Solidaridad anónima. Mila esker Anjel Lertxundi!

Domingo a la mañana en medio de unos días que me-nos obligan a vivir a otros ritmos, pendientes de los mayores, saltando un poco de sorpresa en sorpresa, con noticias a ratos que no esperamos y que hacen cambiar el sino de los días venideros.

Estoy leyendo con tranquilidad el periódico El Correo y me encuentro con el artículo de Anjel Lertxundi que lleva por título Solidaridad anónima. El artículo, como él mismo señala, es el epílogo de Zu ( en castellano), un libro que también me (nos) acompañó en otro momento duro e intenso vitalmente.

Ahora, hoy, me encuentro con este bello y profundo epílogo, que como he sentido en otras ocasiones llega como la lectura precisa para un momento vital concreto.

Si podéis haceros con el artículo, reflexión sobre una profunda, por vivida con sentido, experiencia vital y un reconocimiento, de ahí la solidaridad anónima, del papel que todos los ciudadanos y nuestros impuestos juegan a la hora de hacer frente en momentos de enfermedad al cuidado y cura, si es posible, de la misma.

Os dejo aquí dos citas del mismo…

“La voluntad de vivir -la frontera que, como tantos otros enfermos, ella había marcado entre la vida y la muerte- se sobreponía a las dificultades, y el sentido más profundo de nuestro ser en el mundo se convirtió en algo práctico, urgente y solidario, totalmente ajeno a las elucubraciones retóricas a las que somos proclives cuando nada nos va en ello. Y hablábamos sin tapujos sobre la enfermedad y el final. No estábamos solos”.

Petrarca en un verso muy citado pero mal comprendido, decía que una bella muerte honra toda una vida (un bel morir tutta una vita onora), y ciertamente, todos soñamos con una hermosa muerte, sosegada y breve, sin dolor, pero es la belleza atesorada en lo vivido, tanto en la salud como en la enfermedad, lo que puede dar sentido a nuestro paso por el mundo y la propia muerte.”

Mila esker Anjel!

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En el Día de las Librerías, como los burros… dos zanahorias y palo de la mandamás del libro

¡Feliz día lectoras y lectores que tenéis una librería cerca!

Escribe hoy Mikel Mancisidor en El Correo:

“Dice Roberto Bolaño que «cada lector tiene la librería que se merece». No me parece exacto. El acceso a las librerías es un privilegio que se construye y ejerce colectivamente, en la medida en que en nuestro barrio haya cientos de lectores dispuestos a comprarse un par de libros mensuales. De modo que yo adaptaría la frase para decir que cada pueblo o barrio tiene la librería que se merece”.

Mientras tanto a ‘la mandamás del libro`, como titula Paula Corroto en El Confidencial le ha faltado tiempo para mandoblear a diestro y siniestro y deshacerse, entre otras cosas del sello de calidad de las librerías que casi con seguridad encontrará hueco y espacio en los brazos amorosos de otro departamento ministerial.

Parece, por lo que dice, “ lo que nos gustaría poner en marcha es un lugar en el que los sectores que componen ese ámbito trabajemos juntos apoyándonos unos a otros”, que hasta su llegada no existía un trabajo colaborativo y conjunto. Demuestra con ello o bien un escaso conocimiento del sector o lo que es peor una visión peligrosamente sesgada y/o equivocada.

Es curioso que hable de su ‘negociado’ como área pagadora y vaya a continuación recitando el rosario de ayudas que parece asumir con gusto…

Cierto es que el problema serio, afirmación que comparto, o por lo menos uno de ellos es el sistema comercial del sector. Quizás estaría bien que dejara que ese asunto que parece puede tener poco que ver con la cultura o que quizás tenga también que ver con Comercio e Industria pueda ser abordado, sin poner demasiados palos en la rueda y menos en un día de celebración, conjuntamente con otros departamentos y administraciones… Ahora bien, señora directora todo lo que nos cuenta ni es nuevo, ni lo ha descubierto, ni es la primera que se lo pregunta…

Y, por cierto, y hablando de opacidad… ¿Nos podría decir en qué informa ha leído esto que afirma?: Hay un informe que explica que las cifras del sector editorial son las más opacas del mercado, mucho más que las de los bancos.

Ni oportuna, ni medida me parece que ha estado la ‘mandamás’… Pena porque quita relevancia a algunas reflexiones que podrían tener calado como la adecuada o no implantación y modelo del sello de calidad, las ineficiencias sectoriales que las hay y muchas, la constatación de que no todo el sector debería quizás pasar por el paraguas de la cultura…, el tapón que a veces la parte empresarial supone en relación a otros sectores que se mueven en torno al libro… En fin.

Vaya la segunda zanahoria para las librerías independientes que están en el proyecto Libelista. Hoy Àurea Juan, coordinadora del proyecto con el que colaboro, nos ha dejado un interrogante con miga en unas declaraciones a la Vanguardia: “Si los libreros son los que te abren la puerta al descubrimiento de nuevos autores, ¿por qué cuando compras on line prescindes de él?” 

En los tiempos que corren la Omnicanalidad para acercarnos a nuestros clientes y lectores es probablemente clave.

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Y hemos querido también resaltar a algunas de las librerías recién incorporadas al proyecto como Unebook, Railowsky y otras que llevan tiempo en él como El Racó de les Paraules.

¡Feliz #DiadelasLibrerias !

 

Cuándo empezará a ser tomado en serio en el mundo del libro el subsector del libro electrónico

Más Congresos no supone necesariamente más relevancia.

El titular con el que Winston Manrique referencia parte de lo vivido en Barbastro en días recientes tiene su miga.

Dice así:

El sector del libro electrónico pide al mundo editorial unir fuerzas para contrarrestar la gran oferta de la red

Parece que en el mismo se estuviera reflejando que son dos conjuntos que ni siquiera fueran disjuntos y que tuvieran que buscar algún punto de encuentro que no existe. Como, si hasta la fecha, no se conocieran.

Y hay algo de verdad en esa frase. Mi propia vivencia de algunas de las ediciones y por lo que cuentan de las que no he ido parece que lo que podríamos denominar la presencia de personas que representan la historia y la parte más tradicional del sector no ha sido habitual en el mismo ni por el número ni por la representación en un espacio en el que en cambio las personas que juegan o jugamos, me incluyo, el papel de analistas y que nos dedicamos en muchas ocasiones a sobrevolar o a ofrecer ‘servicios’ auxiliares al modelo tradicional son las que más presentes se suelen hacer.

Su modo de nacimiento y evolución posterior

Convocar a la unidad desde la aparente minoría y como situándose fuera del sector no me digáis que no suena a izquierdismo, eso sí con aires de vanguardia, transnochado.

Yo creo que el tema para empezar a hablar es sencillo: poner los datos, antes que los metadatos encima de la mesa.

Ya lo dijo Manuel Gil: “El futuro de la industria pasa por compartir datos”.

Pensando en el mercado español propongo como borrador inicial la siguiente matriz de datos a compartir para saber quizás con más claridad en qué terrenos jugamos o en qué terrenos juega cada uno, suponiendo que los terrenos sean distintos. Así con esos datos, sobre todo si se ofrecen de varios años sabremos de qué hablan después los porcentajes.

Papel Libro electrónico Audiolibro app otros formatos
Número de empresas editoras
Número de empresas distribuidoras
Número de empresas comercializadoras
Número de títulos
Número de autores
Número de productos
Facturación en España
Facturación exportación
Empleos editores
Empleos distribuidores
Empleos comercialización
% lectores x soporte

 

Creo por señalar algo que se debería incluir todo. Es decir que cuando hablamos de papel, hablemos de todo el papel y cuando hablemos de libro electrónico hablemos también de todo.

Toda aportación será bienvenida.

 

Librería Hyperión en Xalapa

Las redes ofrecen a veces esa maravillosa posibilidad de contactar con personas, proyectos que hasta ahora te eran desconocidos.

Algo de esto me ha ocurrido con Claudia Bautista Monroy y su proyecto en Xalapa-México, la librería Hyperión.

Aquí os dejo un vídeo explicativo del proyecto librero. Mientras tanto seguiremos en contacto, intercambiando, enriqueciéndonos y viendo cómo podemos buscar lazos comunes.

Librería Hyperión, Xalapa. from CINEMAMODE on Vimeo.

España. Comercio interior del libro. De 2006 a 2017. Algunas reflexiones. 3. Evolución del empleo

La evolución del empleo en relación al año 2006 sigue siendo negativa. El sector editorial genera un 18,96% menos de empleo que en ese año. En relación al año 2016 el aumento de empleo es de un 0,7%.

El único tipo de empleo que crece en relación al 2006 es el específico de producción editorial. Es curioso, en cambio que en el mismo y en relación al año anterior el dedicado específicamente a la producción en formato electrónico decrece. De esta modalidad, la serie se inicia en el año 2014. En relación a ese año, el aumento porcentual no llega al 1%. No deja de resultar curioso este aparente escaso aumento con todo lo que se oye hablar de nuevos formatos. O se externaliza y el empleo se genera en otro lado o el ruido no equivale a generación de empleo real.

En cualquier caso nada, en lo que se refiere a empleo, parece que volverá a ser como antes. La disminución que se produjo en el empleo ha sido mucho más drástica que la tímida recuperación.

Tampoco sabemos, aunque lo dudamos, que el ratio de facturación/empleo, ni siquiera a precios corrientes, llegue a las cifras del 2006.

 

Panzaburra. Patricia Huerto

Previos.

Conozco a Patricia Huerto desde hace año y medio si la memoria no me falla. Un final de julio o principio de agosto yendo de Urueña, tras visitar Primera Página, a Oviedo.

La conocí en Castrillo de los Polvazares.

Su sueño soñado despierta sobre la posibilidad de una librería fue, después de la comida, el hilo de la conversación.

En la distancia sigo lo que escribe en Facebook y hoy ha escrito un texto bello, sentido y doliente que me atrevo a reproducir, más sobre todo después de haberlo comoartidc con un buen amigo que también se ha emocionado.

Ahí os lo dejo.

“PANZABURRA”
(Un “algo” escrito por mí)
Cuando el cielo del Teleno se pone de color panzaburra, es que va a nevar. Parece que todo se para, esperando que los primeros copos caigan suavemente. Ya casi no quedamos gente que le llame al gris del cielo así, panzaburra. Cuando mi hija y mi hijo se marchen, el cielo antes de nevar dejará de tener un nombre, y ya nadie mirará pa´él. Cuando nieve, ya no habrá niñas ni niños que desordenen los montones y se tiren en plancha sobre la nieve acumulada, junto a los muros de piedra de las huertas. Que arranquen los carámbanos de hielo de los tejados de las cuadras, y los chupen con avidez. Ya no habrá niñas ni niños que no vayan a la escuela porque el autobús escolar no pueda subir a buscarlos. Ni que se tiren con el viejo trineo por las huertas nevadas. No existirá infancia que camine por el monte, que arranque el musgo de las paredes de piedra, que coleccione palos estrella, que pesque los renacuajos del pilón, que escarbe en los agujeros de los topillos, que siga los caminitos de las hormiguitas, que pise los pedos de lobo y que oiga la berrea de los corzos. Ni habrá personitas haciéndose collares de escaramujos ni construyendo presas en los riachuelos. No estarán las niñas y los niños que vayan a ver en marzo a las ovejas pariendo, ni que alimenten con un poco de miedo a los burros. No quedarán pastoras que salgan con los rebaños. Ni perros pastores que les vigilen. No se verá ropa tendida en los días de sol de invierno, ni mujeres sacando los colchones y mantas a los balcones para que se oreen. Los poyos quedarán abandonados, ninguna paisana se sentará en ellos. Ya no habrá domingos para jugar la partida en el bar. Ni bares donde tomarse un dedalín de orujo. Nadie hará los calendarios de las mancomunidades con las fotografías que tomaron los veraneantes. Ya no habrá quien alimente a las comunidades de gatos sin dueño, ni se verán caléndulas y geranios creciendo en latas gigantes de sardinas. Las calles bien alumbradas con lámparas led no alumbrarán a ninguna paseante. No habrá jóvenes que se reúnan en la vieja escuela para escuchar música de los móviles y chatear. No habrá gente que se críe en las montañas, en las praderas ni a la vera de los ríos, gente que pueda mirar el horizonte casi a diario, gente que vaya a caminar antes de la puesta de sol, que sienta las estaciones, que habite sobre la tierra y bajo el cielo. Nadie llamará para una facendera. No se reunirán las personas para filandones en las cocinas. No habrá quién vaya por las castañas y celebre el Magostu.
Poseerán las tierras la clase política, la clase empresarial, los cazadores y la clase veraneante. Se convertirán los pueblos en lugares de retiro y diversión estival. No quedará ganado ni animales salvajes, los cazadores acamparán a sus anchas y los matarán a todos. Las crestas de las sierras se inundarán de molinos de viento, cuya electricidad será vendida a las grandes compañías. Se repartirán los campos comunales entre las empresas de explotación arenera o cantera. Las aguas serán canalizadas para llenar piscinas o para venderla a las embotelladoras. Las laderas serán bombardeadas por el ejército dos veces al año para gastar el armamento que quedará obsoleto los años siguientes. Los bosques de árboles autóctonos serán sustituidos por pinos de crecimiento rápido que serán invadidos por millones de orugas procesionarias, colonizando sus copas con sus repugnantes nidos blancos. Los caminos y sendas serán devorados por la maleza, sólo se podrá llegar en coche por carreteras financiadas con fondos europeos, cuyos usuarios pasearán por ellas como si de un safari se tratara. La clase política ya no tendrá ojos críticos que la miren, se hará con todo. Se desplazará desde sus residencias lejanas y acomodadas y hará creer a la clase veraneante que todo es genial, que todos lo hacen por sus pueblos despoblados. Los ayuntamientos contratarán trabajadores pagados con los dineros públicos para servirles como asalariados en sus empresas privadas. Las multinacionales alimentarias comprarán toda la miel de las colmenas de los pequeños apicultores para utilizarlas en sus productos más que procesados. Tendrán que unificar las escuelas públicas y privadas. Cada vez habrá menos infancia que estudie en los conservatorios y menos adolescentes que quieran aprender idiomas en las escuelas oficiales. Las concejalías de deportes desaparecerán, y las de servicios sociales estarán únicamente orientadas a la tercera y cuarta edad. Ya no habrá gente menos mayor que cuide a la ancianidad, ni monjitas que vivan en los conventos. No habrá curas que den misa una vez cada seis semanas, ni fiestas patronales. No habrá Mayos ni Corpus, ni bailes en Las Candelarias. Las calles serán íntegramente cementadas en pos de la civilización turista. Ya no habrá huertos cuyos plantones de Monsanto fueron comprados en el mercado de los martes. Ni matanzas de cerdos comprados una semana antes para matarlos por San Martín. Las empresas de seguridad harán su agosto instalando dispositivos antirrobo en las casas bien reformadas y enrejadas. No habrá quién pode los árboles frutales ni admire su floración ni recoja sus frutos. El Estado seguirá cobrando por servicios como el agua, alcantarillado y basuras a las propietarios de las casas, que solo vendrán una semana al año y no protestarán por los precios abusivos, como buenos ciudadanos y amantes de los pueblos de sus antepasados. Cerrarán las farmacias y los pequeños colmados, cuando todas las personas mayores se hayan ido. Las personas jóvenes que queden, tecnologizadas como sus iguales urbanitas, no querrán trabajar, les llegará con cobrar las rentas y herencias de sus progenitores y con las ayudas del Estado. En las bibliotecas públicas sólo quedarán los libros y las revistas abandonadas, y la bibliotecaria. Los bibliobuses dejarán de llegarse los pueblos, no habrá nadie que quiera tomar prestado ni un título. Las médicas rurales tendrán que pedirse otros destinos en las ciudades, no habrá nadie que necesite tomarse la tensión o pedir receta para el sintrón. Ya no pasarán los portugueses vendiendo sábanas o toallas, ni la furgoneta que tapiza las butacas y los sillones. El panadero que trae el pan desde la ciudad será despedido, su puesto no será necesario. A partir de 2021, las personas que quedemos no habremos de ir a ningún sitio, el Sr. Presidente de la nación nos ha prometido adsl. Estaremos más conectados que nunca. No habrá coche de línea ni correo. Nadie respirará el aire más puro de la Península, lo enlatarán y se lo venderán a Tokio o Beijing. Se llenarán los pueblos de casas rurales construidas con ayudas del Leader, y cualquier comportamiento poco profesional de los dueños será tomado como una exótica anécdota rural. No continuarán los cronistas escribiendo sobre las historias pasadas de los pueblos ni nadie leerá lo que horas de investigación les costó a esos apasionados. Los pueblos se convertirán en meros proveedores de servicios de ocio, se llenarán de restaurantes, de gente haciéndose fotos en los cruceros y las ventanas floreadas, y haciendo sus necesidades en las huertas y olvidando guardarse sus basuras. Entresemana serán pueblos fantasma, eso si tienen la suerte de haber sido uno de los elegidos como pueblo más bonito por no sé qué web. Opinarán los veraneantes de los pueblos bonitos a través de las aplicaciones de su móvil, y después de pedir en sus restaurantes, preguntarán por la contraseña de la wifi y compartirán el momento con sus amistades a través de whatsapp o facebook. No hablarán entre ellos. No se darán cuenta que la mayoría de los restaurantes fueron abiertos por personas ajenas a esos pueblos, que solo fueron atraídas a establecerse allí por la oportunidad de negocio; ningún amor por esa tierra fue causa de su inmigración. Volverán algunas parejas jubiladas a terminar las interminables obras de sus casas de piedra, se quedarán los meses que no haga frío, y en las vacaciones cuidarán de la nietada, porque sus hijos e hijas tendrán que seguir trabajando en las ciudades. Y ya no habrá quien visite los cementerios en el día de los Santos. Durante algunos años, los servicios de mantenimiento arreglarán las tumbas, pero cuando ya no quede quien cubra esos puestos, los camposantos sólo serán reconocibles por el muro que lo limita.
Y los días transcurrirán monótonamente. No veremos a nadie si no queremos. Ni siquiera la tele e internet nos serán necesarios. Sufriremos los fríos y disfrutaremos los soles. Pasearemos él y yo a solas, por el monte, con lentitud, respirando a conciencia ese aire que nadie más respirará, siendo las únicas personas que existirán en el mundo. Y sin duda seremos felices en nuestra solitud elegida. Y moriremos a la vez, nos dejaremos dormir bajo el roble cerca de las Mayadas, un día tibio de septiembre, al atardecer, cuando las nubes de arrebolen y las bestias se nos acerquen curiosas. Y nos iremos.
-FIN-

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España. Comercio interior del libro. De 2006 a 2017. Algunas reflexiones. 2. Integración empresarial

La evolución de los datos relativos a la integración empresarial indican en el año 2017 el grado más alto de integración de toda la serie, alcanzado al 31,3% de las editoriales.

El crecimiento que es probablemente el que lleva a aumentar el porcentaje, se da entre las editoriales más pequeñas que son las que representan el mayor número. Si atendemos a los totales y no a los porcentajes vemos que de hecho sólo hay una editorial más que el año anterior y hay, de hecho, menos editoriales que en años anteriores.

En detalles como estos es cuando se ve que el menor nivel de implicación de las editoriales a la hora de contestar van dejando flecos en los resultados