La i/a-legalidad de algunos editores (en este caso)

Hace unos pocos días, en una entrevista en la contra de La Vanguardia, el amigo Schifrin afirmaba que la edición independiente es imprescindible para la democracia en un país como Estados Unidos, ante la mordaza mediática de los oligopolios multimedia, es decir ante la censura empresarial. (Jorge Herralde; El observatorio Editorial; Adriana Hidalgo; pag. 159-160)

La librería independiente es el único sector que ha mantenido su saludable dispersión. La paradoja es ésta. Esa dispersión, aparentemente desfavorecedora, se transforma en una garantía de autonomía. Se puede comprar con un único cheque, no importa qué grupo de edición o qué cadena de librerías, pero no se puede adquirir las mil librerías más importantes de Francia. (Laurence Santantonios; Tant qu’il y aura des livres; Bartillat, pag. 167)

Anda el ambiente muy pero que muy revuelto en el sector del libro español. En estas últimas fechas y a consecuencia de un intento de operación, que veremos si al final se lleva a cabo, lanzado por ediciones B todos los estamentos de la cadena de valor parecen estar moviéndose para frenar una acción promocional que parece vulnerar con claridad el actual marco legal.

Vaya desde aquí nuestro a apoyo a dichos movimientos si esto es así.

Quizás, parece llegado el momento de plantar cara y de que estamentos sectoriales se quiten algunas ’caretas’ en relación a estos temas. El problema que uno ve en estos momentos desde fuera es que hay mucho camino trillado y mal trillado en muchas ocasiones en relación a solicitud de apoyo en ocasiones anteriores sobre posibles vulneraciones a la ley.

Problemas de este tipo manifiestan, además, que sigue sin existir una Institución adecuada que aglutine con una única voz a toda la cadena de valor.

Los libreros han tenido que volver a poner la cara en primer lugar y, parece, que a algún ’señorito’ editorial se le ha ido la mano o la pluma en el tono que ha empleado en alguna contestación.

Parece mentira, si empezamos por los principios, que es por donde suele convenir hacerlo, que algunos señoritingos, mercenarios editoriales, que existen todavía tristemente y que poco deben saber de principios, no se paren a pensar en el sentido último de las leyes y no sólo en su literalidad que cobra sentido en función de los principios. se parecen a los niños chicos que todavía, en este caso por interés, no son capaces de ver más allá, del trazo gráfico.

Baste sólo con recordar que la legislación sobre el precio fijo española ha querido mamar en su segunda época de los principios franceses y, aunque aquí, no se trasladó, en Francia sí se señaló con claridad cuál era una de las finalidades fundamentales de la Ley que Santantonios recoge en su libro:

…Un poco con el mismo estado de espíritu que el del antiguo ministro de la cultura Jack Lang, de su director del libro Jean Gattegno y del patrón de las ediciones de Minuit Jérôme Lindon (autor de informe “El libro: un producto distinto a los demás) cuando ellos han peleado para instaurar una ley sobre el precio unico del libro con la finalidad de preservar la librería independiente. (Laurence Santantonios; Tant qu’il y aura des livres; Bartillat, pag. 129).

Si, precisamente, la asociación que a nivel del Estado aglutina las librerías, independientes la mayoría, de este país pone el grito en el cielo, con razón, alguien debería pensar que algo pasa.

Dicen que nunca es tarde y esperemos que así sea. Sino, una consecuencia, quizás lógica y esperada de este proceso es que se empiece a visualizar ya con claridad algo que late desde hace tiempo: ni todos los edityores son iguales, ni todos los libreros son iguales ni todos los distribuidores tampoco. Quizás el sentido de las alianzas y los puntos de relación se tengan que ir estableciendo de otra manera: los editores con los libreros y los fabricantes de productos en papel con los expendedores de los mismos.

Debería todo este follón servir de aviso de que sigue habiendo otros grupos editoriales, también de comunicación, que siguen haciendo en otros temas (venta con descuento encubierto) de su capa un sayo, en esta ocasión para viajar, aunque los libros que venden sigan sin figurar en el ISBN.

Enlaces relacionados

Carta Ediciones B a CEGAL

Carta ediciones B

Libros en los quioscos

La «cultura de la lentitud» se mueve mal en las prisas del supermercado

Precio fijo para que las librerías no desaparezcan

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.