O conmigo o contra mí

Ahora que ya parece que tenemos todas las instituciones de Euskadi re-constituidas, sin mayorías absolutas salvo rarísimas excepciones, donde todos lanzan el discurso del gobernar para todos buscando la integración traigo una breve reflexión de Miguel Sánchez Ostiz en Vivir de buena gana para procurar, precisamente, que no caigamos en ella de nuevo como constatación.

En el mundo del vasquismo, vivido como una tosca y feroz profesión religiosa, basta con apartarse de la doctrina oficial que corra esa temporada, que corra en la secta que más cerca tengas para caer en desgracia. El apoyo al dogma tiene que ser continuo e incondicional. No basta con haber coincidido alguna vez en la defensa de algo que sea o que consideres justo. Cuenta la devoción, el sometimiento a la verdad revelada, la militancia, la cohesión. Es triste, es más que triste porque eso se lleva por delante afectos, amistades de cuya solidez solo dudas a posteriori. Este es el país de las devociones, personales, familiares, culturales, el de la bandería, del conmigo o contra mí. Jamás nadie por cuenta propia, a riesgo de convertirse en un sospechoso y anatema. Ni en la derecha conservadora e integrista ni en la izquierda vasquista. Visto desde fuera puede parecer irrelevante, desde dentro las cosas no se ven de otra manera, se padecen, a secas. (pag. 147)

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