Ancianos cercanos

En la medida en que a uno le van pasando los años, a los mayores que nos rodean también les van cayendo o pasando y pesando en y por sus vidas.

A veces a algunos los años les van pesando más que a otros, suponiendo más achaques y, en ocasiones, menor calidad de vida.

Como estamos metidos en temporada de achaques de alguno de los nacianos de la familia no está tampoco traer un recuerdo utilizando palabras de Miguel Sánchez-Ostiz:

La otra cara, digo, ha sido el haber estado con gente octogenaria, tu gente, la que has conocido de muy joven en la plenitud de su vida corajuda, negándose a la invalidez, haciendo lo mejor que sabe hacer, un plato de cocina refinada, sin mayores trasdendencias ni alharacas gastronómicas, no dejándose, no abandonándose, sabiendo que lo que cuenta es esa vida que tienen, ahora, su presente, el de los gozos, los detalles del bien vivir y los afectos inmediatos.

A mí me parece que los ancianos nos dan lecciones de entereza y de humildad a cucharadas soperas. Abren ante nosotros una realidad de hospitales y de situaciones que nos resultan inhumanas y que si prestamos atención nos empequeñecen. Se quejan, cuando lo hacen, débilmente, tal vez por no espantarnos, … (Vivir de buena gana; pag. 176-177)

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