Una excusa como otra cualquiera

Cita mensual, a ser posible. Es decir: por lo menos una vez al mes.

Siempre con comida o cena por delante. Momento de conversación, de ponernos al día.

Rotamos de casa en casa. Los anfitriones preparan siempre el segundo y el resto se encargan de entrada, vino y postre.

Después viene el ‘a cara de perro’ siempre cariñoso.

El inicio del juego que nunca se sabe dónde o cuándo terminará.

Partida de canasta siempre a ‘tres sets’ y tres contra tres.Necesario ganar dos.

Salta la sorpresa son frecuencia. Ayer C. que cumplió 50 a mitad de partida tuvo, dicen los viejos expertos, la ‘suerte de la novata’ que me tocó compartir.

Y entre mano y mano tiempo para la charla, el comentario, el pase de revista, el guiño cómplice.

Nos conocemos, casi, del derecho y del revés.

El mes que viene sustituiremos partida por excursión.

No deja de ser otra excusa entre personas que quieren seguir sientiéndose cerca.

Ayer mientras veíamos los cambios en la casa de M. y G., una mano cariñosa de amiga me rascaba la espalda, una forma de saber que ella sigue estando ahí para lo que haga falta.

2 comentarios en “Una excusa como otra cualquiera

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