El mundo del cómic y el tebeo

El cómic y el tebeo, según las cifras de comercio interior no se mueve mayoritariamente por las librerías, sino por otros canales de comercialización. Los Quioscos y la venta directa de los editores por distintos canales y fórmulas suponen el setenta por ciento de las ventas.

Se muevan por donde se muevan las ventas, quien quiera conocer y saber algo de este sector puede recurrir al maravilloso blog de “La cárcel de papel“. Imprescindible para hacer un seguimiento del sector y estar bien informado.

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Librerías especializadas

Encuentro en el número de esta semana (355) de Mujer hoy una amplia recomendación de librerías por temáticas, librerías especializadas. Tras un primer vistazo me salta la vena crítica pensando que faltan muchas. Después de una mirada más tranquila pienso que es la primera vez que encuentro en un suplemento de “amplio expectro” un listado tan cuidado de librerías de librerías especializadas.

Los que no estén en el mismo, quizás se enfaden, pero, en principio, es una buena publicidad para las librerías. Sobre todo si detrás hay atención y servicio.

A mí me ha servido para encontrar a mucha gente conocida, que me alegra, y descubrir algunas nuevas como Gran Sol o Anatma.

Aunque creo que la temática como elemento de especialización es una línea interesante de trabajo y futuro para las librerías, quedan, de hecho muchas temáticas sin abordar y con librerías trabajando en ellas como, por ejemplo: montaña, naútica, filatelia y numismática,  histoia, cómic…..  no debemos olvidar que hay otras posibilidades de especialización o de acercamiento al cliente que ya abordamos con anterioridad.

Sería interesante y tómese sólo como idea hacer otro extra de “librerías de cabecera cercanas”. Así se podrá ver que por lo menos en todas las provincias hay un librero cercano.

Con todo: bien por la iniciativa.

Vida y experiencia. Ernesto Sabato (La frase)

La experiencia la da la vida, no los argumentos. En el campo, en las aldeas del interior, el viejo no argumenta, él es testigo de la vida. Su testimonio es esa vida que uno ve en él, entre sus arrugas y su andar agachado. (Ernesto Sabato; España en los diarios de mi vejez; pag. 110)

La sobreabundancia que padecemos hace mucho. Andreu Moreno

Ya en el año 2000 Andreu Moreno escribía:

No sabes nada de economía, lector, pero no es algo preocupante. Tus beneficios y pérdidas, los que te preocupan, son otros. Por eso no es de extrañar que te sorprenda un dato que leíste hace pocos meses: en 1999 se editaron 461 ejemplares por persona. Asimílalo con calma… Si la mitad de la población no lee, tocamos a 922 libros al año cada uno, es decir, 2,526027397 libros al día. Si quitamos los prólogos, introducciones y solapas, que harías bien en saltarte, puede redondearse en dos libros y medio cada jornada. Eso es lo que nos toca, según cierta manera de verlo. Pero para que nadie se desanime, hay otras maneras de interpretarlo.  Veamos. La producción editorial en “España” (por llamarla de alguna manera) es, según ese dato, un volcán.

Los volcanes de la naturaleza son irracionales, pero los económicos no. Una erupción en tal terreno no “se explica” por el azar, no viene de una fuerza geológica incontrolable que tras cientos de años en reposo se desata de improviso en un orgasmo bello y liberador. Más bien, los que dan fuelle en la mayoría de las fraguas editoriales son fríos, tristes y usan desodorante. Lo suyo no es afanarse en talleres míticos de fuego y lava, como Vulcano martilleando sobre el yunque, sino decidir sobre mesas de metacrilato o roble el número de novedades que han de salir de las imprentas. Y en esa tarea no les importan los títulos, su calidad, su autenticidad; tan sólo han de llegar a un mínimo. Y ese mínimo, por cierto, ha de estar cubierto por “españoles”, resto de europeos, estadounidenses, más algún hispanoamericano y resto de colonias occidentales. Sigue siendo indignante el vacío que se les hace a África y Asia; entre sus materias primas no interesan, por lo visto, la literaria, la filosófica, la…

Estos humanoides, pues, vomitan de sus cráteres unos 17.000 millones de ejemplares al año en castellano, catalán, gallego y vasco (de mayor a menor). No acabas de creerte la cifra, pero son las cuentas que salen. Si al menos los millones de publicaciones que no se vendieran los enviaran a América, valdría la pena; pero no lo hacen por eso. (También la comida que sobra es lanzada al mar antes que repartirla entre los que se mueren; aunque este comentario sea demagógico, es cierto.)

¿Pero por qué? ¿Para qué tanto libro que se sabe que no va a ser vendido? Se supone que lo hacen así —cráneos privilegiados— para copar el mercado. Nada satisface más a un empresario que copar el mercado, aunque sea con distintos productos. Una estrategia más de ese juego de rol que es la economía. Es decir, si editan miles y miles de novedades con tiradas hinchadas, evitan que otros, los competidores, los enemigos, puedan colocar sus libros, novedades o no, en las mejores mesas de las librerías. Con la ayuda, perfectamente estimable, de los suplementos culturales y algunas revistas, que publican con puntualidad sus comentarios, elogiosos o no: lo que importa es que aparezca el título, el autor, la editorial… en lugares visibles de las planas. Los magnates del negro sobre blanco venden libros como otros patatas. Bastardos licenciados.

 Esta estrategia la pueden mantener pocos grupos empresariales, los cuales se soportan mutuamente. Lo que buscan y consiguen es que el editor con poco dinero apenas pueda tener presencia en ese mundo menos de palabras que de números. Y ese editor, o se conforma con las migajas o se extingue, aunque siempre puede vender su sello y su fondo editorial si llaman a su puerta los heraldos de la nada. Porque estos mariscales no hacen prisioneros.

Ya lo dijo también Pedro Salinas

Entusiasmo

Terminé ayer de leer el libro de Ernesto Sabato “España en los diarios de mi vejez“. Cuando empecé a recoger las citas de las notas que había ido tomando me llamó atención la coincidencia en relación al termino entusiasmo entre la cita de Sabato y una cita de Boff. La segunda dice así: Filológicamente, entusiasmo significa tener un dios dentro. (Leonardo Boff; La voz del arco iris, Trotta, pag. 80) y la de Sabato, un poco más amplia, es:  La vida debe ser sostenida y fecundada en la ilusión. Lo que importa no es la realidad estricta que “algo contenga”, sino aquella altura a la que apunta. Es gracias a ese imposible que nos elevamos por encima de todo lo posible. Es el entusiasmo que nos mantiene vivos. De paso me han dicho que entusiasmo quiere decir estar inspirados por los dioses. Algo que parecerá muy retrógrado a la feligresía del progreso. (Ernesto Sabato; España en los diarios de mi vejez; pag. 22).

Me gusta la doble idea de el entusiasmo como fuerza de vida y la referencia al dios dentro que permite, incluso, una lectura peculiar de la “humanidad cristiana” o del Dios hecho hombre con mayor anclaje humano y más cercano a los planteamientos de El Principio Esperanza de Ernst Bloch.

No sé por qué extraña unión de ideas me lleva esta reflexión, mientras tomo notas sobre la misma a la posibilidad de compartir ilusiones y vivencias y recojo tres que se han dado durante el día: la comida mantenida con dos personas; la referencia de una de ellas a su inicio de colaboración con la Fundación Vicente Ferrer y la recepción de dos libros distintos dedicados por su autor y autora: “Un hombre de pago” de Neus Arqués donde me encuentro en su dedicatoria la apalabra apoyar y el de Fernando Fantova “Tercer sector e intervención social” que habla de “algunas cosas que le importan”. Son palabras, entusiasmo, ilusión, compartir, apoyar, importar que hoy me suenan en la misma honda y me recuerdan lo leído hace poco a Sabato cuando dice que “Pienso en las palabras que ya no se escuchan, como espíritu, bondad, absoluto, infinito, alma. Esas palabras que en mi juventud al menos usábamos para denostarlas, para criticarlas, pero en todo eso le dábamos valor, sabíamos y sentíamos su peso, su gravedad” (Ernesto Sabato; España en los diarios de mi vejez; pag. 177)

El oligopolio de los buscadores

Todo era cuestión de tiempo y de esperar. Ya ha aparecido, detrás de la iniciativa europea de buscador, el interés de Bertelsmann por liderarla o tomar peso en la misma. Claro que ya con esto el juego América-Europa se ha roto. De Google decimos que es una empresa americana, pero desde el momento en que es una empresa cotizada será, en todo caso una empresa globalizada o localizada donde sus accionistas tengan más peso. Con Bertelsmann, en parte, pasa lo mismo. ¿Quién podrá más el brazo alemán o el americano?.

Los gobiernos y los estados dejan de pintar ya en este debate que se convierte, de nuevo, en una pelea entre los “gallitos” del sector. El posicionamiento de Bertelsmann puede ser motivo suficiente para que otros grupos de contenidos se sitúen en el otro lado del campo de juego.

 Ya tenemos todos los ingredientes para el partido.