Oasis de introspección

Mediodía. Contemplo la ría y el Casco Viejo con un poquito de tiempo por delante.

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Escribo: “el llegar con tiempo crea un ‘pequeño oasis de introspección’. Si sólo me programo para el “hacer” no me queda tiempo para pensar y vivir lo hecho. La experiencia que es lo que genera vida sólo puede nacer de la dialéctica.

Es un rato de parón fício en el que va pasando la película de la mañana que se ha ido con una ‘excursión’ por Artzentales y con una charla inesperada y riquísima donde constatas cómo los más ‘viejos’ del lugar ya tenían tejidas sus redes sociales sin 2.0 y que mantienen y alimentan día a día con una actitud conversacional permanente.

Así que para cuando tú llegas ya saben de dónde vienes y a dónde vas.

Estoy esperando para una comida en la que la conversación sigue fluyendo. Constatamos la pérdida de alguna generación de personajes claves, la dificultad, a menudo, de los creadores de trabajar coordinados. Lo difícil que ponen las instituciones, a veces, la visualización de algunas experiencias culturales o de historias relevantes.

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La tarde sigue fluyendo. Llega la noche y nos enredamos entre salchicha y salchicha con la madurez que pudimos alcanzar con nuestra pertenencia o militancia en distintas organizaciones. Se habla con ilusión de lo vivido en edades jóvenes que ya se fue pero que está presente porque nos permite nuestro hoy.

Ya en la cama van pasando las caras y los recuerdos de quienes han estado presentes a lo largo del día. De todos y todas sólo a dos conocía hasta la fecha de hoy. El resto han sido caras nuevas que cuentan ya con un rinconcito en mi existencia.

Librerías. Se buscan

La respuesta de las librerías independientes pasa por modelos de trabajo compartido entre ellas.

Lo dijo el domingo Gerardo Nahm en El País.

Acabamos de entregar la semana pasada un trabajo también por encargo de la administración en Galicia y coordinado con la Federación de Libreiros Galega y es una de las conclusiones claras.

Los Quebequeses, los libreros también lo tienen claro y llevan ya acciones prácticas.

Desde Cegal con la apuesta por Cegal en red también se están dando pasos.

Lo que ocurre, por lo menos en Galicia y Cataluña es que en las Comunidades bilingües, las librerías son las principales mantenedoras de la lengua menos comercial y con menor nivel de rotación, el catalán y el gallego. Probablemente en Euskadi pasará algo parecido, aunque la situación global del sector es distinta. También hay importantes diferencias entre Galicia y Cataluña, pero siempre hay camino, si se tiene interés y voluntad para encontrar y plantear fórmulas de trabajo que puedan ser a medio y largo plazo beneficiosas para todos.

Sólo un comentario final: sin transparencia en la información nada será posible.

Esperemos que los libreros catalanes se encuentren y encuentren también modelos de trabajo compartidos.

Esperemos también que los ‘visionarios’ del Plan Vasco de la Cultura vean también su posible interés para Euskadi.