Burgos en fin de semana

Este año las escapadas vacacionales van a salto de mata.

Las situaciones de trabajo nos impiden hacer planes a largo plazo. En esta ocasión la escapada de fin de semana a Burgos ha sido la tercera alternativa. Primero fue la posibilidad de aprovechar Sevilla a la sombra de la asamblea de la AEUE. Después vino un intento con Toledo, pero, la necesidad posterior de estar el lunes trabajando ha hecho que nos movamos más cerca para no perder garn parte del tiempo en movilidad de ida y vuelta.

Así que el viernes y gracias a la posibilidades de reserva por internet, en esta ocasión con hotelsearch, nos encontrábamos ya alojados en el Rice a un precio más que interesante en función de lo que oferec este cuatro estrellas.

A diez minutos de la parte antigua y con el tiempo justo para dejar las cosas, dar una primera vuelta e irnos a cenar a Casa Ojeda. Si vais recoger el Opúsculuo de amenas y sustanciosas reflexiones sobre el arte de bien manducar.

En esta ocasión, buenas sopas, bacalao, perdiz y su famosa tarta. Al final, como señala el opúsculo “El comensal ha llegado al final de su camino. Dentro de unos instantes cruzará los umbrales de esta casa, saldrá a la calle y dejará de ser comensal para convertirse en simple ser humano. Hace un rato, al entrar en Casa Ojeda, colgó sus cuitas en la puerta; ahora no las encontrará, porque el viento de Burgos se las habrá llevado”.

Paseo tranquilo de vuelya al hotel para aprovechar el sábado sin prisas, pero sin pausa.

Siempre nos fiamos de las Oficinas de Turismo que han ganado, en general, mucho en atención y profesionalidad. Aceptamos el recorrido que nos propusieron, teniendo en cuenta, además, que nos gusta sobremanera callejear.

Catedral, Iglesia de San Nicolás, Mirador del Castillo, el Castillo, las murallas, Iglesia de Sangil, de San Lorenzo, Casa del Cordón y Plaza Mayor han sido algunos de los hitos. Sin dejar de ver en el camino las dos librerías de Luz y Vida, una enfrente de la otra, o la de Hijos de Santiago Rodríguez que me defraudó en su desorden y descuido.

Al anochecer recorrido en el Tren de la Luz ya con los primeros copos de nieve y con el termómetro en el punto de ni frío-ni calor para después retirarnos a leer y dormitar.

Hoy a la mañana visita al Monasterio de las Huelgas y como en los mejores tiempos vuelta tranquila por la Nacional. Nada de autopista. Así hemos podido volver a parara después de pasados más de 35 años en el Monumento al Pastor en Pancorbo y acabar recalando al mediodía en el Restaurante Arrugaeta de Orokzo. Valor siempre seguro. Buenísimos los hongos que he tomado y los chipis a la plancha y encebollados.

Mañana será ya otro día.

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Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector. Centrado fundamentalmente en pymes, insticuiones y administraciones públicas.

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