Convicción

“No convenzan a nadie; la convicción ha de ser propia, no prestada, ¿no?”
(Mentada Pacheco)

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La ‘cultura de la lentitud’ se mueve mal en las prisas del supermercado

Como casi todos los septiembres, por no decir todos, de los últimos años ha vuelto a aparecer la serpiente, que indica el inicio del otoño, del libro de texto.

Cuando parecía que todo iba a transcurrir con una cierta tranquilidad unas declaraciones del Director general del Libro han provocado dos portadas consecutivas en, prácticamente, todos los medios de comunicación.

Pasada ya una semana de las declaraciones y contradeclaraciones, de las afirmaciones y desmentidos, de lo caro y lo barato, de quién gana y quién pierde, creo que puede ser de interés hacer llegar algunas reflexiones y matizaciones para un abordaje más tranquilo y sosegado del papel del libro, de cómo se debe contextualizar en el mismo el libro de texto y de algunos principios (10 más 1) que se deberían tener en cuenta para que esto fuera posible.

1. Cada cosa tiene su tiempo. Lo primero que habría que señalar es que el Gobierno, en concreto el Ministerio de Cultura y el Director General del Libro, han cometido un serio error al salir al ruedo con unas declaraciones ni suficientemente medidas ni meditadas en plena campaña escolar. Bastaba con escuchar los balbuceos del Director General del Libro en un programa radiofónico la misma noche de las declaraciones y antes de aparecer los titulares en los medios donde quedó además palpable que no eran una opiniones, sino unas intenciones claras a tener en cuenta sobre texto legal.

2. El principio de coherencia. Por segunda vez, y en dos temas claves relacionados con el libro como soporte, el Ministerio de Cultura ha demostrado una falta de coherencia a un doble nivel. Por un lado con el resto del Gobierno. Recordemos el asunto planteado nada más iniciar la etapa de Gobierno sobre el IVA superreducido del libro y, ahora, nos encontramos con una incoherencia de planteamientos y ritmos en relación a una Ley del Libro que todo el sector es consciente que debe ser modificada.

3. El libro como concepto. A la hora de hablar del libro no siempre estamos diciendo lo mismo. Debemos, por lo menos, tener en cuenta dos variables: el soporte y el contenido. Así, en la definición de la RAE se plantea y recoge ya la posibilidad de soportes distintos, baste ver en estos momentos cómo un lanzamiento realizado por un medio de comunicación en el que conviven dos soportes papel y digital y dos tipos de contenidos impreso y audio (musical), siendo este último el que tiene más peso, es reconocido como libro y lleva su correspondiente ISBN. Nos encontraríamos así, curiosamente, con música, fundamentalmente, vendida a Precio fijo y único. Al mismo tiempo la función que puede jugar el libro es variada y así se suele recoger en los diversos estudios sobre el mismo. Se puede hablar de libros de entretenimiento, conocimiento, aprendizaje….

4. La elección o la prescripción. La compra de un libro pude producirse por elección personal o por prescripción y, en este último caso, la prescripción puede llevar a la obligatoriedad o no de la adquisición. Una novela cualquiera es comprada voluntariamente por el mero gusto o deseo de leerla, pero un libro de texto, en el marco de los niveles obligatorios de enseñanza, ni se compra voluntariamente, ni suele ir acompañado del gusto o deseo de leerlo y, además, suele ser obligatorio su uso. Nos encontraríamos, por lo tanto, con que el acercamiento y el motivo base de adquisición no siempre es el mismo. Resulta a este nivel curioso que aquello que es obligatorio por prescripción, el libro de texto, sea, aparentemente, defendido por Asociaciones de consumidores, que se supone lo son de consumo voluntario o por las Grandes superficies de consumo provocando con ello el raro efecto de hacernos creer que la compra del libro de texto obligatorio la podemos acabar convirtiendo en una opción libre de consumo.

5. Gratuidad no es igual a no pago. Lo gratis, aunque sea triste decirlo, no existe en nuestras sociedades occidentales. Existen, modalidades o ‘Políticas de gratuidad’ que lo que facilitan son posibilidades de no pago directo por el usuario-alumno-educando (estudiante) del material (libro) necesario, según afirman en general los propios docentes, para el desarrollo adecuado del currículo. El pago sobre dicho material siempre se realiza. Es decir: el gasto producido se asume de otra manera por la administración, es decir, por todos los ciudadanos.

6. Gratuidad no es siempre lo mismo. Cuando se escuchan declaraciones sobre políticas de gratuidad se está utilizando un término que tiene distintas lecturas o permite diversos modelos de aplicación. Por señalar sólo algunos ejemplos, nos podemos encontrar con la modalidad del cheque escolar entregado directamente a las familias para la recogida de libros en los establecimientos. Esta modalidad que es sólo una de las posibles puede, además, plantearse las siguientes posibilidades: cheque, en un caso, por el valor total del lote de libros, en otro, por el valor medio y no total de un conjunto de libros que cumplan las necesidades curriculares; en un tercero, con valores distintos en función de niveles de renta. Otra modalidad, que se manejó en sus momentos, fue la posibilidad de desgravación en renta contra presentación de pago de factura. Puede variar, también, en función del canal de distribución. Es decir: los libros pueden ser entregados en los centros, en establecimientos comerciales…y puede, también, finalmente variar en función de quién es el receptor final que puede o bien ser la familia o el propio centro escolar.

7. Difícil la gratuidad sin precio fijo. ¿Si no existe un precio único sobre qué criterios se podrán establecer políticas comparativas de gratuidad y de costos de su aplicación?. Quienes defienden las políticas de descuentos son poco amigos de las políticas de gratuidad.

8. Lo que puede haber por detrás. A veces, las coincidencias pueden y suelen ser significativas. Ha habido una cierta correlación en el tiempo entre la entrada en vigor de la Ley de descuentos sobre precio fijo del libro de texto, práctica comercial única en Europa, y el desembarco en la Presidencia de Carrefour hace unos años de D. Rafael Arias Salgado. Curiosamente, todos los estudios parecen indicar que las mayores beneficiarias de esta medida han sido las grandes superficies francesas.

9. Libro – Educación no es igual a la lógica del consumo. No es bueno que las lógicas de la cultura y la educación se muevan por las angostas estanterías del consumo. ’Desde el comienzo de la civilización hasta ahora, la cultura ha precedido siempre al mercado…La razón estaba en que la cultura era la fuente de la que manaban las normas de conducta sobre las que se producía el acuerdo…Cuando la esfera comercial comienza a devorar la esfera cultural…amenaza con destruir los mismos fundamentos sociales que dieron lugar a las relaciones comerciales’ (Rifkin,J.; La era del acceso. La revolución de la nueva economía; Paidós; Barcelona 2.000, pag. 22-23) Parece que el proceso lógico es: cultura – educación – consumo y no al revés.

10. ¿Precio fijo-único para el libro o para los contenidos de valor?. Uno de los principios de aplicación del precio único es que el mismo, el precio, no sea un elemento discriminatorio para el acceso de los ciudadanos a los contenidos culturales. Es decir que exista, por lo menos, una igualdad de acceso por precio. Si este criterio se considera válido ¿no deberíamos fijarnos más en los contenidos que en los soportes?. ¿No es mejor una sinfonía a precio único que el último libro, pongamos un ejemplo, sobre ‘Las folclóricas’?. Debemos pensar, también que los contenidos que aparecen en los libros de texto son de valor, sino, un flaco favor nos estamos haciendo.

11. Necesidad de un modelo coordinado Gobierno – Autonomías. El Gobierno Central y las distintas administraciones deberían, en cualquier caso, poner todo de su parte para asumir políticas coordinadas que posibiliten la igualdad de acceso, por lo menos por precio, a todos los ciudadanos que lo deseen.

Al final, como siempre, todo depende del valor que demos a las cosas “Si piensas que la formación es cara piensa en el coste de la ignorancia” (John Whitley , Director de la Book House Training Center, citado por Jordi Nadal, Valencia 2002)

José María Barandiaran
Ha sido Director Ejecutivo de la CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) y actualmente Socio Consultor de Opinión con Valor (Consultora especializada en el Sector del Libro e Industrias Culturales)


Librerías de fondo

Nos hacen falta librerías de fondo; el libro no puede ser una mercancía que se repone cada quince o treinta días, pasados los cuales se convierte en espectro, en material desguazable, en blando cuello inocente para la guillotina. Los grandes perjudicados son, al cabo, los genuinos clientes. (Miguel García Posada – El País 03-05-01)

El escritor y su espacio

Detrás de un gran escritor hay siempre un lector formidable que sabe hurgar en una librería pero que no resistiría ni un minuto entre carritos de la compra que lo mismo apilan kilos de manzana y de dulce de membrillo que libros de texto. (Mario Bango; La Voz de Asturias 1-Noviembre-2000)