Escasez y cooperación

Algún librero tiene la virtud de no pensar sólo en lo concreto, en lo suyo, sino que es capaz de contextualizar, de pensar no en global sólo, sino en social.
Así en el número 14 de Trama y Texturas me encuentro con Juan Miguel Salvador de la Librería Diógenes que termina su artículo Nuevas librerías para nuevos escenarios con la siguiente reflexión:
Curiosamente, la historia y la naturaleza nos enseñan que en ámbitos de escasez, la cooperación es mejor estrategia que la lucha y la acumulación. (pag. 39)
Un buen ejemplo dentro del sector de los libreros: Todos tus libros

Amén

71 miradas sobre la cultura vasca actual

 

¿Puede haber tanttas miradas como culturas o hay diversidad de miradas sobre una misma cultura?
¿Cómo ‘suena¡ la cultura vasca?
Tras un trabajo de casi un año nos encontramos con un auténtico ramillete de la creación y difusión emergente de Euskadi.
Tenemos este próximo 6 de abril una ocasión para conocer las voces individuales o colectivas de los nuevos creadores y agentes culturales, identificando sus valores, tendencias y formas.
Tenemos también todo  el tiempo del mundo para seguir sus andanzas.
Miradas distintas, cada una con su punto de vista y su historia. Miradas, por lo general, jóvenes, muchas en los límites, en la frontera.
Quizás otra forma de mirar y de ser-entre.
Retomo de nuevo a Anjel Lertxundi y leo este texto en Vida y otras dudas.
Hablamos Lenguas, no la Lengua. El instrumento de comunicación que estoy utilizando en este texto y momento no es una abstracción, una idea, un símbolo. Es una lengua entre otras muchas lenguas. La que era mía y la que, por muchas razones, un día ya lejano decidía que seguiría siendo mía en lo sucesivo. Mi principal instrumento de comunicación. Eso es. Más que eso, no; pero tampoco menos. Son muchos los seres humanos; muchas las historias y las lenguas; muchos los mundos y las realidades. Todas ellas se escriben con minúscula. Me dan miedo quienes escriben euskera, hombre o historia con mayúscula. (34.35)

Momentos decisivos

Momentos decisivos de Félix de Azúa.
Tres fragmentos con los que me encuentro al terminar su lectura.
– Amé tanto a mi padre que ya nunca he podido amar a nadie más, te habrás dado cuenta, no te habrá pasado inadvertido, tú lo sabes, le amaba como todos los niños aman a su padre, pero sin alegría, yo le amaba con dolor, un dolor que formó parte de mi vida desde que tengo uso de razón… un dolor tenaz, como un tornillo que gira y perfora sin llegar nunca a ajustar, yo me preguntaba si alguna vez cesaría el dolor, si llegaría un día… en que el dolor desaparecería, pero no cesó, se fue espesando hasta hacerse como una nube… hoy el dolor continua igual que entonces hincado en mi corazón, no me deja respirar, muy pocos saben lo que es el dolor metido en la cabeza de un niño, aunque esté gozoso está dolorido, todo es dolor y formas del dolor, ése es mi mundo (346)
– Cada uno de nosotros ha de vivir la historia de todo el mundo como si pudiera cambiarla aprovechando su propio momento. El momento decisivo siempre es propio, nos pertenece como nos pertenece nuestra propia muerte, no hay momentos colectivos porque lo colectivo es precisamente un modo de escapar al momento propio, creyendo que así engañamos a la muerte. Por eso debemos tomar nuestra decisión como si la tomara el mundo, pero sin el mundo (361)

Lola Larumbe. Emoción y vida

Hace 5 años conversábamos con Lola en su librería. Nos conocemos de mucho antes, pero casi casi como si fueran ciclos quinquenales me voy encontrando con pequeñas perlas suyas que siempre plantean otro punto de vista, otra mirada.
Es lo que me ha ocurrido también ahora al encontrarme de nuevo con ella en el número 14 de Trama y Texturas.
Todo lo leído hasta hora en el número está bien y es sugerente, pero el artículo de Lola es el primero que me ha provocado emoción.
Os dejo un par de citas para este domingo.
Quizás alguno piense que no tiene mucho que ver con las librerías y lo digital. A mí en cambio me parece que le da gran parte de su sentido y emoción.
– La palabra futuro me lleva (a) pensar en la palabra pasado, en el trayecto que he recorrido como librera, en el camino de muchas librerías independientes, desde el final del siglo hasta hoy. Construimos el futuro con lo que llevamos a nuestras espaldas, con el de dónde venimos se puede vislumbrar tímidamente el a dónde vamos. Los aciertos y los errores del pasado nos han preparado para imaginarnos un poco más allá, aunque cada día se convierta en un tiempo eterno que nos impida a veces enfocar correctamente el camino. (pag. 106)
– Navegamos por el estrecho que une dos mares, dos mundos, muy diferentes. Mente y corazón se encuentran escindidos, y esto debe ser una marca del tiempo que nos está tocando vivir, aunque quizás sea el dilema del hombre en todas las épocas: la melancolía por un mundo que agoniza y a la vez la emoción que provocan las revoluciones y el poder del cambio. Somos herededors de una tradición muy fuerte y llena de romanticismo: el libro es evocación y la materia de la imaginación, la precipitación de la inteligencia y la creatividad humana. Amamos los libros por lo que nos cuentan, sí, pero también porque nos acompañan carnalmente, porque dan placer (los buenos) a todos nuestros sentidos. Y yo los quiero, además, porque su corporeidad ha necesitado la existencia de dos espacios imprescindibles, cobijo del humanismo: la biblioteca y la librería (pag. 107)
Nota: La imagen nos la hemos ‘tomado prestada’ de la página de Fórcola

Ser-entre

He empezado a leer Vidas y otras dudas de Anjel Lertxundi.
Disfruté de la compañía y la conversación de Anjel por pirmera vez hace un par de años en un viaje a París con motivo del Salón del libro.
Cuando se comparte tiempo, conversación y experiencias fuera de nuestros entornos más habituales, más controlados quizás nos mostramos con una mayor naturalidad y menos impostura.
Lo dicho. Disfruté mucho.
Conversaba ayer con una amiga por teléfono. Me había escrito hace poco. Estaba disgustada y como ella misma me decía con un ‘cacao marabillao’ en su cabecita dando vueltas. Estaba triste al mismo tiempo.
El libro de Anjel empieza con una larga cita de Czeslaw Milosz , un desconocido para mí hasta encontrármelo en el inicio del libro.
 La cita termina así:
…creo que la palabra ser-entre debería estar en el diccionario. Existir significa ser-entre. No puedes existir por ti solo. Tienes que ser-entre con el resto de las cosas. Esta hoja de papel existe porque existe todo lo demás. (pag. 8)
El problema a veces es que la vida nos coloca o nosotros colocamos a nuestra vida en un ser-entre en el que acabamos sitiéndonos extraños.
Ella lo va a entender y como además tiene el libro podrá ir a disfrutar de la cita completa.

Libros y libreros en la antigüedad

Qué poco han cambiado algunas cosas con el tiempo. Veamos algunos ejemplos que me han resultado curiosos:
– El debate sobre dispositivos y la luz. ‘Galeno, el gran médico del siglo II d. C., opinaba, por razones higiénicas, que el pergamino, debido a su brillo, lastima y fatiga los ojos más que el opaco y suave papiro, el cual no refleja la luz. (pag. 29)
– Dineros, autores y editores. ‘En tanto que los editores se enriquecían, los autores de Roma, no menos que sus colegas de Grecia, tenían que conformarse con lo que llamaba Juvenal “la hueca fama”. Los autores antiguos nunca esperaron que su trabajo, con ayuda de los editores, les resultase remunerativo. (pag. 51)
– El gusto del autor por ver su obra expuesta y al alcance. ‘Plinio el Mozo se asombra de las buenas librerías que encontró en Lyon y se complace en ver que tienen sus obras’ (pag. 63)
Disfrutad de su lectura si tenéis ocasión.

¿Qué se esconde detrás de una botella?

El vino, la mesa compartida se convierte en ocasiones en maravilloso espacio de encuentro, de experiencia, espacio de confidencias, de disfrute, de desahogo de las penas.

El domingo pasado estuve comiendo en el Prada a Tope de Bilbao. La comida de carácter familiar suponía una celebración especial. Casi podría decir que era una celebración de la vida que seguía latiendo.

El espacio, el nombre, me trajo al mismo tiempo recuerdo de otra comida en otro Prada a Tope en un agosto de 2009 en el que simplemente celebrábamos la amistad, la posibiliddad y el riesgo del trabajo compartido.

En ambas ocasiones el vino, la mesa y el espacio han servido de hilo conductor del recuerdo.

Cuando venga la muerte, no habrá vuelta atrás, ¿acaso tengo que vivir pendiente de ella porque aún no ha venido? (Anjel Lertxundi; Línea de fuga; pag. 140)

Todos tus libros

La semana pasada se ha celebrado el Congreso de Libreros y por algunos feed-backs que llegan del mismo y mirando las conclusiones parece que ha habido trabajo serio y con prospectiva.

Me alegro y añoro tiempos anteriores.

Ya he trasteado con una de las porpuestas recogidas que es realidad.

Me refiero a ‘Todos tus libros

Una herramienta sencilla en su concepción pero tremendamente eficaz. Poder saber quién tiene o dónde está ese libro que buscas.

Los libreros venían ya hace tiempo trabajando con esta herramienta desde sus propias librerías. Es decir: te acercabas a una de ellas y aunque no tuvieran el ejemplar y suponiendo que estuviera agotado o descatalogado podían consultar su posible existencia y gestionarte el libro desde tu punto de venta habitual.

Ahora esta consulta se traslada a internet.

Señalaré algunos elementos que me parecen claves en esta fase inicial de proyecto.

1. La importancia que tiene el que hablen entre sí distintos sistemas de gestión.
2. El poder que da la información que al mismo tiempo está centralizada, pero distribuida en su gestión.
3. La ocasión que tienen las librerías de remarcar el poder y la fuerza que da la diversidad.
4. La utilización de las Tic para reforzar lo local y cercano y no ‘desmaterializar’ el trabajo.
5. El dejar tras la consulta la decisión en manos del usuario. La confianza acaba generando confianza
6….

¡Felicidades!

Prueba de estar a gusto

Cada uno solemos tener la nuestra. Sabemos perfectamente qué hábitos vitales la acompañan, cómo nos situamos ante la vida y los otros. En fin… un conjunto de pequeñas sensaciones.
Un modelo:
Prueba del nueve de que estoy a gusto: Miro todo, y todo me parece bonito o interesante por algo. Sensación de agilidad en la cabeza y el cuello. Placer de andar. La postura erecta, que tantas veces me parece antinatural, aquí se convierte en la normal. Hasta en la playa estoy de pie. Mientras camino por el paseo, encesto en una papelera desde tres metros el paquete de tabaco arrugado. Un tiro impecable. Como Michael Jordan, como un monje zen disparando su arco. La relajada y buena cara que tengo. (Iñani Uriarte; Diarios 1999-2003; pag. 143)

De dónde somos?

Como tantas veces mes a mes, escaparate a escaparate, idea a idea, los amigos de El Cajón planteándonos un nuevo interrogante (ver imagen), un ‘sin resolver’ y quizás esperando una respuesta.
¿Quién eres tú?

… Todos tenemos que enfrentarnos algún día a la terrible pregunta de la Oruga…Somos el rostro en el espejo, el nombre y la nacionalidad que nos han dado otros, el sexo que nuestras culturas definen implacablemente, el reflejo de la mirada de quienes observamos, la fantasía de quien nos ama y la pesadilla de quien nos odia, el cuerpo incipiente en la primera cuna y el cuerpo inerte bajo la sábana mortuoria. Somos todo eso, y además su contrario, nuestro yo en la sombra. Somos los rasgos secretos que faltan en nuestro supuesto retrato exacto, en nuestra descripción que dicen fehaciente. Somos alguien a punto de ser, y también alguien que ya ha sido. Nuestra identidad y el lugar y en el momento en que somos son algo fluido, y pasajero y múltiple, como el agua. (Alberto Manguel; La ciudad de las plabaras; 201-202)

¡Indignaos!

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¡Indignaos! de Stéphane Hessel.
Dos nonagenarios, Stéphane Hessel y José Luis Sampedro tienen que poner el grito en el cielo para que nos conmovamos (movamos con otros) como casi una llamada a la desesperada esperanza y no exasperación a la que quieren convocarnos.
Quizás nada nuevo bajo el sol salvo, y es importante, quiénes se ven obligados éticamente a alzar su voz que nunca ha estado callada y que resuena conjunta en estos días con un par de artículos leídos en la prensa.
El primero de Daniel Innerarity (Los secretos están en otra parte) en el que afirma:
La desconfianza actual puede ser interpretada como una reacción de los inversores contra un sistema financiero opaco, cuya magnitud no terminan de comprender. La economía no es, ciertamente, una realidad simple, pero cuando la complejidad inevitable se transforma en opacidad sospechosa, los actores se bloquean y los mercados dejan de funcionar. Podríamos hablar en este caso de una opacidad ideológicamente producida. El hecho mismo de presentar los asuntos financieros como algo excesivamente técnico y complejo ha facilitado una transferencia de autoridad hacia los supuestos expertos y ha devaluado la de los gobernantes. Esto ha despolitizado tales asuntos y ha sustraído decisiones relevantes de la pública discusión. No es justo que la vigilancia sobre el mundo esté tan mal repartida. Bastaría con que la economía estuviera sometida a la misma observación que se ejerce sobre la política para que las cosas funcionaran mucho mejor. ¿Para cuándo un wikileaks de los mercados? Es otro nombre para designar, a falta de otro término mejor, eso que llamamos gobernanza económica global. 
Una ola de desconfianza recorre el mundo, pero no es únicamente desconfianza económica sino ante todo pérdida de legitimidad de la política, desconfianza en la vida pública y en la acción institucional, desconfianza de todos respecto de todos agravada por las privaciones, en espera de un nuevo pacto social que se adivina difícil, puesto que quienes tendrían que promoverlo son aquellos mismos que han destruido el antiguo justamente con su concepción miserable de la política y de la vida pública. El “sálvese quien pueda” que anima los mercados parece reinar también en el espíritu de la Unión Europea, en el de las Naciones Unidas y hasta en el de la sociedad civil de cada uno de sus miembros: “El temor, la defensa, / el interés y la venganza, el odio, / la soledad: he aquí lo que nos hizo / vivir en vecindad, no en compañía”, escribía Claudio Rodríguez. Y la primavera, ajena a las limitaciones de velocidad, nos ha pillado desprevenidos.
Entre ambos algunas de las citas del libro:
– El dinero y sus dueños tienen más poder que los gobiernos (Sampedro, 12)
– Los medios de comunicación están en manos de la gente pudiente, señala Hessell. Y yo añado: ¿quién es la gente pudiente? Los que se han apoderado de lo quees de todos. Y como es de todos, es nuestro derecho y nuestro deber recuperarlo al servicio de nuestra libertad (Sampedro, 14)
– Hoy se trata de no sucumbir bajo el huracán destructor del “siempre más”, del consumismo voraz y de la distracción mediática mientras nos aplican los recortes. (Sampedro, 14-15)
– Nunca había sido tan importante la distancia entre los más pobres y los más ricos, ni tan alentada la competitividad y la carrera por el dinero. (Hessel, 25)
– Sartre nos enseñó a decirnos a nosotros mismos: “Sois responsables en tanto que individuos”. Era un mensaje libertario. La responsabilidad del hombre que no puede encomendarse ni a un poder ni a un dios. (Hessel, 28)
– Desafortunademente, la historia da pocos ejemplos de pueblos que saquen lecciones de su propia historia. (Hessel, 39)
– El pensamiento productivista, auspiciado por Occidente, ha arrastrado al mundo a una crisis de la que hay que salir a través de una ruptura radical con la escapada hacia delante del “siempre más”, en el dominio financiero pero también en el de las ciencias y las técnicas. (Hessel, 45)
– …

A nadie le amarga un dulce

Ayer entre comra y compra para asegurar la manutención semanal me encontré por la calle con A. Eran más menos las 10 de la mañana así que todavía andaba con la legaña sin acabar de soltar.
Según nos cruzamos me soltó a la cara: ¡Sales en Babelia! Lo primero que me vino a la cabeza fue una frase de hace ya tiempo de M. que venía a decir que qué más daba salir en Babelia si no lo lee nadie. Así que pensé que por lo menos una persona en Bilbao lee la letra pequeña.
El hecho es que sí salimos. Parece que nos hemos colado en el último artículo de Manuel Rodríguez Rivero cuando dice:
si están interesados en las cuestiones que suscita el entorno digital en las librerías, no se pierdan el último número de Texturas, la estupenda revista sobre edición y cultura escrita dirigida por el polifacético Manuel Ortuño y José María Barandiarán. El mismo sello (Trama) que edita la revista ha publicado recientemente Las razones del libro, una apasionada, integradora y sugerente apología de lo impreso a cargo de Robert Darnton, que además de ser uno de los más importantes y sabios historiadores del libro siempre practica la exquisita cortesía de no escribir (sólo) para profesores.
Mi presencia actual es pura cortesía y muestra de amistad de Manolo.
Creo que merecen un agradecimiento especial todas aquellas personas que alimentan la revista con sus proposiciones, artículos, sugerencias desde una cierta mentalidad del procomún tan esacasa en nuestra sociedad y en el sector del libro cuando nos movemos ya fuera del ámbito asociativo.
Así que hoy voy a disfrutar de este dulce dominical que volveremos a degustar más intensamente en algún momento de nuestra vida.

Dedicar tiempo

El jueves a la mañana tuve una interesante reunión en Eutokia con otras cuatro personas.
La idea básica era conocer un nuevo proyecto naciente y ver de qué manera podíamos colaborar y/o encontrar posibles puntos, cruces de intereses.
Fueron dos horas agradables y provechosas que tuviero además lugar en un curioso ‘cubo móvil’ que trasmitía a ratos la propia sensación de movimiento y de cierta inestabilidad en la que nos movemos en estos momentos no sólo en lo más estructural, Libia o Japón por ejemplo, sino también en lo más cercano y personal.
Trasladaba el espacio la sensación de movilidad e inestabilidad que tanto nos acompaña en el vivir diario.
Nos fuimos después a comer  un menú al Restaurante Ochoa donde nos encontramos con dos personas más entre ellas Virginia Imaz a quien hacía casi más de 20 años que no veía de manera sosegada.
Ya en la comida uno de los participantes en la reunión me hizo notar que le había llamado la atención el tiempo que había dedicado por mi parte y la sensación que había tenido por la suya de que no iba yo con un ritmo acelerado.
Ahora a la mañana, prontito para ser un sábado, mientras desayunaba le daba vueltas a lo difícil que resulta a veces el dedicar tiempo a las pequeñas cosas mientras se vive a un ritmo acelerado y la dificultad que supone el cruzar-vivir momentos que en lo concreto y cercano requieren una atención y un mirar a corto y el trabajo que te sitúa en muchas ocasiones con una mirada hacia el horizonte.
En esas estamos disfrutando en la tensión.
Para relajarla me voy al mercado a hacer la compra con calma y tiempo.

Elijo el libro

Hemos visto que los soportes modernos se vuelven rápidamente obsoletos. ¿Por qué correr el riesgo de llenarnos de objetos que podrían quedarse mudos, ser ilegibles? Hemos demostrado la superioridad de los libros sobre cualquier otro objeto que nuestras industrias de la cultura han puesto en el mercado en estos últimos años. Así pues, si tengo que salvar algo, fácil de transportar y que ha dado prueba de su capacidad de resistir a los ultrajes del tiempo, elijo el libro. (Umberto Eco en Nadie acabará con los libros; pag. 40)
Yo también.

Las palabras de los otros

Lo usaré con frecuencia en este blog. El hablar por boca de otros.
Ya me lo sugiere Miguel Sánchez Ostiz: Cuando no sabemos qué decir o mejor, cuando no acertamos a decir o no nos atrevemos, echamos mano de versos ajenos y no solo porque suelen ser mejores que los propios. (Sin tiempo que perder; pag. 63)
Así que en esta mañana que he empezado a leer Momentos decisivos de Félix de Azúa como si ya casi el título fuera un anuncio de lo que puede venir me topo con este texto:
Ciertamente podemos esconder durante décadas un recuerdo, un paisaje, una piel a recaudo en algún recoveco de la memoria sin que aflore ni el más ligero aroma, así nos defendemos del dolor. Pero no podemos ocultar en la memoria todas nuestras traiciones a riesgo de provocar un cortocircuito. Por eso, a veces, sin aviso, regresa una huella manchada por la tristeza del olvido y su luz oscura nos dibuja en la lejanía como recortados contra un paisaje africano en el que no acertamos a saber si éramos plácidos rumiantes o tristes hienas. Allí están los perfiles, sí, pero ¿qué eramos?, ¿víctimas o verdugos? O bien, si abandonamos el horizonte y miramos al cielo, ¿brillantes y efímeros cometas, o satélites sin vida propia? Seguramente ni lo uno ni lo otro sino el constante trasiego de lo uno a lo otro, del plácido verde alimenticio al rojo embriagador del combate. (pag. 18)

La ciudad de las palabras

La ciudad de las palabras de Alberto Manguel.
Compré el libro en su edición mexicana el año pasado coincidienco con la Fil de Guadalajara.
Un conjunto de conferencias a través de las cuales y jugando con textos y autores varios Manguel nos va devolviendo preguntas interrogantes y reflexiones sobre nuestro ser y ‘estar’ en el mundo.
Os dejo con una de ellas:
Sentimientos patrióticos vagos o vehementes, oscuros motivos de emoción y fe, nos llevan a defender o atacar una frontera o una bandera cuya forma y color cambian constantemente, e incluso cuando juramos lealtad a un lugar, nos alejamos de él en dirección a una imagen nostálgica de lo que creemos que fue una vez o puede ser algún día. Nacionalidades, etnias, fliciaciones triables y religiosas suponen definiciones políticas y geográficas de algún tipo, y sin embargo, debido en parte a nuestra naturaleza nómada y en parte a las fluctuaciones de la historia, nuestra geografía está anclada menos en un paisaje físico que en un paisaje fantasmal. Nuestra tierra es siempre un lugar imaginario. (pag. 204-205)

Necesidad contra codicia

Se me cruzan en las lecturas un referencia de Alberto Manguel,  un artículo aparecido el domingo 6 de marzo en El País Negocios de Jeffrey D. Sachs que lleva el mismo título de esta entrada y otro de Maruja Torres de ayer en El País Semanal donde se hace eco de unas palabras de Stéphane Hessel.

Recojo algunos párrafos y citas que me andan dando vueltas en la cabeza.
– Nosotros, en nuestras sociedades, hemos permitido la puesta en marcha de maquinarias económicas destinadas a ganar cantidades ilimitadas de dinero, sea cual fuere el coste en vidas humanas pero sin creer que entre esas vidas pueda estar la nuestra. Tanto las maquinarias de ficción como las del mundo real, finalmente fracasan porque, debido a su misma perfección, están condenadas a destruir incluso a aquel a quien deben la vida. (Alberto Manguel; La ciudad de las palabras; pag. 175)
– El gran líder moral de India Mohandas Gandhi dijo la famosa frase de que hay suficiente en la Tierra para las necesidades de todos, pero no suficiente para satisfacer la avaricia de todos…. Nuestro planeta no podrá sustentar físicamente este crecimiento económico exponencial si dejamos que la codicia tome la delantera… El desastre es inevitable, a menos que cambiemos. Y aquí es donde Gandhi entra en juego. Si nuestras sociedades se rigen por el principio de la avaricia, con los ricos haciendo todo lo posible para enriquecerse aún más, la creciente crisis de recursos producirá una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres, y muy posiblemente a una lucha cada vez más violenta por la supervivencia….Si la codicia prevalece, el motor del crecimiento económico agotará nuestros recursos, marginará a los pobres y nos llevará a una profunda crisis social, política y económica. La alternativa es un camino de cooperación política y social, a escala nacional e internacional. Habrá recursos suficientes y prosperidad para todos si convertimos nuestras economías para que hagan uso de fuentes de energía renovables, prácticas agrícolas sostenibles y un régimen tributario razonable para los ricos. Este es el camino a la prosperidad para todos a través de tecnologías mejoradas, justicia política y conciencia ética. (Jeffrey D. Sachs)
– “El interés general debe primar sobre el interés particular, el reparto justo de la riqueza creada por el mundo del trabajo ha de primar sobre el poder del dinero”. En relación con el momento actual, reflexiona Hessel con mucho acierto: “Se atreven a decirnos que el Estado ya no puede asegurar los costes de estas medidas sociales. Pero ¿cómo puede faltar hoy el dinero para mantener y prolongar estas conquistas cuando la producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde la Liberación, el periodo en que estaba arruinada Europa? Si no fuera porque el poder del dinero, tan combatido por la Resistencia, nunca fue tan grande, insolente, egoísta, con sus servidores introducidos hasta en las más altas esferas del Estado. Los bancos privatizados se muestran sobre todo preocupados por sus dividendos y los altos salarios de sus dirigentes, no por el interés general. La brecha entre los más pobres y los más ricos nunca fue tan importante, y la competición por el dinero nunca estuvo tan animada”.