Los libreros, lo pequeño y lo diverso. Andreu Moreno

Una forma de  luchar contra la novedad y no olvidar puede ser recuperar textos y reflexiones de un cierto calado. Por motivos que no vienen ahora al caso nos llegó esta reflexión de Andreu Moreno que mantiene toda su actualidad. La mantiene, incluso, más allá del famoso 25 por ciento de descuento.

La pequeñez lo tiene difícil, lo sutil se desmenuza y tiende a desaparecer. El encanto es sustituido por lo práctico y lo noble por lo canalla. Ahora les toca a los libreros: desde este septiembre las grandes superficies pueden aplicar el veinticinco por ciento de descuento en los libros de texto. Los libreros también pueden, claro, pero dejan de ganar, o sea, “no pueden”, y no son pocas las librerías, según ha informado el gremio, que en septiembre recaudan buena parte de lo que ganan al año, porque hay tipos (muchos) que sólo pisan una librería en ese mes, para llevarse, a regañadientes, los carísimos libros de texto de sus hijos. Que se jodan. Una entrada para el fútbol cuesta más que un libro.

Con esa medida “liberalizadora”, las pequeñas librerías están condenadas. Si nadie ha ido a una, que se apresure. En las librerías hay el librero, que sabe lo que vende y es capaz de mantener un diálogo adecuado con el cliente, pero en los hipermercados hay jovencitos asqueados por el sueldo y el horario que no han mirado de los libros más que el lomo. Pero, no te engañes, es lo que la sociedad quiere y permite, una sociedad que se quita preocupaciones de un plumazo, con creencias del tipo: “Sólo los grandes sobrevivirán”, gran aforismo, y va contenta en coche y en familia a cargar al híper, en un acto de libertad infinita.

Y, precisamente, lo que está en juego es la libertad: a los supermercados sólo les interesan los libros que venden bien, y los libros de texto son un chollo: miles y miles de padres cada año ante los estantes del curso de su hijo, lista de asignaturas en mano. Para las embrutecidas mentes de los amos del cotarro, un libro interesa si lo van a colocar pronto. De los otros prefieren no saber nada: ocupan demasiado espacio. La consecuencia es que en las librerías hay libros, de todo tipo, que no se encuentran en las macrotiendas, donde sólo falta que vendan armas (pero todo se andará).

 El de los libreros era un sector que había que proteger: por sanidad social, por libertad: necesitamos librerías, necesitamos libros. De nuevo los poderosos no han hecho lo que debían. A ver si mañana un grupo de empresarios se une para aplicar un veinticinco por ciento de descuento en los pisos. 

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Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector. Centrado fundamentalmente en pymes, insticuiones y administraciones públicas.

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