Usategi

Hoy en Bilbao y alrededores está haciendo un día estupendo. Sol, buena temperatura y brisa agradable.

He aprovechado la mañana para dar un buen paseo desde el Molino de Aixerrota hasta las playas de Sopelana (La Salvaje y Arrietara) y una vez terminado, todavía a buena hora me he acercado a Usategi para ya en la sombra dar buena cuenta de la prensa y recordar con agradable nostalgia un espacio al que me arcaba con mi padre de niño y desde donde vimos asombrados con pocos años todavía una de las mareas vivas de se septiembre.

Me he encontrado en El Correo con un artículo de Pello Salaburu, La dificultad de lo nuevo, que comparto y que se complementa, por lo menos en una parte, con el que ayer escribió Pedro Ugarte en Elpaís (edición País Vasco).

Dos citas breves de ambos:

– La indignación sobreinterpretada, en Elorrio, en Madrid o en Barcelona de incontrolados que persiguen a un cargo electo llamándole ¡fascista! demuestra que los tipos ignoran qué es realmente un fascista. De haber llegado a tiempo, Oscar Wilde hubiera puntualizado que ser o no fascista resulta, en el fondo, una cuestión de estilo. (Pedro Ugarte)

– El caso es que Bildu está ya gobernando. Tiene buen ganar y no muy buen perder, al menos en algunos sitios: las codazos y las voces en Elorrio, así como en otras localidades, nos recuerdan a momentos que creíamos olvidados y desterrados para siempre. Pero no debe resultar fácil cambiar a cachorros que se han ido criando con parámetros no compartidos por el resto de la sociedad, y que se encuentran de súbito ante una situación imprevista: del «a mi sí no hay no», tienen que ir pasando poco a poco al «a mi sí puede haber un no, aunque me reviente». Les va a costar, me temo. Esperemos que eso hayan sido daños colaterales mínimos, y que realmente se hayan dado cuenta de que así no van a ningún lado. (Pello Salaburu)

Entre lectura y lectura en cualquier caso disfrutando de una terraza tranquila, la de Usategi, sin agonio de gente y con la posibilidad además de hacer un seguido de aperitivo y comida picoteo a precios suficientemente razonables en función, también, del tiempo que hemos disfrutado del espacio y de la atención recibida.

Usategi ha pasado en su historia por muchas manos. Desde camareros engolados hasta jóvenes más informarles como los que ahora parecen regentarlo y cuenta todavía con la ventaja, importante, en muchos casos de que por allí no se pasa por casualidad, sino que hay que ir al mismo expresamente.

Vamos que haciendo un símil no vale, como dice Txeroki, jugar a la estrategia de la participación en estos momentos como si la misma fuera un casual, sino que hay que creer realmente en ella e ir a buscarla. Luego, eso sí, te puede ocurrir como en el Usategi que los camareros y la gestión cambia de manos, pero a uno le sigue mereciendo la pena ir allí y no solo por una cuestión de interés.

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