Ayer a la mañana, como ya adelantaba, viví uno de esos gratos momentos que parecen salir de la nada.
Llevamos ya un tiempo manteniendo enriquecedores contactos con personas que forman parte del movimiento de Tertulias dialógicas en Euskadi.
Algún miembro de las mismas ha participado activamente en el proceso de elaboración del Plan de Lectura del País Vasco y creo que todos nos hemos quedado gratamente sorprendidos al descubrir un movimiento que coordina en Euskadi a más de 6.000 personas.
El viernes a la tarde y el sábado a la mañana algunos de ellos ‘tomaron las calles‘ de Vitoria para sacar la lectura a la calle.
Gente sencilla, diversa, plural, unidas en esta ocasión por El principito y por su gusto por la lectura.
Ayer, en una mañana soleada, pudimos disfrutar de caras sonrientes, de ambiente relajado, de ver a personas sencillas que convierten a la lectura compartida en un elemento de mediación para fomentar el diálogo y la reflexión a partir de las distintas interpretaciones que pueden surgir de un texto.
Lo dicho, el sol, el ambiente, las personas me hicieron volver de Vitoria con otro cuerpo y otro aire.
Gracias por lo que me regalastéis, posiblemente sin saberlo vosotros.
Este suele ser el mejor regalo por lo que tiene de inesperado.




