Siempre hay algún libro que dé respuesta a nuestra necesidad más íntima

‘Para nosotros, lo sagrado de un libro eran las palabras, pero el papel, la tela, el cartón, el pegamento, el hilo y la tinta que las contenían no eran más que un recipiente, y no era ningún sacrilegio tratarlos con toda la licencia que dictan el deseo y el pragmatismo. El mal uso de un libro no era una señal de falta de respeto, sino de intimidad’ (Anne Fadiman. Ex Libris. Confesiones de una lectora)

Hoy al llegar a casa de mi madre, muchos sábados, seguimos comiendo las ya tres generaciones juntas, me encuentro esta imagen que me produce la ilusión de lo cotidiano, de algo que siempre nos ha acompañado y lo sigue haciendo.

En unos días podrán volver a sus estanterías.

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