Carta de un editor de libros. Agustín Sánchez Antequera

CONCLUSIONES sobre el MUNDO EDITORIAL tras un año con LEGADOS.

(No siempre ocurre así, ADVIERTO, pero es la regla general).

– Los libreros no cogen nuestros libros, prefieren los que se venden como churros. No hablo sólo de las grandes superficies comerciales, sino de pequeños libreros que van con la bandera de “alternativos” por la vida.
– Las distribuidoras no distribuyen lo que no es comercial. Muchas veces las propias editoriales distribuyen por su cuenta, porque no se fían, aun cuando tengan una distribuidora a su servicio. No hay más que ver los catálogos de un distribuidor: Códigos da Vinci, Los caballeros del Santo Grial, literatura erótica y libros fantásticos para adolescentes.
– Los medios de comunicación no promocionan más que lo que les reporta beneficios a sus propias empresas de comunicación. Sólo en los blogs y revistas virtuales se puede tener cierto eco.
– Algunos periodistas nos piden dinero a cambio de una reseña. Eso se llama publicidad, no periodismo. A un periodista debe pagarle su medio, igual que a nosotros nos deben pagar los lectores.
– Los medios sobreviven gracias a la publicidad. Es otro tipo de AUTOEDICIÓN (para los críticos con la edición de autor, habría que mencionar la cantidad de dinero que les da a los grandes periódicos los anuncios de prostitución que ayudan a sostener a las mafias que luego critican).
– Algunos jefes de redacción revenden los libros no reseñados en sus medios (al menos 100 títulos a la semana) a libreros y así se sacan un dinero extra (300-400 euros a la semana). No lo hacen ellos directamente, son tan cobardes que mandan al portero o vigilante de la empresa.
– Los críticos tampoco se interesan más que por aquello que publican sus amigos literarios. Incluso tienen muchos problemas para publicar sus reseñas cuando son demasiado “alternativas”.
– El público prefiere gastarse 20 euros en libros comerciales antes que 8-12 euros en un libro de un autor que está empezando. Y contra eso pocos argumentos se pueden ofrecer cuando una editorial pretende sobrevivir gracias a sus ventas (sin más ingresos que los de sus lectores, sin subvenciones ni autoedición).

NO ES SIEMPRE ASÍ: hay buenos lectores, libreros, periodistas, críticos, blogueros y distribuidores que están interesados en la buena literatura y con ellos colaboramos. Pero por desgracia, son una minoría.

Esto es un SUPERMERCADO, tiene poco que ver con la cultura. Eso sí, a todos estos gremios se les llena la boca al declararse los grandes defensores de la “cultura”.

Contra esta manipulación, sólo quedan las redes sociales alternativas, especialmente Internet. Aunque ya hay intentos de control por parte de los estamentos oficiales.

Con estas circunstancias, es cada día más complicado resistir. Pero seguiremos intentándolo.

3 comentarios en “Carta de un editor de libros. Agustín Sánchez Antequera

  1. José A.

    Absolutamente de acuerdo con todo. No cambiaría ni una coma.
    Quizá señalar que no se puede obligar al lector a leer lo que uno edita si prefiere quedarse con lo comercial, pero, de todas formas, los puntos anteriores -muy bien señalados por Agustín Sánchez Antequera- impiden que sea de otro modo.
    Es cierto, a todos se les llena de la boca con elogios a los “pequeños editores” que arriesgan con sus títulos, long-tail, pero los “críticos” adosados a su medio de comunicación de turno, los distribuidores, que cada vez se mueven menos y esperan un Harry Potter que les quite tener que distribuir otra cosa, los libreros -no hay más que ver sus escaparates…-, casi todos -debe haber excepciones- predican muy poco con el ejemplo.
    También podría citar las librerías de viejo -al menos en Madrid- que se abastecen de lo que los redactores y responsables de prensa les revenden.
    Bendita digitalización que acabe con tanto interés y parasitismo.
    Ánimo Agustín, si te ves con fuerza para ello…

  2. Gracias por descubrirme de donde salen esas novedades a un 20% que se venden en la cuesta de Moyano de Madrid o en el mercado de Sant Antoni de Barcelona, me imaginaba algo así, pero no es lo mismo imaginarlo que te lo cuenten de primera mano, por Zaragoza esas cosas no ocurren, será que somos demasiado provincianos y aún tenemos tres librerías decentes(Cálamo, Antígona y Portadores de Sueños).

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