Respirar a pleno pulmón…

Me vienen recuerdos de momentos al aire libre.

En la orilla del mar paseando en soledad, sintiendo que el aire nuevo me llena los pulmones.

En medio del monte, contemplando el paisaje y dejando al aire entrar limpio y fresco.

Sensación de vida, de libertad.

Comía el viernes con el padre de un niño asmático. Habían pasao una semana movida de idas y venidas al hospital. Una semana movida. Es joven y se recupera. El aire vuelve a entrar a fluir con normalidad y la vida vuelve a su curso.

Con las personas mayores cuando el aire no puede entrar, ni el oxígeno artificial es suficiente, todo se torna en un proceso de decadencia y final incierto.

Cada nueva visita al hospital ya no es síntoma de solución, sino una nueva señal de deterioro, de miedo del enfermo y su círculo sobre si será la última o habrá tiempo y ocasión para una más.

Mientras tanto el aire va dejando de entrar y el aire que es vida y no llega va haciendo en su escasez que todo vaya poco a poco deteriorándose.

La pequeña agonía del ahogo para volver, quizás, a una nueva.

No conviene perder las ocasiones que nos da la vida para respirar hondo, profundo porque llega el día en que ya no es posible y no habrá aire nuevo que pueda entrar.

 

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