Lectura y televisión ¿tan distintos?

Infonomía me ha permitido, a través de un artículo de Miguel Ángel Prats, acceder a un conjunto de consejos para ver la televisión. El origen de los mismos es chileno y ello se refleja en algunos de los giros y expresiones del documento.

Nos hemos permitido un pequeño juego que ha sido el de adaptar dichos consejos para el libro.Aunque es un poco largo, creemos que merece la pena. Este ha sido el resultado:

Una responsabilidad importante de los padres.

LOS LIBROS Y LA LECTURA

1. Los padres debemos enseñar a nuestros hijos tanto a leer libros enriquecedores, como a no leer aquellos que puedan ser inconvenientes o que puedan afectarlos en su desarrollo integral como personas. Si los padres no enseñamos a leer a nuestros hijos, ¿quién lo hará por nosotros?

2. Podemos enseñar a los hijos a que no hay que leer cualquier cosa, sino determinados libros. Así podremos desarrollar la capacidad de selección y de discriminación, que los habilitará para leer aquello que nos conviene y no lerr aquello que no nos conviene. Debemos preguntar a nuestros hijos ¿qué libro quieren leer?, en lugar de ¿quieres leer? No olvidemos que la lectura utilizada con el criterio de ayudar a la educación de los hijos puede ser una herramienta muy eficaz.

3. Para crear un criterio de selección al momento de leer, es preciso evitar tener libros delante cuando no haya nadie leyendo un libro determinado. Siempre es positivo preguntarse: ¿Es necesario que en este momento haya libros para leer a la vista? Cuántas veces los libros están metidos en bibliotecas y librerías sin que nadie esté realmente dispuesto a seleccionar uno en concreto para leerlo. Si los quitamos de en medio si no se van a leer, no sólo ahorramos energía y dinero, sino que lo más importante, ganamos espacio y tiempo para nosotros mismos y para la familia.

4. Un buen modo de afirmar las ideas anteriores es no tener a mano varios libros a la vez. La costumbre de leer varios libros a la vez y de cambiar continuamente de uno a otro, es contrario al criterio de selección que debemos desarrollar en nuestros hijos. Por otro lado, “la lucha” por querer leer el mismo libro muchas veces es injusta e inconveniente, ¿no sería preferible acordar de antemano qué va a leer cada uno, para no ser esclavos de los ‘varios’ libros, que nos lleva por un vagabundeo interminable que no permite concentrarse ni entender ningún libro? Si el “picoteo de libros” es inevitable, porque se está buscando qué nos puede gustar, al menos es conveniente enseñar que hay gustos para todos y todos tienen opinión, y que la selección de los libros no es monopolio del mayor, el más fuerte o el dueño de la casa, para así enseñarles a respetar los derechos y los gustos de cada uno de los miembros de la familia.

5. No es conveniente que nuestros hijos tengan una biblioteca en su habitación. Esta costumbre incentiva el aislamiento de nuestros hijos, provoca una adicción a los libros y es contrario a la vida de familia. Tengamos presente que una adicción desordenada a los libros impide el juego de nuestros hijos, el crecimiento de su creatividad y afecta, inevitablemente, la convivencia familiar.

6. Es siempre conveniente tener un horario preestablecido para leer. Como todas las cosas, los libros tienen “su lugar” en la vida familiar, junto a otras actividades. En este punto debemos tomar conciencia que nuestro día sólo tiene 24 horas, y si le restamos el tiempo en que dormimos y trabajamos o estudiamos ¿cuánto tiempo libre nos queda? ¿Es necesario dedicar el escaso tiempo libre que tenemos sólo a leer? ¿Dónde queda el tiempo para el juego, la amistad, la cultura, la imaginación y la convivencia familiar?

7. No usemos los libros como una “niñera de papel”, dado que ellos no cuidan verdaderamente a nuestros hijos, especialmente si les dejamos leer “lo primero que cae en sus manos”. Recordemos que los libros no pueden dar cariño, ni son capaces de advertir a los niños de un eventual peligro. Cuando ambos padres trabajan, este criterio es especialmente importante.

8. No tengamos libros encima de la mesa cuando almorcemos o comamos en familia. Cuando se está juntos, durante las comidas, toda nuestra atención debemos ponerla en compartir con nuestros hijos y cónyuge, cuidando ese verdadero tesoro que es estar juntos y con tiempo para conversar y conocernos mejor. No arruinemos o desperdiciemos los mejores momentos en familia “metiendo en medio” un o varios intrusos como invitados principales, que nos obliga n a leerlos.

9. La capacidad de imitación que tiene el niño debemos orientarla hacia el conocimiento de personajes reales y ejemplares, por ejemplo deportistas, hombres ilustres, héroes de nuestra historia, personas destacadas en la ayuda a los demás, poetas, etcétera, y no hacia “héroes imaginarios”, “monstruos”, o personajes inexistentes. De esta forma, pondremos a su alcance las vidas de personas que han pasado haciendo el bien, y que merecen ser imitadas.

10. Los padres debemos tratar de leer al mismo tiempo que nuestros hijos. De esta forma podremos conocer verdaderamente los contenidos de los libros que leen para tener, así, juicios más apropiados al momento de emitir nuestra opinión sobre sus lecturas. Leyendo con ellos nos podremos dar cuenta de sus gustos o preferencias, y los efectos que los distintos libros pueden producir en cada uno de ellos.

11. Echarle la culpa a los libros es la salida fácil. No conviene que los padres renunciemos a la posibilidad de que en la casa se lean siempre buenos libros, teniendo presente que entre todo lo publicado, si buscamos, podremos encontrar casi siempre buenos libros, y que nos corresponde a nosotros el deber y la responsabilidad de ser los principales formadores de nuestros hijos.

12. La experiencia demuestra que no es conveniente que los niños y jóvenes puedan leer el libro que se les antoje, sobre todo los más pequeños. Tampoco conviene dar por sentado que todos los libros llamados infantiles o de dibujos tienen un contenido adecuado para su edad.

13. Los padres debemos informarnos del contenido de los libros. Cualquier libro que incluya sexualidad, violencia, maldad, permisividad, delincuencia, racismo, etcétera, no es apto para niños. Y los padres deben saberlo, y evitar que sus hijos los lean. Para lograr esto, se pueden consultar las guías elaboradas por los libreros, las orientaciones de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y revistas especializadas como, por ejemplo clij o Babar.

14. Una vez informados del contenido de los libros, respetemos las indicaciones de los mismos: – para todo niño; – para niños mayores de 7 años; – para niños mayores de 12 años, establecidas, en muchas ocasiones, por los propios editores para el cuidado de los niños.

15. Hay que tener presente que los hijos deben aprender valores antes que nada en el ámbito de la familia. Cuidemos de explicar a nuestros hijos que los principios e ideales de los héroes o heroínas de los libros son, la mayoría de las veces, difíciles de aplicar en la vida diaria, donde a diferencia de los libros, cada acto tiene un costo y una consecuencia positiva o negativa para ellos mismos.

16. Con imaginación y creatividad los padres de familia podemos esforzarnos en buscar alternativas a los libros, fomentando el deporte, las visitas a museos y parques naturales, las sesiones de teatro, la proyección de vídeos, las conversaciones familiares, las prácticas de acciones solidarias a favor de los demás, etcétera.

17. La “cultura del texto” debe llegar a los niños por medios que no sean exclusivamente los libros. Enseñémosles a nuestros hijos que fuera de los mismos existen los periódicos, los murales, las revistas, internet, el teletexto, etcétera . En este mundo hay tanto que ver y que mirar. Pero es necesario que, como padres, lideremos este esfuerzo, no perdiendo la capacidad de admiración, para que nuestros niños sigan nuestro ejemplo.

18. Inevitablemente, y no obstante nuestros esfuerzos, habrá contenidos de libros contrarios a nuestros valores, que nos parezcan inconvenientes o negativos para nosotros o nuestros hijos. Por ello fomentemos en familia el análisis crítico del contenido de los libros. Para eso, acostumbremos a nuestros hijos a saber ver y distinguir lo bueno y lo malo que pueda contener un determinado libro.

19. Los padres tenemos que fomentar que los libros sean analizados y materia de conversación en reuniones de familia, por ejemplo en las comidas. Esto no sólo enriquece la comunicación familiar, sino que es una excelente manera de conocer y dar un apoyo concreto a la educación de los valores de nuestros hijos.

20. Las familias, de a poco, pueden crear una biblioteca con obras de interés para los niños, que contengan temas variados y entretenidos. Esta práctica no solo fomentará el gusto por la cultura y la entretención en familia, sino que les servirá para ir creando un criterio selectivo al momento de acercarse a la lectura.

21. Algunas revistas pueden ser tan peligrosas como los malos libros. Los padres debemos estar muy atentos para que las publicaciones no conviertan a nuestros hijos en personas superficiales o consumidoras de todo lo que leen. La gran oferta de bienes que existe en la puede ayudarnos a educar a nuestros hijos en un “consumo inteligente”, basado en la satisfacción de las reales necesidades, más que la de los gustos. Nunca hay que hacer caso de la publicidad de juegos que inciten a la violencia, a la discriminación, y al racismo.

22. Los padres de familia, tenemos el derecho y el deber de iniciar a nuestros hijos en una positiva y prudente educación sexual, que evite que una imagen distorsionada del amor humano y del sexo les sea trasmitida a través de cualquier medio, y en particular los libros.

23. No podemos dejar que nuestros hijos lean libros de mala calidad. Si estos libros son leidos por nuestros hijos, confundirán la realidad con la ficción, se desorientarán y equivocarán al comprender y valorar el sentido de la vida. Transigir con la mala calidad de libros inadecuados para los niños, dejando que los lean, equivale a hacerse cómplice de lo que sabemos distorsiona los valores que le servirán de fundamento para el resto de su vida, y atenta contra los derechos de la infancia.

24. Hay que evitar, a toda costa, que el leer se convierta para los niños en un premio o castigo.

25. Los padres de familia podemos organizarnos para exigir unas lecturas de calidad, especialmente para edades infantiles. Las actitudes groseras, los hábitos y comportamientos antisociales, las obscenidades del lenguaje, la pérdida del sentido de la autoridad, la vulgaridad y la frivolidad, la apología subliminal o directa de conductas reprochables, la discriminación de la mujer o su utilización como objeto sexual y cualquier menosprecio a la vida humana, deben ser erradicados, especialmente de los libros que tengan a los niños como destinatarios.

26. Ante una producción editorial infantil con baja, discutible y reprobable calidad, los padres de familia tenemos la ineludible responsabilidad de poner en marcha una crítica constructiva, ejerciendo así nuestros derechos ciudadanos. Asimismo, y como contrapartida al esfuerzo realizado por muchos de quienes trabajan en el ámbito de la edición y del libro, es conveniente incentivar los buenos libros, resaltándolos y difundiéndolos entre nuestros amigos.

27. El ejemplo es la herramienta más eficaz que tenemos los padres en nuestras manos. Si leemos mucho, o postergamos nuestros deberes o actividades familiares o recreativas con nuestros hijos por leer, o leemos libros de mala calidad, ¿con qué criterio vamos a evitar que nuestros hijos lean libros negativos para ellos?

La televisión no obedece a la lógica de la escritura, sino a la de lo audiovisual. Es un contenedor voracísimo. Lástima que falten los contenidos. (Franco Ferrarotti; Leer, leerse; Península, pag. 36). A veces, esto también pasa en los libros.

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