Demasiada felicidad

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Demasiada felicidad de Alice Munro. Lumen editorial.

Alice Munro no escribe cuentos, escribe universos.

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Escritura y anestesia

Escribir tiene un efecto anestésico. Tranquiliza como una pastilla ansiolítica. Pero, además, produce una cierta embriaguez. Esto hace que, según decía Cyril Connolly,  tantos malos escritores no consigan dejarlo. (Iñaki Uriarte; Diarios 1999-2003; Peptitas de calabaza; pag. 43)

(Hermano Gris)

Celebrando

Los años pasan, pero hay personas que permanecen. Las casas pueden también cambiar, moverse nuestras moradas, pero los lazos siguen. En este ir y venir aparecen también nuevas personas. El sábado celebramos los años de S.
Son ya unos cuantos, menos que los míos. Se alargó como siempre la cena, la conversación y la partida. Y ellas, todas intentando insuflar un poco de vida en ese aire que apaga las velas y enciende la vida.
Nos aplicamos como otras noches terapia de risa que es una buena forma de intenttar estar en el mundo riéndose de uno mismo y dejando que los otros, sin malicia, con ironía se rían de ti.

Gran parte del encanto de la amistad entre iguales reside en el gusto por las conversaciones sin importancia: no hablar de nada importante es tan importante a veces, e incluso más importante, que hablar de asuntos importantes. (Álvaro Pombo; La fortuna de Matilda Turpin; pag. 101)

Cincuenta años….

¿Muchos o pocos?

¡Quién lo sabe!

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Quizás dependa de cómo y con quién se han vivido.

Ayer R. nos convocó para compartir sus ‘deudas’ con nosotros.

50 personas en números redondos. 50 trozos de vida.

Tenía yo escrito en mis notas personales allá por el mes de agosto, a finales:

Recuerdo perfectamente el primer día que nos vimos en su despacho y cómo pasó por mi cabeza el ‘Con esta persona me voy a entender’. Ahí seguimos en la cercanía o en la distancia. Con ella he tenido mi última noche sosegada, larga, con tiempo.

Disfrutamos del encuentro, de la vida vivida, de los cruces relacionales, de lo distinto, de compartir retazos y momentos de otros, de situarnos en una pequeña cosmovisión emocionada y emocionante.

Muchos de los que habíamos oído hablar, tomaron cara real, beso, saludo, charla…

No hay nada que cambie y supere la presencia, el tacto.

No hay nada que mejore el sosiego conversacional y las personas que permanecen y siguen estado ahí en nuestra historia con su presencia y a veces con su ausencia.