Falta canal para la educación y la cultura del libro

Jordi Nadal nos ha cedido, con gentileza como siempre, la posibilidad de publicar este artículo ya aparecido en Infonomía durante el mes de septiembre. Pensamos que lo expresado tiene y tendrá su validez, tristemente, durante bastante tiempo.

Podéis hacer llegar los comentarios a Jordi directamente (jordi-nadal@telefonica.net)

Falta canal para la educación y la cultura del libro

Una idea es válida en tanto se difunde en el lugar y en el momento adecuados, amigo mío. (Luther Blisset, Q)

(Tiempo estimado de lectura: 3 minuts)

La industria editorial en lengua española anda sobrada de producto. Hay tanto que, en cierto modo, los libros superficiales censuran parcialmente -a causa del ruido que generan- lo mejor que se edita, que, por cierto, es mucho.

En España, si los Ministerios de Cultura, Industria y Economía, aliados con el Instituto Cervantes y el Instituto de Cooperación Iberoamericana, se propusiesen potenciar en serio la educación, establecerían una alianza, aún más amplia y sólida que la que ya existe, con la industria editorial (por cierto, una de las pocas en las que somos globalizadores, y no globalizados).

Para hacerlo, debería darse toda la ayuda del mundo para que se abriesen librerías en los países de Latinoamérica. Porque, con más y mejores librerías, se contribuiría a la educación de los ciudadanos y, en consecuencia, se ayudaría a articular un espacio geoestratégico cultural, extendiendo el conocimiento en el mundo hispanohablante.

La razón es simple: con mejores canales, (y la librería lo sigue siendo aquí y allí por profundidad, atención y formación), tendremos más y mejores lectores. Y los lectores reales, realmente educados, son los que generan la democracia real y mejoran las condiciones para la producción de riqueza: avanzar en entender al otro; avanzar en el conocimiento científico y humano; avanzar en la creación de una ciudadanía que no sea presa fácil del populismo ni del engaño oligárquico.

Cada buena librería que se abre en América Latina es semilla de mejores médicos, mejores educadores, mejores estudiantes, mejores profesionales, mejores personas, mejores padres y madres, mejores hijos e hijas… en suma, mejores ciudadanos.

Cada librería que se abre impide o dificulta una serie de actos de humillación, de exclusión social, de injusticia…

Cada librería que se abre nos acerca a un mundo más civilizado. No es casualidad que los países nórdicos tengan buenas librerías, buenas bibliotecas y, por cierto (y esto está ligado a una forma inteligente de entender el mundo), cuiden también sus bosques. Sólo los países que se preocupan por las próximas generaciones son países con futuro. Los bosques y las escuelas exigen planificación honesta y a largo plazo. Cuando así se produce, hay futuro.

Recordemos una cosa: hay países que hace veinte o treinta años eran punteros y hoy están casi arruinados. Y, otros, justo lo contrario. No hace falta poner nombres, todos los conocemos. Luego, una cosa está clara: con políticas inteligentes, las cosas pueden cambiar en un sentido positivo; y sin ellas, sólo cabe esperar lo peor.

Apoyemos de verdad la creación de librerías en Latinoamérica (y, por cierto, también con toda la atención del sector privado) y, por una vez, podremos creer en un futuro para ese continente, distinto del que hoy parece acecharlo.

Jordi Nadal

p.s. Para que esta propuesta no se quede en sólo lo teórico, enumero posibles iniciativas concretas, siguiendo importantísimas sugerencias que recibo de Gabriel Zaid:

1. Las agencias del ISBN están muy mal en todos los países hispanoamericanos. El dinero y la ayuda técnica para llegar a tener una base de datos global de todos los libros publicados en español sería una ayuda fundamental para el mundo del libro en español: librerías, bibliotecas, universidades, etcétera.

2. Regalar a las librerías un programa informático desarrollado para su propia administración: existencias y ventas por título y editor, acceso a la base de datos del punto anterior, a los portales de los editores, estadísticas y, desde luego, contabilidad de la librería.

3. Con los dos puntos anteriores ya funcionando, un gran servicio a los lectores sería localizar la librería más cercana donde se encuentra un libro que se busca.

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