¿Editar por amor al arte?

Deia nos regaló ayer un canto bucólico del trabajo de cuatro pequeñas y jóvenes editoriales y entre pan y pan quiso ver si colocaba la superación de la contradicción entre producción y edición.

Veamos algunas de las matizables afirmaciones que como agenda oculta se muestran en el texto.

1. La edición pequeña es la buena es la que se hace con amor. La grande a saber lo que será. Quizás la edición pequeña puede suponer que los lectores no están dispuestos a pagar por la oferta que el editor hace. Quizás suponga que el editor no tiene dinero para invertir más. Quizás suponga, también, que es una apuesta personal que se quiere mantener con cierto carácter artesano, pero dudo que detrás de eso haya amor al arte. Si así fuera el resultado sería la obra única.

2. Las nuevas editoriales vascas. En el mundo de la cultura ¿dónde está novedad? ¿En los años o en la propuesta que se hace? y ¿quién es vasco o por qué se es vasco editorialmente hablando? ¿por dónde se nace o por dónde se pace o por lo que se difunde?

3. Los distribuidores les ‘llevan’ el 50%. Falso, falso. El distribuidor le lleva x y el librero le lleva y. Como a todo aquel que desea escoger ese camino de comercialización que no es obligatorio.

4. En los últimos 6 años en el País Vasco han nacido según datos del ISBN 91 nuevas editoriales privadas y 944 nuevos agentes editoriales, casi nace uno por día laborable. ¿Conocen algún sector que genere tanto “amor al arte”?

5. Producir un libro cuesta poco, muy poco en comparación a los gastos que supone el comercializarlo y venderlo.

6. Las cuatro editoriales reseñadas han producido en toda su existencia según datos del ISBN 88 libros y una de ellas no es que sea precisamente joven ya que tiene 12 años de existencia. En ese mismo período, sólo en Euskadi se han editado unos 21.000 títulos.

¿Habrá edición por amor en alguno de los 20.912 títulos no recogidos en el reportaje?

 

8 comentarios en “¿Editar por amor al arte?

  1. Alejandro Oviedo

    Txetxu, algunos apuntes que he incluido en escritoresvascos pero que te hago llegar:
    1- Se presupone que la edición pequeña (y sólo la pequeña) es la que se hace con amor, porque uno ama los libros o porque uno quiere ver publicado en ella lo que no vería de otra forma. (En el reportaja aparecen cuatro editoriales, tres de Bilbao —A Fortiori, Muelle de Uribitarte y Belleza Infinita— y una de Vitoria —Arte Activo, que por cierto va a publicar a Seve Calleja y Mikel Jáuregui—). Quizás la cercanía de los pequeños proyectos haga que uno se vuelque mucho más en ellos, que intente mimar de alguna manera al escritor o a los textos. Pero, seamos serios, a cualquiera de nosotros le hubiera gustado dar con el filón económico de Ken Follet. Porque una editorial busca en la mayor parte de los casos un rendimiento económico. Al menos yo no conozco ningún proyecto meramente altruista.
    2- Las editoriales en Euskadi siempre estarán supeditadas a la distribución (que sí, que se lleva entre libreros y distribuidores el 50% del valor del libro). La búsqueda de otros sistemas distribuitivos no ha dado aún los réditos necesarios. No sé si se han encontrado. Pero me extaña que lo hayan hecho y que todos los nuevos proyectos vuelvan a caer en el error de libro en depósito. Y está por ver si desde el País Vasco podemos competir con otros grupos editoriales o con plazas de mayor peso editorial como Madrid o Barcelona. Por no hablar de la cuestión idiomática, que se nutre de gran parte (¿todas?) de las ayudas institucionales.
    3- Dices que en los últimos seis años ha nacido 91 proyectos editoriales privados en Euskadi. Una cifra que se me antoja enorme dada la repercusión que han tenido, pero que me la creo. También parecen haberse apuntado 944 nuevos agentes editoriales. Y de estos sí que yo no he visto ninguno.
    4- A todo esto. ¿21.000 títulos publicados en Euskadi en los últimos doce años? ¿Cuántos de estos títulos han llegado verdaderamente al mercado? ¿Pero realmente hay tantos escritores y lectores en este país?
    Y un abrazo.

  2. Alex. De acuerdo básicamente con lo que planteas, pero jugando con la ironía se podría decir que de los 21.000 títulos, basta tirar de consulta de ISBN publicados y que no han llegado al mercado su finalidad habrá sido exclusivamente la del ‘amor al arte’ y no la búsqueda del beneficio.
    La búsqueda de los agentes editoriales, entendido como agente todo aquel que se da de alta, en el caso de los 94 como editorial privada y en el resto como institución, asociación o autor-editor, por haber publicado un libro o varios es fruto de los datos que aporta el ISBN.
    Quizás haya que ahondar en la búsqueda de otros sistemas distributivos o de otro reparto de los márgenes o de otras formas de comercialización. Ninguna fórmula es obligatoria. Lo que no vale, que es lo que a menudo suele ser habitual entre algunos editores es echar las culpas ‘al tercero’ de la no venta.
    Habría mucho para seguir hablando y escribiendo….

  3. Lo más interesante de lo leído y de lo reflexionado creo que es el hecho de que, ya sí, hay mucha gente que se para a pensar sobre el hecho editorial, sobre el concepto de editorial y sobre los complejos mecanismos que instan a los unos a querer publicar (ya no es suficiente con escribir; todos quieren/queremos, además, publicar) y a los otros a querer entrar en el negocio de la publicación. Esto es, me parece bueno para el arte de la escritura que nos paremos a reflexionar sobre los entresijos del laberíntico recorrido del libro desde la imprenta hasta la librería, en el mejor de los casos, o hasta las puertas de la misma en la mayoría.
    Creo que la reflexión es acertada, necesaria y oportuna.
    Creo que habría que hacer menos y pensar más. Creo que habría que participar en foros (como éste que nos ocupa) donde se hable y reflexione sobre lo literario, sin caer en las sempiternas monsergas autocomplacientes o en los vacuos lloriqueos sobre lo mal que está el mercado.
    Que cada uno haga de su capa un sayo. Que cada cual escriba y escriba y escriba y escriba y escriba y escriba, y, en este aprendizaje, que crezca. Que el mercado siga su marcha (y que nosotros lo observemos y reflexionemos sobre él) pero sin que eso condicione el sublime acto de escribir.
    ¿Que nacen muchas nuevas editoriales y que las pequeñas actúan como las grandes? Que lo hagan. Mejor eso que no que no exista dónde publicar o que solo se pueda publicar en manos de los grandes imperios. ¿Que florecen agentes a diestro y siniestro? ¡Mejor! Más vivo estará el panorama. ¿Que los distribuidores no dan salida a cuanto se publica y en las librerías no se vende lo que sale de la imprenta? Así generaremos nuevos cauces de divulgación.
    Pero que no paren los teclados. Que no se cierren las libretas ni los folios cojan humedad. Que no se detengan, por favor, los pulsos mágicos que convierten, extraña y casi mágicamente, las ideas en grafías.
    Mikel Alvira

  4. Mikel.
    Me alegra verte por aquí. Estoy básicamente de acuerdo, pero en este caso diríamos que la escritura es el arte. Mejor, algunas escrituras y escritos pueden llegar a ser arte como obra úica en el momento de su inicial producción.
    Desde ese hecho a su forma de divulgación, producción, venta hay luego todo un salto donde, desde luego no es el ‘amor’ por lo poco que yo conozco la palabra que mejor lo defina.
    Pero sigamos pensando y contrastando con otros mientras, al mismo tiempo, algunos crean.

  5. Mikel Alvira

    ¡Por supuesto!
    Totalmente de acuerdo. Lo que, a lo sumo, puede acercarse al arte como el concepto casi metafísico y clásico de producción no tiene, hoy en día, en absoluto, nada que ver con lo que supone la mercadotecnia entorno al libro, las ofertas, los “precio único”, los imperios editoriales, el carro al que quieren subirse las editoriales pequeñas, los escaparatistas de las cadenas de librerías y los chollos de los distribuidores (por citar sólo algunos de los lados del enorme poliedro llamada “Mundo editorial”).
    Sin embargo, aunque sea fundamental analizar este “Mundo editorial” y sus entresijos, sigo pensando que el sublime acto de escribir (crear, tejer, componer, idear, trascender, rebuscar, crecer personajes o ideas, hilar estructuras, reconvertir palabras…) debe estar por encima del negro panorama. Al menos, debería estarlo en aquellos que creemos en la Literatura como un arte (aunque nuestras obras no lo sean, ojo; no me arrogo ningún mérito).

  6. Quizás en ese juego dialéctico entre arte, con su carga de creación individual y divulgación cultural a través de un soporte es donde casi todos nos hemos acabado ‘haciendo trampa’.
    Los creadores escritores dando casi por supuesto que cualquier cosa escrita tiene categoría de bondad y debe ser conocida, divulgada y pagada.
    Los editores-industriales convirtiendo el vehículo de divulgación libro en un elemento totémico que lo sitúa, independientemente de su contenido por encima del bien y del mal.

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