Los matices

Porque aquí está el problema esencial: hemos perdido todos los matices. Y con los matices, todos los sentimientos que los acompañan o los provocan. Amar, por ejemplo, tiene un solo sentido para todos. Cuando alguien pronuncia ese verbo, las asociaciones lógicas que desarrolla nuestra mente son siempre las mismas y no se sale de ellas: «Fuerte necesidad física y malestar por la ausencia del objeto (exponente altísimo, yo diría diez); posesión, matrimonio, hijos, herencia, sexo, según necesidades».

Pero yo, yo estoy a salvo, indemne. Yo conozco los nombres, y los matices, y permanezco a la espera.

Mientras tanto, narro. (Roberto Veccioni; El librero de Selinunte; pag. 13)

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