Pasear

Ser lento significa no apresurarse jamás, no esforzarse denodadamente por ahorrar tiempo sin más finalidad que la de ahorrarlo. Significa permanecer sosegado e imperturbable incluso cuando las circunstancias nos fuerzan a acelerar. Una manera de cultivar los recursos interiores de la lentitud es dedicar tiempo a actividades que plantean un reto a la aceleración: la meditación, la labor de punto, la jardinería, el yoga, la pintura, la lectura, pasear (Carl Honoré; Elogio de la lentitud, RBA, pag. 224)

He vuelto esta semana al paseo diario. Sé que me va bien, pero como sin darme cuenta la vorágine va restando tiempo y agosto parece presentarse en los últimos años como un mes propicio para intentar volver a coger ritmos más sosegados.

Paseo a las tardes.

Siempre, por ahora, el mismo recorrido. El paisaje parece el mismo pero cambia cada día. Basta que la hora sea distinta para que, por lo menos el paisaje humano cambie.

A primeras horas de la tarde y en agosto Bilbao se presenta como una ciudad tranquila y amable, con poca gente en las calles y gran parte de ella casi convertida en estatuas humanas tomando su café o disfrutando de los bancos y del sol que parece ya al fin mostrarse con pereza y timidez estos días.

Mientras ando a ritmo continuo los pies van a su ritmo y la cabeza dando vueltas al suyo. El que aparece de manera constante cuando ya me acerco al parque es el sudor que gota a gota me va a compañando.

Luego están las sospresas que el tránsito nos puede deparar.

Ayer en el semáforo de Urquijo con Doctor Areilza como si la carretera fuera el ‘charco’ que nos separara a una y otra orilla del Atlántico vuelvo a ver a una persona que hace años no veía. Al cruzar la carretera viene el abrazo, la puesta al día. Él está ahora en Méjico. Lleva ya unos años.

Nos paramos, charlamos, nos pasamos las coordenadas de contacto y sigo el camino mientras la cabeza cambia el chip y ronronea sobre la dialéctica entre persona e institución, sobre los límites del dentro y fuera, sobre el pertenecer o formar parte de…

Un poco más abajo me encuentro con J. y M. Parada de nuevo. Hay tiempo. Nos preocupa la situación económica que, por lo menos, no nos impedirá seguir andando por ahora.

Ya a la altura del Arenal me vuelvo a encontrar con G., L. y la pequeña I. No nos habíamos visto nunca hasta antes de ayer y en dos días nos vemos dos veces. Los caprichos de lo inesperado.

¿Qué deparará el próximo paseo?

En la variedad está el gusto

Tarde inesperada, pero muy agradable.

Un amigo catalán se acerca por Bilbao. Ya habíamos quedado de víspera para echar juntos al final de la tarde.

X. no viene esta vez olo sino acompañado de su ganancial E. y, además, trae compañía inesperada G.+L.+la pequeña I. que se portó como una ‘santa divertida’.

Visita a la Alhondiga ya que había hasta ‘intereses empresariales’ por medio. Cerveza reposada, sin alcohol en algún caso, en la terraza del edificio consiguiendo además mesa.

Paseo y conversación tranquila hacia la Plaza nueva. Más cañas, algún pintxo y conversación cruzada y saltando de tema a tema o de una persona a otra.

Tarde deliciosa y la sensación de que el boca-oreja que yo pensaba que sólo funcionaba en el libro, pero parece que en el cine también, funciona de maravilla para ir tejiendo redes de contactos que siempre me sigue pareciendo mejor que sea palpable.

Así que a los que os acercateis por Bilbao ¡Gracias por la visita!

 

Nota final: alguna tía en ciernes que espera sobrina podría haber aprovechado la tarde para hacer sus primeras prácticas y ipinitos con la pequeña I.

El tiempo pasa….

… algunas personas permanecen.

Lo hablaba ayer con A. después de una reunión de trabajo.

Julio ha sido un mes intenso en lo personal. Un buen momento para darme cuenta y constatar de facto cómo a lo largo de lo que vamos-voy viviendo lo que al final quedan más allá del devenir del ajetreo son personas.

La muerte, la enfermedad, una situación personal complicada e inesperada vivida nos sitúa con claridad ante el otro y ante nosotros mismos y nos permite palpar y sentir quién está cerca o no.

Hace ya un tiempo me comentaba una amiga el temor que le suponía enfrentarse a un cambio de trabajo y poder perder con ello parte de los lazos afectivos y amistosos que había creado.

El tiempo y la manera de situarnos ante él y ante los otros va colocando cada cosa en su sitio permitiéndonos ir más allá del momento cotidiano y facilitando que perdure lo que merece la pena.

Empiezo a leer en una tarde sosegada después de pasear Década de Andrés Neuman antes de arranacr el poemario en la nota del autor me encuentro con:

La intimidad, de hecho, me parece un territorio de reflexión imprescindible en una sociedad que masifica a sus miembros fingiendo individualizarlos. (pag. 18)

Quizás la muerte, la enfermedad, los momentos especiales son los que nos sitúan ante nosotros mismos removiéndonos en lo más íntimo y profundo que sólo compartimos con nosotros mismos o con el otro cercano.

Todo lo demás con el tiempo son fuegos de artificio que una vez que explotan y lucen desaparecen.

Conocido, desconocido….

Me acerco de nuevo al Libro del desasosiego de Fernando Pessoa.

El librívoro ya andará pensando que escribo poco propio y ‘copio’ mucho, pero uno cree que no siempre es necesario repensar o reescribir lo que ya está bien dicho, reflexionado y escrito, sino que merece más la pena y de manera modesta ponerlo en valor.

Así que tras leerlo me quedo dando vueltas a la cabeza pensando en la relatividad, los preconceptos y la necesidad que tenego de nombrar el mundo aún reconociendo que en muchas ocasiones estaré equivocado o, quizás, mal enfocado.

Damos generalmente a nuestras ideas de lo desconocido el color de nuestras nociones de lo conocido: si llamamos a la muerte un sueño es porque por fuera se parece a un sueño; si llamamos a la muerte una nueva vida, es porque parece algo diferente a la vida. Con pequeños malentendidos con la realidad construimos las creencias y las esperanzas, y vivimos de las cortezas a las que llamamos panes como los niños pobres que juegan a ser felices.

Pero así es toda la vida; así es, al menos, aquel sistema de vida particular a lo que comúnmente llamamos civilización. La civilización consiste en dar a una cosa un nombre que no le corresponde, y después soñar sobre el resultado. Y realmente el nombre falso y el sueño verdadero crean una  nueva realidad. El objeto se hace realmente otro, porque lo hicimos otro. Manufacturamos realidades… (pag. 82)

¿Información o conocimiento?

El País ha publicado este domingo un par de artículos que requieren lectura sosegada y van bien para el mes de agosto.

El primero de Mario Vargas Llosa que con el título Más información, menos conocimiento que, entre otras cosas, vuelve a poner en solfa la aparente neutralidad de las herramientas y vuelve a acercarnos la ya conocida reflexión de ‘El medio es el mensaje’, también en la era de internet. Si ‘cuando más inteligente sea nuestro ordenador más tontos seremos’ el asunto es de preocupar.

Y la verdad es que me vuelve a entrar la duda en ese juego peligroso entre tener mucha información y no saber cómo gestionarla, es decir cómo aplicarla para la vida.

En el siguiente artículo que lleva por título Google ya es parte de tu memoria se dice:

Haya o no cambios funcionales, lo que está claro es que con las nuevas tecnologías se ven afectados aspectos del aprendizaje y el comportamiento. Por ejemplo, la psicóloga clínica Esther Legorgeu indica cuatro aspectos en los que ella cree que se está produciendo un perjuicio. “El interés por los textos escritos y la capacidad de comprensión están empeorando”, afirma. También cree que la “capacidad de imaginación está disminuyendo, porque las nuevas tecnologías lo dan todo hecho. Más que inventar, lo que ahora se hace es planificar la búsqueda de la información. Al leer en un papel hay que hacer un esfuerzo para relacionar lo escrito con lo que se sabe. Ahora esas relaciones están ya en la pantalla”, dice.

Algo habrá cuando el río suena. Y las reflexiones no son nuevas. La ley de Malthus de la información y el principio de infoxicación debería por lo menos mantenernos en un estado de alerta.

Si además en el período donde parece existir mayor información y aparentemente mayor acceso nos han metido a los ciudadanos el gol del crack económico y nos han dejado prácticamente sin poder de reacción poco útiles parecen haber sido para el ‘antes’ las tecnologías falsamente comunicativas.

Los modelos parecen estar en crisis, pero quizás  el más preocupante no sea el informacional, sino el político.

Y todo ello con unas elecciones a la vuelta de la esquina donde a algunos parece que se les vuelve a llenar la boca con el ‘escuchar al ciudadano’ y con la puesta en marcha de herramientas como si todo esto fuera casi mecánica o robótica. Algo de ello hay.

 

Datos información conocimiento sabiduría

http://es.scribd.com/doc/54174797/4/DICS-Datos-Informacion-Conocimiento-Sabiduria