Salvemos las librerías

Las Ferias quizás tienen una función que cumplir que es la de introducir, durante unos días por lo menos, el libro y su mundo en algunas de las conversaciones cotidianas tanto de lectores como de no lectores.

En estas épocas de tanto estímulo y de necesidad de buscar medios para fijar la atención puede que sean las principales campañas de atención e imagen del sector.

Manolo Rodríguez Rivero ha escrito en el ABC un artículo que lleva como título el mismo que este post. Mejor al revés: yo le he copiado el título a M.R.R. en el mismo e indicando el peligro de lo ocurrido en Francia, justo ayer hablábamos de esto, solicita, entre otras cosas al Ministerio un apoyo eficaz a las librerías independientes y termina con la siguiente reflexión:  Con cada librería que desaparece -y en nuestro país lo hacen muchas cada año- se pone en peligro la necesaria diversidad de un mercado de ideas en el que lo que más se vende no tiene por qué ser lo mejor en términos de calidad. El auténtico librero, a diferencia del que vende libros como un producto más de una extensa gama o, incluso, como gancho para atraer al cliente hacia mercancías más rentables, lo suele tener presente. Por eso en sus mesas de novedades -o, al menos, en sus estanterías- todavía queda espacio para esos otros libros que los hipermercados ignoran en beneficio casi exclusivo de los superventas. Proteger la librería no es una cuestión de nostalgia, sino de pura y simple salud cultural. Y democrática.

Preguntados los editores, y esto ya es cosecha propia, independientes o que se consideran independientes sobre los puntos de venta donde piensa que se trata con un cuidado especial su fondo editorial éstos son los puntos de venta agraciados con nombramiento.

Algunas primeras conclusiones:

1. No todos los que aparecen corresponden a la categoría que habitualmente denominamos como «librería independiente». De hecho es claro que ni todos los que lo dicen lo son, ni el decirlo supone realizar una labor de librero independiente.

2. Muchas provincias son más las que no aparecen que las que sí parece que se encuentran ya en una situación de «vacío» librero, por lo menos desde el punto de vista de los editores y, en algunos casos, no existe el peligro tan directo de la gran superficie.

3. Una lectura maligna: ¿será que en el fondo a los editores independientes no les interesan las librerías independientes?

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