Los abrazos

Me he conmovido hoy a la mañana con el artículo de Maruja Torres en el Semanal de El País que lleva por título Los abrazos no dados.

La primera frase del mismo ‘Muere alguien cercano –y, créanme, estoy en una edad en que ello sucede a menudo-, y me pregunto si le abracé lo suficiente’ me vuelve a traer a la cabeza algo que hablaba la semana pasada con una persona sobre la actitud que mantenemos con nuestros cercanos o nuestras personas  queridas a lo largo de la vida y que llegada la hora de la muerte sólo tiene la vuelta atrás del recuerdo y la sensación, a veces, de lo no hecho en su momento que en muchas ocasiones son abrazos no dados y afectos no mostrados.

Mankell nos recuerda también la fuerza del abrazo aquel abrazo supuso para él la confirmación de que estaban alcanzando una relación tan íntima que no sería necesario comunicarse mediante la palabra en todas las ocasiones. (Henning Mankell; La leona blanca; Tusquets, pag. 357).

Quizás uno de los problemas o coartadas que nos buscamos es que los afectos necesitan tiempo y los que vivimos como ‘traperos del tiempo’ (¿era así no?) no somos capaces de encontrar restos para lo importante.

Escribía esta semana cuando ‘Maragatevagueaba’ algunas notas que, en el fondo, tienen mucha relación con esto.

03/08/09

– La nostalgia del ritmo tranquilo

– La constatación de que un banco puede ser suficiente para la conversación.

04/08/09

– Más despacio=más despiertos

– El tiempo justo lo marca el viaje, el camino y la compañía.

05/08/09

– Dicho por otra persona en Peñalba de Santiago: ¡Qué gozada de sitio, de calma y de todo!

Quizás todo lo facilitaba el olor matutino y fresco que sentía y notaba al recoger a la persona que me acompañaba. (Pues se mezclan, en los sentimientos que perdurarán para el recuerdo convertidos en una sensación única, el olor del otro y nuestro don más o menos afilado para recibirlo).

Un comentario en “Los abrazos

  1. La dura losa de no habernos despedido como nos hubiese gustado, de no haber hecho cosas, … Lo duro de decir adiós es que nos hace ser conscientes de que ya no habrá más oportunidades.
    Efectivamente era «traperos del tiempo» (y mira que me lo diagnosticaron joven…).
    Veo que tu PDA no te falló 😉

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