Globalización, infantilización

Tal vez el peor aspecto de la globalización sea la infantilización del género humano. (Amos Oz; Contra el fanatismo; Siruela, pag. 24)

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El libro, sus soportes y los contenidos

En su reciente visita a Madrid Roger Chartier ha vuelto a poner encima encima de la mesa la discusión sobre los soportes y el libro en papel y libro electrónico.

Debemos reconocer que la propia práctica va marcando caminos. Así lo hemos recogido aquí recientemente en relación a la información de una materia específica como es la jurídica.

Ya hace algún tiempo (Cfr. El Mundo de la edición de libros, en concreto el capítulo de Alejandro Katz) se afirmaba que, para algunas funciones, en concreto como soporte de información, el libro no es el soporte más eficiente; pero, en ese juego entre soporte y contenido las lecturas no pueden ser unidimensionales. Así, por lo menos, se deberá tener en cuenta de qué contenido es soporte (información, entretenimiento, conocimiento….) y cuál es el soporte más adecuado, en función, también de las posibilidades de los lectores. Pensemos en la brecha digital.

Yo, personalmente, me muevo más y mejor en soporte electrónico para temas de información y algunos de conocimiento y todo lo que tenga que ver con la creación y el entretnimiento sigue pasando por el papel.

Alguna vez, Alfons Cornellá ha realizado también una reflexión en relación al tiempo que disponemos y el espacio en el que lo disponemos para ver las posibles diferencias y usos de soporte.

Paco Puche, en su obra Un librero en apuros afirmaba lo siguiente:

Vamos a reunir en tres categorías todos los tipos de libros:
– Libros de creación y recreativos
– Libros de información científica
– Libros de formación
Las previsiones sobre el cambio de soporte serían las siguientes: Los libros de creación y solaz parece que no se verán concernidos de modo relevante por las nuevas tecnologías.

Respecto a los libros de información y científicos (incluyendo revistas, memorias, tesis), teniendo en cuenta el coste real de producción, el tiempo de acceso a la información y el volumen y rapidez con que se producen, la situación sería la expuesta a continuación:
– Búsquedas bibliográficas: Sustitución por productos electrónicos
– Búsquedas de artículos, tesis…: Sustitución por productos electrónicos
– Búsqueda de datos: Desarrollo de productos electrónicos
– Diccionarios: Desarrollo de productos electrónicos
– Síntesis cientíticas y técnicas: Soporte papel asegurado.

Respecto a los libros educativos, el soporte papel de los actuales libros de texto y para escolares coexistirá con una combinación de los otros medios como radio, televisión, vídeo, ordenador, materiales escritos teletrasmitidos y teléfono, por lo que su papel actual hegemónico tenderá a bajar. (Francisco Puche; Un librero en apuros. Memorias de afanes y quebrantos; Genal; pag. 36-37)

Cualquier análisis a futuro debería tener en cuenta las siguientes variables planteadas, además desde la visión del Y (inclusivo) y no del O (excluyente):

– La incertidumbre de la evolución de las Tic
– La evolución del propio soporte papel
– Costos de los mismos
– Tipo de contenido
– Realidad económica del posible usuario
– Tiempo disponible para su uso
– Tiempo de vida de la información (variación posible de la misma)
– Tiempo de vida de la información siendo esta estática y buscando su perdurabilidad
– Pagos de dercehos y tipos de licencias de uso.

En relación al soporte, Paco nos propone también los siguientes “Puntos de Vista a tener en cuenta:
– Económico
– Ecológico
– Ergonómico
– Duración
– Estético
– Autonomía
– Funcional
– Capacidad
– Manejo
– Hipertexto
– Físico
– Sinestésico
– Sensual
– Ritual
– Simbólico
– Para llevar a una isla desierta

Algunas frases recogidas para pensar

’No veo qué hay de radical en publicar de nuevo libros que tienen entre 100 y 2.500 años de antigüedad. No hay nada nuevo en el contenido, sólo algo nuevo en el medio’ (Michael Hart, coordinador del proyectop Gutenberg).

¿Por qué no llamamos lector a quien lee en pantalla? ¿Por qué no contabilizamos como páginas leídas las descolgadas de Internet? ¿Por qué no hacemos que el espacio de la lectura sea eso, amplio y abierto, universal y libre, independientemente del soporte sobre el que se asiente? (Antonio Basanta; citado por Jordi Nadal).

‘Yo creo que lo que importa del libro es lo que el libro dice. El soporte puede desaparecer sin que necesariamente se acabe la literatura’ (Francisco Ayala).”

Adivina, adivinanza

El texto que viene a continuación ¿quién lo ha podido escribir? y ¿a qué país se refiere?. Prometemos contestar con la respuesta correcta a quien se anime a contestar.

En este país, escribir libros y publicarlos tiene siempre algo de ilusión, esa es la verdad. Todos nos quejamos de que no hay lectores, y los periódicos publican encuestas aterradoras que dicen que la gran mayoría de los …….. no alcanza a leer un libro al año, lo cual, si lo pensamos, es una tragedia nacional. Asimismo, por más artículos y entrevistas que se publiquen en los medios de comunicación cada vez que se publica un libro, lo cierto es que ese libro suele caer en el olvido muy poco después, un olvido que parece consolidarse con su prontísima desaparición de las librerías. Y no digamos aquellos libros que no consiguen la gracia de una nota, una crítica, una entrevista: ¿podrá su lector encontrarlos, distinguirlos en medio del maremágnum de las novedades y los libros de autoayuda, esa peste, habrá alguien que se lo recomiende a alguien? Si nos limitamos a la influencia de los medios, publicar se ha convertido en una especie de pasarela que emula los quince minutos de fama (¿o eran cinco?) de que hablaba Andy Warhol; ahora los libros comparten esa especie de hastío que provoca la lectura de noticias, esa rápida deglución que consiste en tragar su contenido sin digerir sus alcances. Y los escritores también intentamos equilibrismos torpes en esa cuerda floja mercantil:

“Duele ver que muchos de los mejores escritores de nuestra edad tiendan su voluntad creadora hacia la constitución de leyendas relampagueantes pero no de obras perdurables, hechas para ser humildemente compartidas y leídas por seres humanos y no por hazañosos críticos. Esos escritores nos duelen, es decir, nos dejan a pesar de todo una cierta humedad espiritual que alivia de la aridez de las tormentas de polvo, de las tolvaneras que levanta en el alto valle de nuestras letras el viento del afán oral. Esos vientos hablados que sepultan al lector y al interrogador. ¡Y nos quejamos de que hay pocos lectores, cuando más bien debería maravillarnos su silenciosa paciencia, su tolerancia, su respectuoso gesto con que compran libros para no leerlos! Porque a estas alturas, para muchos autores y pseudoautores, el de la lectura ya es más un asunto de creencia que de fe.”

Mercantilización de la existencia

En el capitalismo de producción la vida era un producto del trabajo, en el capitalismo de consumo un producto de la compra, pero en el capitalismo de ficción la vida es un juego mediático en el que somos nosotros el dueño del mando y su personaje. El capitalismo ha ido convirtiendo en mercancía todo cuanto encontraba. (Vicente Verdú; El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción; Anagrama, pag. 272)

La casona de Nueva

Por motivos de trabajo sólo nos hemos podido escapar cinco días de vacaciones junto (Ángela, Alex y yo).

La verdad es que Asturias nos tiene enamorados por la posibilidad de mar y montaña que ofrece en un espacio cercano.

De hecho, en los tres días enteros que hemos estado alojados en La Casona de Nueva hemos podido hacer mar en la Playa de San Antolín (sábado), pueblo con mercado en Cangas de Onís, otro poco de playa (el domingo) y la Ruta del Cares el lunes.

El hotel por la tranquilidad, la cercanía a una preciosa playa, el trato, el espacio para estar fuera con buen tiempo, la posibilidad de cenar, que nosotros siempre agradecemos, nos ha resultado muy grato.