Cultura y diversidad. A propósito de editores y Kukutza

Termino de leer el libro de Gilles Colleu La edición independiente como herramienta protagónica de la bibliodiversidad.

Al terminar y cruzando ideas y situaciones constato lo poco que se ha escuchado la voz de los sectores de la industria cultural (libro, audiovisual…) en el asunto de Kukutza.

Sí han hablado algunos creadores, pero poco se ha escuchado a la industria, a las empresas y a las asociaciones sectoriales.

Parece que cada uno va por su lado como si la posible diversidad supusiera, casi, incomunicación o visión sólo sectorial.

En el libro se señalan los peligros de la finaciarización o también de que no podamos poner cara y ojos a los propietarios de las editoriales.

Y esto tiene su importancia. Los proyectos para ser distintos tienen que tener en su base a personas. Tenemos que poder poner a los mismos boca, que se expresa, y ojos, que observan, distintos. Por un lado los proyectos con billetes, todos iguales, o aparentemente colectivos, donde el conjunto esconde a los agentes, velan el trabajo y la realidad.

Una cosa es agruparse y otra, muy distinta, uniformizarse. Se dice en el libro:

Sea como fuere, estas agrupaciones -muy diferentes entre sí y de colores políticos a veces muy alejados- muestran que cada vez hay más editores independientes que tratan de trabajar mancomunadamente. Se trata de mutalizar costos, pero también competencias y recursos.Un colectivo logrado es aquel que supo y sabe encontrar continuamente una unidad en el respeto y la promoción de la diversidad. (pag. 178)

Me llama en esta línea la atención no haber escuchado, no digo que no se haya hecho, una autocrítica o voces distintas dentro de Kukutza sobre el proceso vivido.

Se dice también un poco antes en el libro en referencia a los editores:

No obstante, por lo general éstos son individualistas o más bien egocéntricos esencialmente obnubilados por la singularidad de su catálogo. No es simple entonces crear una estructura común que no beneficie a uno más que a otro. (pag. 140-141)

Vuelvo al tema de Kukutza y recojo algunos de los principales beneficiados del final del proceso, cuánto nos gusta hablar de procesos en este país, en palabras de Linda Caritza:

Puede que a algunos les haya satisfecho volver a la calle a darle otra vez al músculo vándalo, porque si no te cogen se pasa bien, pero con sus acciones violentas han dado un golpe terrible al propio proyecto Kukutza.

Quizás todos somos cortos de vista y se ha producido un cruce de modelos en Kukutza como tambén ocurre en otros sectores de la cultura.

La comparación de los dos modelos (el financiero y el cultural) a menudo es difícil y muchos analistas de gestión procedentes de otros sectores confiesan no comprenderlo del todo. En efecto, los índices más utilizados para el análisis de una estructura son los datos contables. Estos datos anuales reflejan bastante rigurosamente el funcionamiento de una empresa con el ciclo de producción corto, pero no muestran la realidad del desarrollo de una empresa con un ciclo de producción largo. Al estimar únicamente el valor económico, se olvida principalmente la noción de inversión intelectual. (pag. 87-88)

Si realmente en Kukutza, y no lo dudo, hay proyectos de largo plazo seguirán teniendo vida, otra probablemente porque las circunstancias y el contexto físico se ha visto obligado a cambiar, pero en cultura y más en los tiempos de hiperconexión todo puede y debe ir más allá de los espacios físicos que los contextualizan puntualmente.

Ni Amazon en el mundo del libro, ni decisiones administrativas concretas son capaces de terminar con proyectos que tienen un claro respaldo ciudadano.

En su tiempo, hace unos diez años,  en este paisito, por poner un ejemplo final, ‘los chicos de la piedra’ consiguieron que la librería Lagun de San Sebastián tuviera que cerrar en su histórica ubicación en la Plaza de la Constitución. Ello no ha impedido que Lagun siga existiendo gracias a la iniciativa ciudadana que permitió, en base a abundantes pequeñas aportaciones,  la disponibilidad de otro local donde esa experiencia cultural siguiera viviendo y aflorando tras haber realizado un ‘trasplante de tiesto’.

Conviene no olvidar que siempre hay una historia.

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