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He disfrutado mucho de estos días pasados en Los Oscos dedicados básicamente a pasear, descansar, leer, conversar y escuchar el entorno de silencio, agua y piar de pájaros.
Ayer a la tarde después de una buena ducha tras haber realizado la Ruta del silencio me acerqué a charlar con Ambrosio y Marisa en su establecimiento recién estrenado: La Casona de Ambrosio.
No disponían de sitio para todos los días, pero invitaron a pasarse por su alojamiento.
Grata acogida, mejor conversación, donde pude constatar que a veces los sueños se hacen realidad, que quizás en torno a ‘los 50′ parece que nuestro ‘chip’ vital-mental llama al cambio de ritmo, al sosiego, al silencio y a centrarse en lo que merece la pena. Convertir algunos de los sueños soñados despiertos en realidad palpable tras un duro trabajo.
Lo trasmiten ellos y el espacio que han creado que invita, casi, a no moverse del mismo y quedarse contemplando el paisaje y el sol al caer la tarde.
Tras la conversación, con bizcocho recién hecho y buen café, vuelta al hotel donde cerramos ya la estancia brindando con ‘Jose’ y Luz que han sido unos estupendo anfitriones.
Ha sido un buen desconecte como víspera de uno más amplio que empezaré en breve.





































