¿Qué se esconde detrás de una botella?

El vino, la mesa compartida se convierte en ocasiones en maravilloso espacio de encuentro, de experiencia, espacio de confidencias, de disfrute, de desahogo de las penas.

El domingo pasado estuve comiendo en el Prada a Tope de Bilbao. La comida de carácter familiar suponía una celebración especial. Casi podría decir que era una celebración de la vida que seguía latiendo.

El espacio, el nombre, me trajo al mismo tiempo recuerdo de otra comida en otro Prada a Tope en un agosto de 2009 en el que simplemente celebrábamos la amistad, la posibiliddad y el riesgo del trabajo compartido.

En ambas ocasiones el vino, la mesa y el espacio han servido de hilo conductor del recuerdo.

Cuando venga la muerte, no habrá vuelta atrás, ¿acaso tengo que vivir pendiente de ella porque aún no ha venido? (Anjel Lertxundi; Línea de fuga; pag. 140)

Todos tus libros

La semana pasada se ha celebrado el Congreso de Libreros y por algunos feed-backs que llegan del mismo y mirando las conclusiones parece que ha habido trabajo serio y con prospectiva.

Me alegro y añoro tiempos anteriores.

Ya he trasteado con una de las porpuestas recogidas que es realidad.

Me refiero a ‘Todos tus libros

Una herramienta sencilla en su concepción pero tremendamente eficaz. Poder saber quién tiene o dónde está ese libro que buscas.

Los libreros venían ya hace tiempo trabajando con esta herramienta desde sus propias librerías. Es decir: te acercabas a una de ellas y aunque no tuvieran el ejemplar y suponiendo que estuviera agotado o descatalogado podían consultar su posible existencia y gestionarte el libro desde tu punto de venta habitual.

Ahora esta consulta se traslada a internet.

Señalaré algunos elementos que me parecen claves en esta fase inicial de proyecto.

1. La importancia que tiene el que hablen entre sí distintos sistemas de gestión.
2. El poder que da la información que al mismo tiempo está centralizada, pero distribuida en su gestión.
3. La ocasión que tienen las librerías de remarcar el poder y la fuerza que da la diversidad.
4. La utilización de las Tic para reforzar lo local y cercano y no ‘desmaterializar’ el trabajo.
5. El dejar tras la consulta la decisión en manos del usuario. La confianza acaba generando confianza
6….

¡Felicidades!

Prueba de estar a gusto

Cada uno solemos tener la nuestra. Sabemos perfectamente qué hábitos vitales la acompañan, cómo nos situamos ante la vida y los otros. En fin… un conjunto de pequeñas sensaciones.
Un modelo:
Prueba del nueve de que estoy a gusto: Miro todo, y todo me parece bonito o interesante por algo. Sensación de agilidad en la cabeza y el cuello. Placer de andar. La postura erecta, que tantas veces me parece antinatural, aquí se convierte en la normal. Hasta en la playa estoy de pie. Mientras camino por el paseo, encesto en una papelera desde tres metros el paquete de tabaco arrugado. Un tiro impecable. Como Michael Jordan, como un monje zen disparando su arco. La relajada y buena cara que tengo. (Iñani Uriarte; Diarios 1999-2003; pag. 143)

De dónde somos?

Como tantas veces mes a mes, escaparate a escaparate, idea a idea, los amigos de El Cajón planteándonos un nuevo interrogante (ver imagen), un ‘sin resolver’ y quizás esperando una respuesta.
¿Quién eres tú?

… Todos tenemos que enfrentarnos algún día a la terrible pregunta de la Oruga…Somos el rostro en el espejo, el nombre y la nacionalidad que nos han dado otros, el sexo que nuestras culturas definen implacablemente, el reflejo de la mirada de quienes observamos, la fantasía de quien nos ama y la pesadilla de quien nos odia, el cuerpo incipiente en la primera cuna y el cuerpo inerte bajo la sábana mortuoria. Somos todo eso, y además su contrario, nuestro yo en la sombra. Somos los rasgos secretos que faltan en nuestro supuesto retrato exacto, en nuestra descripción que dicen fehaciente. Somos alguien a punto de ser, y también alguien que ya ha sido. Nuestra identidad y el lugar y en el momento en que somos son algo fluido, y pasajero y múltiple, como el agua. (Alberto Manguel; La ciudad de las plabaras; 201-202)

¡Indignaos!

>

¡Indignaos! de Stéphane Hessel.
Dos nonagenarios, Stéphane Hessel y José Luis Sampedro tienen que poner el grito en el cielo para que nos conmovamos (movamos con otros) como casi una llamada a la desesperada esperanza y no exasperación a la que quieren convocarnos.
Quizás nada nuevo bajo el sol salvo, y es importante, quiénes se ven obligados éticamente a alzar su voz que nunca ha estado callada y que resuena conjunta en estos días con un par de artículos leídos en la prensa.
El primero de Daniel Innerarity (Los secretos están en otra parte) en el que afirma:
La desconfianza actual puede ser interpretada como una reacción de los inversores contra un sistema financiero opaco, cuya magnitud no terminan de comprender. La economía no es, ciertamente, una realidad simple, pero cuando la complejidad inevitable se transforma en opacidad sospechosa, los actores se bloquean y los mercados dejan de funcionar. Podríamos hablar en este caso de una opacidad ideológicamente producida. El hecho mismo de presentar los asuntos financieros como algo excesivamente técnico y complejo ha facilitado una transferencia de autoridad hacia los supuestos expertos y ha devaluado la de los gobernantes. Esto ha despolitizado tales asuntos y ha sustraído decisiones relevantes de la pública discusión. No es justo que la vigilancia sobre el mundo esté tan mal repartida. Bastaría con que la economía estuviera sometida a la misma observación que se ejerce sobre la política para que las cosas funcionaran mucho mejor. ¿Para cuándo un wikileaks de los mercados? Es otro nombre para designar, a falta de otro término mejor, eso que llamamos gobernanza económica global. 
Una ola de desconfianza recorre el mundo, pero no es únicamente desconfianza económica sino ante todo pérdida de legitimidad de la política, desconfianza en la vida pública y en la acción institucional, desconfianza de todos respecto de todos agravada por las privaciones, en espera de un nuevo pacto social que se adivina difícil, puesto que quienes tendrían que promoverlo son aquellos mismos que han destruido el antiguo justamente con su concepción miserable de la política y de la vida pública. El “sálvese quien pueda” que anima los mercados parece reinar también en el espíritu de la Unión Europea, en el de las Naciones Unidas y hasta en el de la sociedad civil de cada uno de sus miembros: “El temor, la defensa, / el interés y la venganza, el odio, / la soledad: he aquí lo que nos hizo / vivir en vecindad, no en compañía”, escribía Claudio Rodríguez. Y la primavera, ajena a las limitaciones de velocidad, nos ha pillado desprevenidos.
Entre ambos algunas de las citas del libro:
– El dinero y sus dueños tienen más poder que los gobiernos (Sampedro, 12)
– Los medios de comunicación están en manos de la gente pudiente, señala Hessell. Y yo añado: ¿quién es la gente pudiente? Los que se han apoderado de lo quees de todos. Y como es de todos, es nuestro derecho y nuestro deber recuperarlo al servicio de nuestra libertad (Sampedro, 14)
– Hoy se trata de no sucumbir bajo el huracán destructor del “siempre más”, del consumismo voraz y de la distracción mediática mientras nos aplican los recortes. (Sampedro, 14-15)
– Nunca había sido tan importante la distancia entre los más pobres y los más ricos, ni tan alentada la competitividad y la carrera por el dinero. (Hessel, 25)
– Sartre nos enseñó a decirnos a nosotros mismos: “Sois responsables en tanto que individuos”. Era un mensaje libertario. La responsabilidad del hombre que no puede encomendarse ni a un poder ni a un dios. (Hessel, 28)
– Desafortunademente, la historia da pocos ejemplos de pueblos que saquen lecciones de su propia historia. (Hessel, 39)
– El pensamiento productivista, auspiciado por Occidente, ha arrastrado al mundo a una crisis de la que hay que salir a través de una ruptura radical con la escapada hacia delante del “siempre más”, en el dominio financiero pero también en el de las ciencias y las técnicas. (Hessel, 45)
– …

A nadie le amarga un dulce

Ayer entre comra y compra para asegurar la manutención semanal me encontré por la calle con A. Eran más menos las 10 de la mañana así que todavía andaba con la legaña sin acabar de soltar.
Según nos cruzamos me soltó a la cara: ¡Sales en Babelia! Lo primero que me vino a la cabeza fue una frase de hace ya tiempo de M. que venía a decir que qué más daba salir en Babelia si no lo lee nadie. Así que pensé que por lo menos una persona en Bilbao lee la letra pequeña.
El hecho es que sí salimos. Parece que nos hemos colado en el último artículo de Manuel Rodríguez Rivero cuando dice:
si están interesados en las cuestiones que suscita el entorno digital en las librerías, no se pierdan el último número de Texturas, la estupenda revista sobre edición y cultura escrita dirigida por el polifacético Manuel Ortuño y José María Barandiarán. El mismo sello (Trama) que edita la revista ha publicado recientemente Las razones del libro, una apasionada, integradora y sugerente apología de lo impreso a cargo de Robert Darnton, que además de ser uno de los más importantes y sabios historiadores del libro siempre practica la exquisita cortesía de no escribir (sólo) para profesores.
Mi presencia actual es pura cortesía y muestra de amistad de Manolo.
Creo que merecen un agradecimiento especial todas aquellas personas que alimentan la revista con sus proposiciones, artículos, sugerencias desde una cierta mentalidad del procomún tan esacasa en nuestra sociedad y en el sector del libro cuando nos movemos ya fuera del ámbito asociativo.
Así que hoy voy a disfrutar de este dulce dominical que volveremos a degustar más intensamente en algún momento de nuestra vida.

Dedicar tiempo

El jueves a la mañana tuve una interesante reunión en Eutokia con otras cuatro personas.
La idea básica era conocer un nuevo proyecto naciente y ver de qué manera podíamos colaborar y/o encontrar posibles puntos, cruces de intereses.
Fueron dos horas agradables y provechosas que tuviero además lugar en un curioso ‘cubo móvil’ que trasmitía a ratos la propia sensación de movimiento y de cierta inestabilidad en la que nos movemos en estos momentos no sólo en lo más estructural, Libia o Japón por ejemplo, sino también en lo más cercano y personal.
Trasladaba el espacio la sensación de movilidad e inestabilidad que tanto nos acompaña en el vivir diario.
Nos fuimos después a comer  un menú al Restaurante Ochoa donde nos encontramos con dos personas más entre ellas Virginia Imaz a quien hacía casi más de 20 años que no veía de manera sosegada.
Ya en la comida uno de los participantes en la reunión me hizo notar que le había llamado la atención el tiempo que había dedicado por mi parte y la sensación que había tenido por la suya de que no iba yo con un ritmo acelerado.
Ahora a la mañana, prontito para ser un sábado, mientras desayunaba le daba vueltas a lo difícil que resulta a veces el dedicar tiempo a las pequeñas cosas mientras se vive a un ritmo acelerado y la dificultad que supone el cruzar-vivir momentos que en lo concreto y cercano requieren una atención y un mirar a corto y el trabajo que te sitúa en muchas ocasiones con una mirada hacia el horizonte.
En esas estamos disfrutando en la tensión.
Para relajarla me voy al mercado a hacer la compra con calma y tiempo.