Libro ¿quién dijo crisis? Los realistas informados

Parece que se va demostrando que el sector del libro es en sus dinámicas económicas como todos: reales. Es decir: afectado de una u otra manera por la situación global que se vive.

Tenía miedo a que el sector fuera parecido al señor Ibarretxe y pensara también que él solito pudiera arreglar todo cuando, además, vive de manera relacional en función del idioma, sus posibilidades de crecimiento y/o estrechez.

Hoy ya vemos en un artículo del ABC posturas claras de reconocimiento de la situación de crisis que no dejan de ser una oportunidad para mejorar.

Algunos datos de lo que viene:

– Aumentan las devoluciones y disminuyen los pedidos. Análisis a realizar: ¿Se puede mejorar la rotación y el volumen necesario de existencias para realizar una determinada cifra de negocio? ¿Ayudará a mejorar la logística para ofrecer un servicio más ajustado en el tiempo? ¿Se podrá mejorar la información al punto de venta sobre existencia y disponibilidad en real de un título?

– Reducción de novedades y de tiradas. ¿Volverá el sector a reflexionar sobre lo prescindible en edición o se seguirá sin poner el cascabel al gato? ¿Se plantearán nuevos formatos y modelos de edición? No olvidemos que lo digital permite mantener el fondo vivido para siempre y, si se desea seguir comercializándolo.

– Despilfarros en la producción. Los sectores austeros es probable que lleven mejor la crisis por estar acostumbrados al ajuste continuo. Esto se notará con claridad en editoriales sobre todo  de tamaño medio pequeño al igual que en librerías.

– Se pueden hacer libros más baratos y de calidad. Quizás se pueda aprovechar también para mejorar los procesos de la cadena de valor que traerá consigo un plus de ahorro en el precio o unos mejores márgenes por mejor explotación. Ojalá el proceso ayude a que queden los eficaces, eficientes y cualificados en su oferta de contenidos.

– La situación no va a ser la misma para todos. La crisis no se va a vivir igual y habrá nichos bien por temática o servicio que se verán menos afectados. probablemente el sector lector más pegado al ocio y a la venta de impulso la sufra más que quien o bien se ha preocupado de crear catálogo con sentido o de atender de manera continua a sus clientes.

Quizás merezca ya también la pena preguntarse si la crisis no es de sentido o por lo menos algo de ello también tiene:

Parece evidente que el malestar y la crisis de sentido de la cultura actual se basan en la extrema preeminencia de otros componentes del proceso social: la conversión de los bienes culturales en mercancías y las perversiones consumistas del Estado del bienestar. Ambas realidades han atenuado el papel precursor de la cultura, quitándole relevancia social y contribuyendo a la situación de crisis de sentido que hoy manifiesta. (Ferrán Mascarell; La cultura en la era de la incertidumbre; pag. 62)

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