Ampliando el ámbito de libertades

No se asusten. No estamos hablando de política, aunque indirectamente, sí, sino de libros.

Cuando leo titulares de este pelo me pongo a temblar: “Cualquier libro que se publique amplía el ámbito de la libertad“. Cuando se cruzan, al fin y al cabo, productos, aunque sean culturales de consumo, con valores, esperemos que la libertad lo sea me suena a gato encerrado. Se redondea esta afirmación diciendo que se ‘edita lo que el mercardo exige’, aunque a algunos les parece que esto es genera una hiperinflación sin decir ni “mú” del porcentaje de devolución que llevara aparejada en muchas ocasiones la destrucción que quizás como los excedentes alimentarios también el mercado exija.

Cuando parece que para ampliar el ámbito de la libertad todo es igual, todo vale, el cuaderno de sudokus, la folclórica en zapatillas,  o “La extraña” de Marai por poner un ejemplo de tres libros no tengo claro que todo tenga el mismo peso. Cuando al mismo tiempo los soportes digitales sólo parecen ser vistos desde sus consecuencias económicas nos situamos claramente lejos de la lectura como nuevo paradigma y más cerca de la visión de ‘mucho para vender sea lo que sea aunque no se lea’.

Siempre queda la esperanza de pensar que el periodista no haya acabado de entender bien lo que se quería decir, pero…..

De la adaptación tecnológica del sector ya hice ayer una breve pincelada así que no voy a insistir.

Me quedo con algunas otras visiones para reflexionar sobre este tema de la libertad que me deja preocupado.

·         En un tiempo en el que todavía eran frecuentes las utopías, Ortega y Gasset imaginó una absolutamente irrealizable: “dificultar la emisión de libros inútiles o necios y fomentar la de determinadas obras cuya ausencia daña”. (Juan Domingo Argüelles; Ustedes que leen; pag. 180)

·         Puesto que la mortífera proliferación del papel impreso amenaza con despojar de sentido y finalidad a la función del editor, considero que lo único que puyede restablecer esta función es algo que, yendo contra la moda, no dudo en llamar “moralidad”: existen libros necesarios, existen publicaciones necesarias. (Carlo Feltrinelli; Senior Service; Tusquets; pag. 262)

·         No se trataba de literatura de pacotilla, sino de otra cosa; la literatura de pacotilla siempre había existido, pero asumía su condición con sinceridad y no pretendía velar el verdadero rostro de la literatura. Sin embargo, esa paraliteratura que emergía como una inundación espiritual lo cubría todo, incluso las secciones de crítica de los periódicos y revistas. (Sándor Márai; ¡Tierra, tierra!; pag. 289-290)

·         -¿Qué constituye una dificultad para una persona que hoy en día desee saber del mundo, conocerlo y comprenderlo a través de la lectura?  – El exceso. Un océano de libros, revistas, cintas, páginas web, y todo, todo lleno de teorías, nombres, datos…El exceso” (Kapuscinski; en Jorge Herralde; El observatorio Editorial; Adriana Hidalgo; pag. 132)

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