Libros, vino y mucho más

Ayer, cuando salía de una de mis librerías preferidas, me encontré con Eva Larrauri que entraba a la misma.

A uno le alegra un sábado ver que hay personas que se toman el oficio con ganas y supuse, ua que por allí andaba también merodeando el fotógrado de El País que algo iban a hacer hoy en la librería.

El resultado lo podemos leer hoy como propuesta de maridaje.

Curioso que justo saliera de la librería con, entre otros, el librito de El amante de las librerías de Claude Roy del que ya había hablado mi ‘librívoro’ de cabecera.

Más librerías han apostado por fórmulas de maridaje como, por ejemplo, Tipos infames de Madrid o Cálamo de Zaragoza.

Pero más allá del maridaje y de las nuevas ideas que parecen bullir en la cabeza de Javi, de casta le viene al galgo, me interesa centrarme en ese aspecto de valor que para mí siguen teniendo las librerías palpables que es el tratamiento y cuidado del espacio como ‘lugar conversacional palpable‘.

Cuando me acerco por allí, generalmente los sábados pasado el mediodía, siempre hay tiempo para la conversación con la gente de la librería y con los clientes que en determinados estados se convierten también en buenos recomendadores.

Allí he mantenido buenas conversaciones. Unas cuantas en los últimos tiempos que han girado en torno a fiscalidad, cultura y modelos de ayudas; pero también, como ayer, hay tiempo para hablar de salud y ‘marujear’ alrededor de quien viene a Bilbao y no avisa o de quien dice que casi mantiene a diario conmigo un intercambio de 6 correos electrónicos.

A la primera ya le he apuntado en la ‘lista negra’ de ‘malquedas’ 😉 y a la segunda habrá que darle unas clases de estadística.

Pero quiero volver al maridaje y la conversación y echar la mirada casi 25 años atrás y recordar al padre de Javi. A Santi.

Cuando empecé en este mundo de la librería él fue generoso como nadie lo ha sido a la hora de mostrarnos criterio, cíirica, sugerencias y ofrecernos su ‘agenda abierta’ de contactos, quizás lo más preciado que se podía tener en aquellos tiempos donde todavía la informatización sectorial estaba en pañales.

Me siento por ello en ‘deuda’, aunque nunca es posible ‘pagar’ la generosidad que otros nos han mostrado.

Me gusta que los libros compartan mi vida, me acompañen, callejeen, trabajen y durmen en mi compañía, se rocen con las venturas del día y los caprichos del tiempo, acepten citas conmigo a horas ‘imposibles’, ronroneen con la gata al pie de mi cama, o se arrastren con ella en la hierba, doblen un poco la punta de sus páginas en la hamaca de verano, se pierdan y sen encuentren de nuevo. Los libros son para mí más unos amigos que unos servidores o unos maestros. Por eso prefiero a las bibliotecas las tiendas de las que uno sale con su amigo bajo el brazo, las grandes o pequeñas librerías… (Claude Roy; El amante de las librerías; pag. 16-17)

Lógicamente, también me gusta compartir así la vida con personas amigas y también, en este caso, prefiero la posibilidad del tacto, del roce, de las citas a horas imposibles, la pérdida y el re-encuentro. Aunque esto, a veces, con las personas es más difícil.

En cualquier caso siempre un buen vino o un buen libro, o ambos a la vez, son una buena escusa para retomar conversaciones.

4 comentarios en “Libros, vino y mucho más

  1. Neus: tomo nota 😉

    Lorena: cada vez más convencido de que te hacen falta clases de estadística. El problema no está en el número, sino en el instrumento de medición seleccionado cuando la desviación es tan grande 😉

  2. Pingback: La librería ambulante | cambiando de tercio

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