Regalo de Navidad

Siempre he defendido, por lo menos eso creo, que lo más importante de los proyectos son las personas.

Sé que esto puede tener un cierto tinte romántico, pero al mismo tiempo y siguiendo a la RAE (4. adj. Sentimental, generoso y soñador) les da un importante toque de humanidad con sentido.

Estos días se me han cruzado tres referencias que creo tienen bastante relación con este punto de vista y que además me ayudan a re-encontrarme con el mundo librero.

La primera es de Desequilibros

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y es que como él mimso dice: Todavía quedan románticos.

La segunda la he visto hoy en la edición digital de El País bajo el título de Las librerías de autor se reinventan.

En la misma puedo leer: todos los libreros coinciden, más que un negocio, esto es un estilo de vida.

Y la tercera que me ha servido para titular la entrada la leí el domingo.  La escribe Maruja Torres. El artículo termina así:

Me parece que se trata de una bonita historia real, y por eso he querido contárosla, en un día que para mí todavía es noviembre, con objeto de empezar los artículos de diciembre con una buena dosis de lo mejor de la Navidad, el espíritu de la conciliación y el intercambio de bienes. No hay mejor bien que un buen libro regalado o adquirido o recomendado a tiempo. Y no hay mejor don que recibir, por estas fechas, nada menos que una librería.

El cuento de este año tiene amor, tiene libros, tiene voluntad de mejorar el mundo que nos rodea, tiene amistad. En definitiva, un prodigio.

Pues eso: ¡un regalo prodigioso para estas Navidades!

      1. m. Suceso extraño que excede los límites regulares de la naturaleza.

2. m. Cosa especial, rara o primorosa en su línea.

3. m. milagro (hecho de origen divino).

4. m. Persona que posee una cualidad en grado extraordinario.

 

 

 

A pie

Así se titula uno de los libros que me traje de México. Su autor es Luigi Amara.

Una reivindicación a retornar a la medida humana del paseo a pie, del vagar sin destino, de centrarnos en los pequeños detalles a un tirmo lento.

El libro empieza así:

Dejarse ir.

No confiar en nada sino

en la sensación del movimiento.

Un paso

                 luego otro

un paso

                 luego otro

el sonido desempolvado de los pies

percutiendo sobre el asfalto

aquel camino borroso

que establece el oído

como un tambor ambulante

redoble elemental

                            (enjambre

o zumbido interno)

plegaria locomotriz del que rehúsa

ser sólo un pasajero

                                hilo

hilo instintivo por el que se deslizan

las cuentas de los pensamientos.

a pie

Termino de leer el libro y me encuentro con el artículo de Pedro Ugarte ayer en el sábado Geografía sentimental donde leo al final:

Sí, hay gente que esparce sus años en puntos muy distantes del planeta, pero hay gente que los deja en unas cuantas manzanas, y al caminar por ellas respira con la intensidad de esos perfumes encerrados en frascos muy pequeños. Esto tiene que ver con hacerse viejo, pero también con pintar y repintar las mismas calles con colores distintos. La ciudad aparece ahora, cada día, manchada por los recuerdos. Cada uno de sus rincones te va contando una historia, y un pedazo de tu vida, distinto según qué rumbo tomes, regresa del olvido con sólo dar un paseo.

Prefiero yo también los ritmos lentos y tranquilos el reencuentro con los espacios cotidianos que siempre nos ofrecen algo nuevo o imprevisto en función de nuestra propia perspectiva y nuestro propio ser y sentir en ese momento.

 

Nunca llueve a gusto de todos

Se acaban de hacer públicos los nuevos miembros del Consejo Vasco de la Cultura que celebrará su próxima reunión en unos días.

A algún medio le parece que quedan fuera sectores fundamentales de la cultura.

Puede ser.

Aunque también cabe preguntarse si algunos han querido expresamente quedarse fuera y si el consejo como tal debe representar a todos los sectores o debe estar formado por personas que recojan o reflejen una trasversalidad que supere lo sectorial.

En estos días por Guadalajara hablando con unos y con otros parece quedar cada vez más claro que una de las consecuencias de la digitalización es precisamente esa superación por elevación de lo meramente sectorial y la necesidad quizás de volver o de avanzar hacia un ‘nuevo renacimiento’.

Las visiones micro y parcializadas de la cultura van quedando superadas. Los terrenitos vallados van perdiendo las fronteras y probablemente sean necesarias personas de miras más amplias.

En cualquier caso, el tiempo lo dirá y ¡ya se sabe! nunca llueve a gusto de todos.