloca en las antípodas de lo que es nuestra visión de la cultura y que expresa, siempre desde nuestro punto de vista político, una nula consideración del papel que la cultura debe jugar en la formación de una ciudadanía cada vez más crítica y libre. Por ahí, te lo digo de verdad, ni se arregla la crisis económica que vivimos, ni se contribuye a alumbrar un mejor y distinto futuro.

Bienvenidas serán como siempre todos los comentarios y sugerencias desde el convencimiento del valor de la Cultura, sus expresiones y la diversidad.

 

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