Cambio de “papeles” en el sector: adaptarse a las nuevas realidades

Varias noticias e informaciones recibidas y/o leídas esta semana vuelven a traer sobre la mesa la necesidad por parte de las empresas del sector del libro y sobre todo de las pequeñas de estar al tanto de los movimientos y cambios que se están produciendo.

Leí hace ya unos días la noticia del cierre de la librería Viladrich de Tortosa y que ellos mismos achacan a: Los cambios en la venta de los libros de texto, las cooperativas y las grandes superficies son algunas de las causas de la decadencia del negocio; a esto hay que añadir la falta de relevo generacional. “Sabe mal porque cuando cierra una librería se pierde un pedazo de la cultura de un pueblo”, dice López Viladrich.

Los modos de gestión y presencia de la información siguen también cambiando y evolucionando. Así el último premio de la Fundación DMR ha sido concedido al ensayo  ’El templo del saber: hacia la biblioteca digital universal’ de José Luis González y Karim Gherab donde parece afirmarse que: El ensayo El templo del saber analiza el nuevo paradigma digital en la organización y difusión del conocimiento. “La biblioteca universal que saldrá de esa revolución”, apunta González Quirós, “será una parte de la Red, que estará protegida por sus propias leyes, que tendrá una reglas y una organización”, pues será la propia comunidad científica la que, autónomamente, determine quiénes pasan y quiénes no, en función de la calidad de sus propuestas. “En ella convivirán miles de libreros expertos”.

Pero no cambia sólo la mediación ni los lugares dónde se editan algunos contenidos o estos tienen especial predominancia, ya era sabido hace tiempo el papel predominante de internet y de los formatos digitales para la propagación y construcción de los contenidos científicos, sino que, también, empieza a parecer una reflexión más en profundidad sobre la construcción del texto y el discurso que, aunque la he visto aplicada al medio periodístico, creo que tiene, también, su posible reflejo en el libro. De hecho y ya aceptada la sobreproducción de información que en el mundo de el libro se acepta ya incluso en el soporte papel, el peso se sitúa en la selección y así se afirma que: “Producir la información cuenta muy poco”, afirman Fogel y Patiño. “Está disponible por doquier. Sin embargo, dominar su búsqueda y su transferencia se vuelven actividades esenciales. Cualquier medio que se instale en línea se sujeta a esa jerarquía en un nuevo juego en el cual los hombres rivalizan con los sistemas” y en cómo el texto puede ir perdiendo su papel predominante en la construcción del discurso.

Estos fenómenos y muchos más nos van señalando un horizonte distinto y nos plantea, por ejemplo, la pregunta de cuál puede debe ser la presencia y actitud del librero en la era de internet.

Paco Puche se atrevió ya, hace tiempo, a adelantar una respuesta

 Se me ocurren unas cuantas funciones del librero del futuro que van a permitir hacer frente con dignidad y perdurabilidad a ese tercer azote (Internet):

La función informadora. Se trata de tener todas las bases de datos necesarias, o su acceso on-line

La función recomendadora. Se trata de trasmitir el saber conspicuo y creíble sobre los contenidos de los libros, que se aprende con el amor y la experiencia.

La función de encuentro. La librería palpable será siempre un lugar de reunión de gentes y de cruce esporádico de personas.

La función cultural. Se trata de tener una postura activa en la difusión de la cultura y el pensamiento

La función civilizatoria. En los tiempos que corren hay que fomentar los valores de no violencia, solidaridad, sabiduría y frugalidad

La función de resistencia. Los huecos están ahí, pero es necesario ocuparlos

La función endógena. La empresa cultural librera debe incardinarse en su medio social

La función de etnodiversidad. Hay que fomentar las lenguas y culturas locales y mantener libros de fondo

La función de servicio polivalente. La librería palpable tiene en su mano proporcionar todos los servicios, incluidos los virtuales.

La función corporal. Propiciamos el poder tocarnos, en estos tiempos de virtualidad y rechazo

La función laboral. Tenemos los medios para dignificar el trabajo

La función empresarial. Podemos representar polos de fomento en la escala humana

La función poética. Podemos seguir repartiendo sueños.

(Francisco Puche; Un librero en apuros. Memorias de afanes y quebrantos; Genal; pag. 102-103)

¡Feliz vuelta al día a día después de Reyes!

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Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector. Centrado fundamentalmente en pymes, insticuiones y administraciones públicas.

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