Cotidianidad y misterio

El tiempo va pasando a veces como si nada pasara o no pasara nada. Aparentemente se nos va en el hacer, en el estar. Habitualmente más en el hacer que a menudo nos parece necesario para dar sentido aunque no tengamos claro el qué, el para quién o hacia dónde.
El pararse no suele ser habitual. Nos provoca en ocasiones cierto temblor vital. Parece que el hacer nos da el aliento para seguir haciendo.
Se me cruzan dos párrafos de Anjel Lertxundi en Vida y otras dudas:
– Si escribo, si leo, es porque la propia vida se me antoja sumamente extraña. La cotidianidad, sin embargo, me oculta esa extrañeza; lo cotidiano es una tupida hojarasca que esconde el misterio de la vida. (pag. 62)
Más adelante…
– La vida es una invitación a habitar la cotidianidad.
         Pero ¿cómo vivir la cotdianidad?
         Fijarse en los cambios de luz que suceden sin cesar, disfrutar cada momento, saber sobrellevar los momentos de oscuridad, llamar sin cesar con los nudillos a la puerta de la vida, preservar su misteriosa verdad, sacudirse de encima la pereza producida por la trivialidad de las cosas conocidas, huir de la trampa más mortífera de la cotidianidad -la desidia- como el pájaro ante la proximidad del gato…
          Y todo ello sin temor a que nos tomen por locos. Más aún deberíamos a aprender a hacernos los locos. En ocasiones da mucho juego. (pag. 76)

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