Lectura, género y contenido

Escrito en 1961

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¿Las mujeres deberían leer más? Añadiríamos leer más y mejor. No ganamos nada con que las mujeres lean más si no intentan leer mejor. La selección en la lectura es algo imperioso. de lo contrario el tiempo perdido en la lectura de páginas mediocres no compensaría sacrificar horas de trabajo o de reposo, para, después de todo, no aprender nada. (Clarice Lispector; Correo femenino; Siruela; pag. 54)

Seco, húmedo

Se me había despistado el traslado de Willy, uno de los tipos más majos que este mundo del libro me ha permitido conocer, a su nuevo espacio.

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Me encanta estar entre los ‘enlazados’ y me gusta esa clasificación entre ‘secano’ y ‘húmedos’, que además a estas horas de la mañana, recién levantado, tiene su aquél.

Quizás le pida a Willy que por razones biográficas, ya que aunque no me dediqué al surf sí me pasé unos cuantos años en aguas cloradas de piscina, me pase al terreno húmedo que me parece que causa otra sensación.

 

Trocitos de información… fragmentación e integridad

Atinado como siempre el artículo de Roger Chartier en Le Monde y aunque en el mismo se centra más en el análisis del ‘fenómeno Google’ y la digitalización me interesa en esta ocasión deslizarme por una de las consecuencias de la misma: la fragmentación que el ámbito digital facilita frente a la integridad de la obra a la que estamos acostumbrados en papel.

No me ocupa en este caso tanto el tema de los contenidos y su ‘partición’, sino la sensación de cómo abordamos nuestra vida más como una suma de microtareas inconexas en muchas ocasiones y no como un proyecto que se concreta en acciones.

Ayer tocó día de lectura y hoy toca filosófico.

Se junta esto con un correo que acabo de recibir y donde ante un cambio de situación profesional y seguro que personal leo: No quiero olvidar que la verdadera innovación es exploratoria e impredecible.

Probablemente también nuestras vidas sean exploratorias e impredecibles. No tengo tan claro en cambio que la exploración la podamos hacer a saltos sin mirar el camino recorrido, sin tener claro el hilo que nos ha permitido a cada uno llegar al punto en el que nos encontramos, sin trazar nuestro mapa vital.

Los que antes éramos lectores añoramos ahora ser escritores.

 

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La aparente pasividad de la lectura que no es tal, sino un parar reflexivo si el contenido merece la pena, quizás la estemos convirtiendo, incluido un servidor,  en un tic-tecla pensando falsamente que tenemos algo que decir cuando a menudo ni siquiera hemos tenido tiempo para pararnos a reflexionar y situar nuestra vida.

Quizás en política sea algo parecido. Algunos se dedican a ‘ganar batallas’, sacar pecho despreocupados de los ‘daños colaterales’. Otros apuestan por la ‘guerra’ procurando que todo y todos lleguen al mejor puerto posible.

Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia, una interrupción prematura de lo metódico, un escapar aparente de la cosa aparente. (Frank Kafka; Aforismos de Zurau)

¿Cómo llegamos a la lectura?

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Me encuentro con esta pregunta en La mala hierba.

Casualmente, o no, hoy al mediodía hablaba con una persona sobre temas relacionados con la lectura. Planes o no, difusión o no, fomento o no…

Ahora a la noche me enfrento a la pregunta y me sigo quedando con los recuerdos familiares.

Creo que he hablado alguna otra vez de ellos. A ciertas edades ya no nos acordamos de lo que hemos dicho, escrito o pensado.

Recuerdo la doble lectura que siempre existió en la casa familiar: libros mi madre y prensa mi padre. Ambas como un todo.

Con el tiempo descubrí que mi padre fue también lector de libros de hombres tranquilos. Arturo Barea, Josep Pla y Martín Abril estaban entre sus favoritos. Alguno de ellos se ha venido a vivir conmigo.

Y lo que sobre todo leía era la vida que pasaba frente y al lado de la ventana de casa donde pasaba horas y horas observando y pensando en ‘dios sabe qué’.

Ama ha sido y es más de libros, pero también con la prensa al lado, como si el roce metabolizara los soportes informacionales.

Siempre ha habido libros, prensa y tebeos en casa.

Ahora en la nuestra los sigue habiendo. También junto a ellos los ordenadores vacíos de todo hasta que nosotros no les damos vida, distintos en esto al soporte papel que parece estar ya lleno y lo que nos falta es ir a buscarlo.

¿Cómo llegará o pasará mi hijo de la lectura?

Esta es una pregunta para la que no tengo respuesta. Supongo que a mis padres les pasaría antes lo mismo aunque quizás ellos ni se la plantearon y en su propio hacer normal y no impostado típico de las campañas de fomento lector  al uso  encontraron su ‘premio’.

El día a día

Me lo mandó ayer un buen amigo y me parece que es sugerente sobre todo en un inicio de semana…

“El día a día es todo para nosotros. No hay más. El día a día es el día de vida plena. Se convierte en día pleno, cuando todo lo que nos atrae, lo vivimos plenamente: con total dedicación, con todo amor, con toda felicidad.

Muchos consideran el día a día como pasajero y banal y quieren escaparse de él. Buscan lo no cotidiano. Y cuando se muestra lo no cotidiano ¿cómo lo podemos vivenciar? ¿cómo experimentarlo? Viviéndolo de forma cotidiana como día pleno, asintiendo él, tomándolo plenamente, y alegrándonos enteramente tal como es, tal como lo vivimos como día pleno”. (Bert Hellinger; Viajes interiores; Alma Lepik; pag. 25)