Afecto

Al hacernos viejos, en el ocaso de la vida -la hora más hermosa por sus tonos y reflejos-, tenemos una nueva noción de todo y, más aún, del afecto. En la edad de la potencia y de la personalidad, tanteamos al amigo como tanteamos el terreno, desde el punto de vista de la reciprocidad. Dado que nos sentimos sólidos, queremos que sea sólido lo que nos lleva o conduce. Pero cuando sentimos huir la intensidad del ‘yo’, amamos a las personas y a las cosas por lo que representan a los ojos de nuestra alma y en abosluto por lo que puedan aportar a nuestro destino. (George Sand en Querida maestra; pag. 30-31)

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