¿Por un libro universal?

Hacía tiempo que no me daba un paseo tranquilo de un par de horas por Bilbao. Con la excusa de buscar algún regalo he deambulado de aquí para allá a ritmo pausado volviendo a disfrutar de la ciudad que todavía a primeras horas de la tarde se muestra amable y no excesivamente llena de paseantes y raudos compradores.

El ritmo tranquilo me ha traído el recuerdo de un reciente artículo de Antonio Muñoz Molina, Trenes & libros, publicado en Babelia.  Dice entre otras cosas:

– En los vaticinios impacientes de modernidad uno intuye casi siempre una apetencia de barbarie: que se extinga cuanto antes la molestia decadente del libro y de la lectura, que quede abolido el transporte público, el espacio público, el territorio de lo compartido.

– En lugar de rendirse incondicionalmente al tráfico privado…las ciudades recobran el transporte público, y se descubre que ir en tranvía o en bicicleta o simplemente caminar son formas de movilidad mucho más efectivas, y también más austeras y más saludables.Algunas veces lo que parecía destinado a extinguirse según los vaticinios del papanatismo de lo último perdura sin aspavientos o resurge con más fuerza que nunca después de una fase de declive; y lo más agresivamente celebrado como nuevo se vuelve de la noche a la mañana obsoleto.

Leo también aunque creo que de fecha distinta un artículo de Javier Calvo que bajo el título de Por un libro universal, algo imposible mientras el acceso a la lectura no lo sea,  vuelve sobre argumentos que ya de manidos y aqunue recientes son viejos, más aún con cierta contradicción ya que su última novela publicada Mundo maravilloso (Mondadori) no parece estar accesible en la red. Es decir no parece que él haya’movido ficha’ como incita a hacer a otros. Dudo que ese futuro sea gratuito como el autor señala quizás sí sea diferente como señala mi librívoro particular.

Me sigo quedando con el cierre de Muñoz Molina: Las estaciones de ferrocarril, por desgracia, parecen cada vez más aeropuertos, pero las buenas librerías siguen siendo algunos de los espacios más estimulantes que un lector puede imaginar, y los buenos trenes poseen el mismo resplandor de modernidad que los libros muy bien editados.

¡Cuidado! Hablamos de las buenas librerías y de los buenos libros. No de todas ni de todos.

Quizás el cambio de año me sitúa en una posición más lenta y desconfiada todavía más ante las panaceas del aparente acceso a todo.

Richard Sennet en su libro El artesano en la página 11 dice…. Lo que le interesaba era que yo extrajera la lección correcta. a saber: que, en general, las personas que producen cosas no comprenden lo que hacen.

¿Llegarán a comprenderlas las que sólo las consumen y además bajo la fórmula del ‘valor 0’? 

Recientemente en El País afirmaba: la izquierda debe centrarse mucho más en las empresas locales, hay que desglobalizar, focalizarse en los pequeños negocios.

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