Besos

Me levanto hoy en este Día de los inocentes y me encuentro con un artículo de Manuel Rodríguez Rivero que empieza así:

Nunca besamos bastante, pero siempre besamos demasiado. Descuidamos el sensual prólogo del amor (sobre todos los varones, más ansiosos de sumergirnos rápidamente en el texto) y, sin embargo, malgastamos nuestros besos con quienes nada valioso nos jugamos.

Recuerdo aquellos besos recibidos, cariñosos unos, sensuales y sexuales otros, protocolarios los más. También los besos que me hubiera gustador dar y no pude o no me atreví. Algún besos que me hubiera gustado recibir o que hubiera ido más allá de ese intercambio de mejillas que justo se rozan.

Los besos preámbulo, los besos finales del adio o del hasta pronto que nunca tuvo su concreción temporal posterior.

Todo un mundo alrededor de unos labios que, a veces, ni entran en el juego.

Me guardo ahora para mí los besos que repartiré la semana que viene al reencontrame con personas queridas.

Para ellas, pocas, quedan estos como adelanto.

 

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