Para qué leer tanto

Se cumplirán las premoniciones de Vicente Verdú. Si así fuera nos podríamos preguntar:

Para qué tantas encuestas de hábitos de lectura.

Para qué los PISAcomparativos.

Para qué los nuevos soportes de lectura.

Para qué las bibliotecas escolares.

Para qué los incrementos de gastos en bibliotecas cuando los préstamos de libros no aumentan y sí lo hacen los de audiovisual.

Para qué hablar de bibliotecas. ¿No será mejor hablar de mediatecas?

Y ustedes ¿para qué leen esto?

4 comentarios en “Para qué leer tanto

  1. Txetxu, te respondo con otra pregunta ¿se lee menos o se leen menos libros?
    Yo creo que cada vez esto de la lectura se parece más a una religión o al sexo: solo lo practicas si consigues placer o sosiego.
    Como dice Verdú el libro provoca el placer si consigues imaginar escenarios, personajes,… cosa que el audiovisual normalmente te lo da hecho.
    Finalmente, te respondo, leo esto para escribirte este comentario. 😉

  2. Josu: creo que ne el fondo hay una reflexión o una pregunta sobre los tiempos, los ritmos, los momentos de reflexión, disfrute y asimilación más allá del soporte.

  3. Tal vez el punto pase por asumir que el libro va camino a convertirse en el último gran fetichismo…
    Los especialistas coinciden en que las raíces del hábito de la lectura se encuentran en los entresueños remotos de la infancia. “Si se lee de chicos se leerá de grandes”, dice este conocido lugar común. “Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro”, dice otro, que lo complementa y proyecta. Para algunos, la lectura es el modo de poner en contacto el pensamiento ilustrado, aristocrático, de los grandes autores, con la masa que los ignora. Para otros, como Proust, la lectura es el acto de “recibir comunicación de otro pensamiento” pero continuando absoluta e inevitablemente solos. Bueno, tal vez habría que partir de aquí para poner en cuestión la costumbre de escribir libros, que tal vez se ha convertido en el último fetiche del consumismo contemporáneo. Un furor que me parece vale la pena indagar sin contemplaciones.

  4. Alejandro: un gusto verte por aquí. Quizás el fetichismo del consumismo esté no en el hecho de la escritura, sino en la acción de querer escribir algo que pueda ser comprado y hacernos pensar que cualquiera puede escribir para vender y lo que es peor que casi se llege a pensar que todo lo escribible como es producible es vendible.

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