Sol y sombra

Cuando salía hoy a media mañana a tomar un café, mañana fría vitoriana sin llegar a ser heladora, me ha venido a la cabeza esta pequeña dualidad: sol y sombra.

Al salir del edificio en la sombra sentía frío, pero justo al llegar a la línea del sol el cuerpo parecía entonarse agradeciendo un poco de luz y calor.

Estos días anteriores, el fin de semana, pasados por Asturias me provocaban al pasear la misma sensación cuando pasaba a través de una línea invisible de la sombra al sol y viceversa.

Mientras tomaba el café hablaba conmigo mismo de lo finas e impredecibles que a veces son las líneas entre la oscuridad y la luz, entre la alegría y la tristeza, entre tomarse la vida de una manera u otra.

Este paso es distinto a la sensación de ver amanecer, de ver progresar ese paso de la obscuridad a la luz. La propia diferencia del tiempo quizás nos ofrece también otra perspectiva.

El sol y la sombra son como esos momentos vitales que en un momento casi impredecible parecen situarnos en un punto o en otro y están con nosotros pudiendo saltar en cada momento.

El amanecer y anochecer nos sitúan en el tránsito vital más pausado si es que nos damos tiempo para vivirlo y contemplarlo.

Estamos hechos de momentos y procesos aunque no sabemos nunca con certeza cuándo cruzaremos esa fina línea.

¿Qué será de la cultura?

Leo dos artículos de Ramón Zallo en estos últimos días que han aparecido en medios distintos y tengo la sensación de que el análisis de opinión se mueve más en función del medio en el que se escribe que de la realidad que nos rodea.

En el que publicó en Deia el 2 de enero centra su tiro y enfoque en el Gobierno vasco mostrando un cierto desconocimiento de las funciones de algunos órganos de gobernanza al afirmar que el Consejo Vasco de la Cultura aprueba y vota los planes de cultura cuando no es ésta una de sus funciones que quedan recogidas de la siguiente manera:

Artículo octavo.– Funciones del Pleno del Consejo Vasco de la Cultura.
a) Adecuar y desarrollar el Plan Vasco de la Cultura elaborado por la Viceconsejería de Cultura, Juventud y Deporte, con carácter previo a su presentación al Consejo del Gobierno Vasco.
b) Proponer medidas que favorezcan la actuación coordinada en materia de cultura.
c) Estudiar y analizar cuantas cuestiones se refieran a la protección, creación, formación, producción y difusión cultural.
d) Aprobar la memoria anual de actividad elaborada por la Comisión Interinstitucional.
e) Evaluar los niveles de desarrollo y ejecución del Plan Vasco de la Cultura.
f) Cualquier otra función que le sea encomendada por las leyes y reglamentos al Consejo Vasco de la Cultura.

No existen, por lo tanto como plantea Ramón retrocesos en la codecisión, sino adecuación, quizás, a las funciones que puedan competer a cada órgano, teniendo en cuenta además que lor órganos los forman personas y quizás tenga más valor una decisión u opinión mostrada por un Consejo más numeroso en participación que Consejos de años anteriores.

Tengo la sensación también que gran parte de los agentes, algunos ni siquiera han sido contemplados hasta hace dos años, no compartan esa visión de ‘caramelos de bautizo’ en relación al bono cultura, aun situándonos en épocas de recesión y recorte los presupuestos a fecha de hoy son todavía bastante superiores en la Dirección de Promoción de la cultura a los gestionados en el año 2009.

En el artículo que hoy aparece en El Correo y recoge también Viento Sur la centralidad se sitúa e la capitalidad cultural 2016 de Donostia situándolo como un proyecto de ‘altísimo interés’ pidiendo a todas las instituciones que echen una mano al proyecto.

Habrá que pensar que los dineros que se destinen a 2016 también deberán restarse, sumar en estos tiempos va a ser díficil, de algunas otras partidas, pero siempre el análisis fino del presupuesto es tarea mñas complicada.

Sí estoy de acuerdo con la conclusión: Habrá de superar esas enfermedades infantiles que suelen ser la confusión entre hacer oposición y zancadillear proyectos de altísimo interés porque los gestionan otros, o dificultar la cooperación desde el “aquí mando yo”. Sectarismo Cero, ha de ser la consigna.

Lo que no me queda claro es cómo se traslada esto a los presupuestos, a las formas de hacer y tejer y cómo pueden convivir el trabajo que se intenta realizar con sentido para crear tejido sostenible y los grandes eventos que suponen una capitalidad.

Leía hoy a la mañana un sugerente artículo de Luis César Herrero Prieto, La contribución de la cultura y las artes al desarrollo económico regional. Termino con una cita del mismo:

Por ultimo, ha de mencionarse que los estudios de impacto económico recogen los efectos generados por las actividades culturales pero no sus costes adicionales, por ejemplo en términos de congestión turística, mantenimiento de  infraestructuras culturales, desgaste de las dotaciones urbanas, etc. Así mismo, estos trabajos estiman el impacto económico a corto plazo de una manifestación cultural o de una institución, pero no la eficacia a medio y largo plazo de la intervención cultural o de las inversiones que hayan implicado. Por esta razón, es importante también evaluar si estas acciones culturales son rentables socialmente a lo largo del tiempo y si son consistentes con un desarrollo económico y cultural sostenible, para lo cual, la realización de análisis coste beneficio de los proyectos culturales o la creación de un sistema de indicadores sobre la evolución de variables relacionadas con el sector cultural y económico, resultan ser medidas necesarias, sino imprescindibles en este sentido.

 

Sacudirse el dolor

‘No puedo sacudirme el dolor’.

–    …Hay naturalezas en las que todos los grandes acontecimientos y todos los sucesos sobresalientes, además de provocar una conmoción general en el alma, pulsan también la cuerda grave y sorda de un secreto dolor y de una íntima melancolía, cuyo sonido llega a ser tan elevado y penetrante que todos los semás sentimientos se disuelven en él perdiendo su ser. (Stefan Zweig; El amor de Erika Ewald; El Acantilado; pag. 61)

–    Frente al dolor siempre estamos solos y es necesario aprender a administrar esa sensación. (Marta Rivera de la Cruz; Tiempos de prodigios; Planeta; pag. 74)

No nos lo podemos quitar de encima. No es una prenda de quita y pon. Llega hasta lo más hondo de nosotros y sólo desde dentro lo sanaremos o nos situaremos ante la vida de otra manera.

 

Trama y Texturas 16 ya en mis manos

Me sigue gustando tocar, palpar, ver, tener entre mis manos.

Me sigue gustando la cercanía del tacto.

Soy de la generación ‘predigital’, cosas de la vida.

Así que ayer a la tarde cuando llegué a casa y pude tocar el nuevo número me produjo una gran alegría.

Ocasión también para compartirlo, Manuel ha sido generoso en el envío, y para ponerlo en valor.

Me metí de lleno en la Carta a los escritores de Honoré de Balzac y como ocurre con las buenas lecturas me llevóa hacia caminos inesperados que aparentemente no tienen nada que ver con el fondo que se aborda, pero que saltan como llamadas de atención.

La enfermedad de la época es la ausencia de corazón en política.

Y en la última página de la revista otra cita de Hubert Nyssen en esta ocasión.

Entrar en el mundo de la edición es como entrar en la crisis. Y está muy bien que así sea: la crisis aviva la edición.

¿Se puede pedir algo más actual en dos pinceladas?

Menos mal que la revista, así figura en su cabecera es ‘Sobre edición y libros, sus hechos y algunas ideas’.

Mala racha y ganas de hacer

Lo tenía guardado como oro en paño.

En los últimos años llega a mi correo una pequeña reflexión lúcida que en pocas palabras me ayuda a situarme ante lo vivido y ante lo que está por venir.

Como compartimos trabajo, tarea y quizás cierto talante ante la vida aquí os la dejo:

La mala racha
Mientras dura la mala racha, pierdo todo. Se me caen las cosas de los bolsillos y de la memoria: pierdo llaves, lapiceras, dinero, documentos, nombres, caras, palabras. Yo no sé si será gualicho de alguien que me quiere mal y me piensa peor, o pura casualidad, pero a veces el bajón demora en irse y yo ando de pérdida en pérdida, pierdo lo que encuentro, no encuentro lo que busco, y siento mucho miedo de que se me caiga la vida en alguna distracción. El libro de los abrazos (Eduardo Galeano)

Pero, sabéis, cada nuevo minuto, cada nueva hora, cada nuevo día, QUIZÁS ESTE NUEVO AÑO, tendremos la oportunidad de pensar en hacer algo por acabar con ella

Las ganas de hacer
Porque muy racionalmente me consta que estas cosas no dependen del dinero, el dinero que no hay, ni lloverán del cielo, ni brotarán de las manos de Tabaré. Estas cosas nacerán de la gente, y sobre todo de la gente joven, si a la gente se le despiertan las ganas de hacerlas. Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable. El país gris, el país triste, habla un lenguaje calandraca…. Estamos todos aburridos de escuchar consignas y discursos que masturban a los muertos. La energía creadora se desarrolla haciendo, y haciendo juntos. La militancia juvenil no languidece por falta de ganas, sino por falta de acción. ¿Hasta cuándo vamos a seguir ofreciendo tristeza a los tristes? ¿Hasta cuándo vamos a seguir vendiendo arena en el desierto?  Fragmento de: El derecho a la alegría, en Ser como ellos y otros artículos

Calentando motores…

Llevao unos cuantos días con el motor laboral con bajo nivel de revoluciones.

Mañana tocará de nuevo ponerlo a tono sin saber con claridad por qué nuevos caminos o ya trillados se tendrá que mover el vehículo.

Es como arrancar casi a la descubierta sin tener claro por dónde tirar.

Me encuentro cómodo en el garage.

Veremos cómo estaremos mañana de fuerzas para arrancar.

Igual el motor se cala y se cala y hay que proceder ya a cambiarlo o a jubilarlo.

¿Arrancará?

Cuando el libro no es industria cultural…

Se reestructuran en la Administracón central los organismos que de alguna manera han tenido relación con el libro. Desaparece la Dirección General del Libro y en el proceso de reorganización tengo la sensación de que la parte industriañl del sector ha ganado la partida a la cultural.

Todo ello resulta curioso aunque no extraño ya que se supone que en un Ministerio que se preocupa de la cultura debería ser lo cultural lo sustantivo y no lo industrial, pero esta es una ‘carta marcada’ con la que siempre han jugado los grandes grupos editoriales: vendemos la cultura como elemento de imagen, pero a nosotros lo que nos interesa son las lógicas meramente industriales.

Así no es de extrañar que los editores califique el nuevo reordenamiento como un guiño y que en cambio los escritores reaccionen con indignación.

Sin escritores indignados por lo que parece en este momento no haría industria, pero son los industriosos industriales del libro los que se han llevado, al parecer, el gato al agua.

Al mimso tiempo es curioso el nombre del nuevo organismo bajo cuyo paraguas se recibirán recibiendo subvenciones: Dirección General de Política e Industrias Culturales y del Libro. Parece un juego perverso ya que alguien deberá explicar cuáles son las industrias culturales. Se debe entender que hablar de industrias culturales y del Libro deja a éste fuera de la lógica de las industrias culturales.

Cada vez tengo más la sensación de que esto de hablar del Libro con mayúscula es como hablar de Dios con el problema de que el Vaticano Editorial pretende imponer su dogma y/o hacernos tragar a todos con ruedas de molino.

Luego, ya se sabe lo que pasa, que empiezan a aparecer comportamiento dif´cilmente justificables desde la lógica del dogma impuesto y no se sabe cómo salir del entuerto.

El sector del libro que sigaa la ‘Iglesia oficial’ da la sensación de ir por el mismo camino.

Quizás sea el momento de iniciar un movimiento de indignaos junto con los creadores dentro del sector del libro.

En vez del 15 M podría iniciarse el 23 A. Habría tiempo para prepararlo.

 

 

 

 

La felicidad. Banana Yoshimoto

Ahora me doy cuenta: entonces, pese a que me econtraba en uno de mis peores momentos, yo vivía en la mayor de las felicidades.

Tanto era así que podría guardar el tiempo vivido aquellos días en un cofre y custodiarlo como si fuera el mayor tesoro de mi vida. La felicidad llega sin llamar a la puerta, al margen de las situaciones y circunstancias que le rodean a una, con una independencia casi cruel. No importa en qué situación te halles o con quién estés.

No se puede predecir.

Es imposible fabricarla a nuestro antojo. Puede aparecer al siguiente instante o no hacerlo nunca, lo que convierte nuestra espera en un esfuerzo vano. Es imprevisible, igual que las olas o el tiempo. Los milagros siempre están al acecho y, ante ellos, todos somos iguales.

Pero eso era lo único que yo aún no sabía. (Recuerdos de un callejón sin salida; pag. 164-165)

Notas de una escapada por Madrid

He disfrutado de lunes a miércoles de una escapada por Madrid.

Lo iba a haber titulado como ‘viaje nostálgico’, pero R., con buen criterio, cuando comíamos el martes me señalo que la nostalgia y la melancolía tenían una connotación de tristeza y como en esta ocasión tiene toda la razón, me parece mejor en dejarlo como unas notas de escapada que me han devuelto a Bilbao con un buen nivel de sosiego que durará lo que dure.

Estos tres días han sido de pasear, dormir, leer y disfrutar de una larga conversación y un estar hombro a hombro y del brazo con R. que siempre agradezco y me da fuerza y otras miradas para nuevos vuelos en solitario.

Algunos de los espacios y lecturas que me han acompañado estos días.

Los libros y vinos en Tipos infames. Un precioso espacio donde toda su oferta visual-lectora y degustativa alcohólica es sugerente y atractiva.

En el segundo caso me decanté por el albariño y en el primero por dos lecturas, una ya finiquitada que me regalo R., Recuerdos de un callejón sin salida de Banana Yoshimoto y Siete años de Peter Stamm que está ya en proceso.

Siguiendo sin orden ni concierto me salto a El cocinillas al ladito de Tipos infames y donde disfrutamos el martes mano a mano de unas verduritas de temporada. berenjenas a la parmigiana, croquetas de hongos, cuscus con suprema de mero, tarta tatín y arroz con leche.

Un salto atrás en el recuerdo al pasar por la calle Valverde y encontrarme así

la fachada de Martínez de Murguía quien fue en sus tiempos un importador-exportador de libro americano y en donde me perdía entre sus estanterías en mis escapadas a Madrid hace ya más de 20 años.

No quiero olvidarme de los cafés en Pepe Botella donde siempre he compartido, ahora y antes, momentos de buena conversación y de lectura, de la visita también a la Librería Méndez donde arrastrado por la lectura de los Diarios de Iñaki Uriarte y la recomendación de A. han caído en mis manos los Ensayos de Montaigne, el paseo por Ocho y medio y la charla con María, un café a media tarde en La Vinícola Mentridana, los detalles comprados en La integral

y en Panta Rhei, los amaneceres de Madrid y su cielo que me sigue enamorando……y también mucho tiempo de lectura y charla.

Mientras bebíamos té sentados junto a aquella ventana inundada de claridad, nos envolvió una cálida y placentera luz amarilla. Era precisamente lo que quería; una luz que hacía pensar a mi corazón marchito: “¡He aquí lo que me faltaba!”.

La palabra que más se aproxima a lo que sentía tal vez sea “bendición”.

Tenía la impresión de que, después de tanto rebuscar, por fin había encontrado lo que necesitaba.

Por aquel entonces, yo creía que lo que nos unía era el sexo, pero luego me di cuenta de que no, de que con el simple hecho de charlar con él sentía una energía indescriptible que surgía del fondo del estómago y recorría todo mi cuerpo. “Sí, eso es. Con eso basta.”

Ese sentimiento acabó trasformándose en convicción, y con tan sólo sonreírnos el uno al otro nos sentíamos satisfechos. Creíamos que aquel momento duraría toda la eternidad… (Banana Yoshimoto; Recuerdos de un callejón sin salida; pag. 54-55)

¿Cómo somos?

Inicio el año terminando la lectura del segundo volumen de los Diarios de Iñaki Uriarte.

Os dejo aquí algunas de las ‘píldoras’ que aparecen en este segundo volumen y que de alguna manera me han tocado.

– “Somos como nos ven los demás”. No creo que nadie esté de acuerdo. Y menos yo, porque la mayor parte del tiempo no me ven el pelo. (pag. 174)

– Hay rostros con un fondo de tristeza que son como una prueba viviente de que la felicidad existe y de que la conocieron. (pag. 25)

– Mejor. Ha sido lo mejor para todo el mundo. Ya tenía muchos años. Lo que venía iba a ser peor. Mejor. Así ha sido mejor.

Es lo que más oigo últimamente cuando se muere alguien. La gente vive ahora demasdiado tiempo. No creo que la medicina deba sentirse muy orgullosa por ello. “por fin, por fin”, será tal vez  lo que oigamos en los funerales dentro de algunos años. (pag. 52)

– Para asustarme de mi ignorancia no tengo más que echar un vistazo a mi biblioteca. Miles de libros leídos de los que no recuerdo nada.

Pero continúo comprando y leyendo. Debe ser algo como eso tan criticado de “el sexo por el sexo”. (pag. 52)

– Lo que tenemos ahí dentro es un hervidero de pequeñas ideas luchando entre ellas. A veces se acoplan unas a otras, a veces se enfrentan ferozmente. Nunca logran un todo confortable en el que instalarse. Y si lo hacen, el resultado es la cabeza de un fanático. (pag. 64)

– Me gusta, como a todos, que me admiren, pero prefieron que me quieran. (pag. 124)