Estaba ayer desayunando a la mañana, cuando un conocido se me acercó y me preguntó qué estaba haciendo yo leyendo aquel periódico.
Me fijé en aquel momento en el titular quetenía delante

y le pregunté qu qué era lo que le extrañaba ya que tenía toda la apariencia de estar leyendo temas relacionados con mi devenir actual: la cultura en sus múltiples variantes.
En el fondo y en el contexto él tenía toda la razón.

Estába leyendo uno de los periódicos deportivos mientras hacía tiempo para empezar un día de reuniones.
A estas alturas del día siguiente y aunque esto no sea un espacio deportivo casi todos los que aterricéis por aquí sabréis que el Athletic le ha ganado al Manchester en su ‘teatro’.
Hoy mientras iba y venía de Vitoria escuchando la radio sólooía hablar del ‘teatro de los sueños’.
Me llama la atención este acercamiento a la cultura y no, por ejemplo a la industria o a cualquier otro sector productivo, la cultura también lo es, por parte del deporte.
Me gusta, en este caso, en la medida que nos sitúa en el reino de los sueños y de lo deseado, en el reino de los anhelos no conseguidos.
Quizás con ello se vuelva a constatar, aunque de manera indirecta, el papel que puede y debe jugar la cultura a la hora de plantearnos nuevas realidades que quizás viéndolo desde otras áreas de actividad resulte más difícil.
Ojalá la tecnocracia política que parece estar sólo preocupada por el déficit más que por las personas, por el flujo de caja más que por los nuevos flujos de ideas fueran también capaces de soñar.
Por aquí gran parte de la población sigue levitando.
Levitaba ya ayer el camarero que nos atendía mientras cenábamos.
Parece que con la victoria hemos encontrado un motivo para no enfadarnos y resignarnos, algo que algún hincha del español parece que está a punto de hacer.
La solución, en parte, de la dio el propio camarero: igual le conviene cambiarse de país y de equipo.
Todo ello dicho con cariño para él y el otro dompañero de cena amigable de ayer.
Disfrutad de los sueños por lo menos este fin de semana si es que el déficit y la deuda os lo permiten.
Por cierto. Cuando entramos al Xukela éramos los únciso hombres en el bar.
¿Por qué sería?