Verdad y sufrimiento

El verdadero problema es que cuando una comunidad habla de ‘contar la verdad’ no solo pretende maximizar con su verdad su propio sufrimiento, sino que a la vez minimiza implícitamente el sufrimiento de otros. (Tony Judt; Pensar el siglo XX; pag. 56)

También las personas contamos y cantamos nuestras verdades-mentirosas dejando pizcas de sufrimiento en el otro.

No hay mayor mentira que hacer sufrir por la supuesta verdad.

Amistad y felicidad

Me alegra que aún estando de vacaciones siga cayendo bien a alguna persona.

Este blog es un blog personal y por lo tanto seguiré escribiendo este mes. No sé con qué ritmo. Quizás con el que la vida y el mes que se presenta con sus incertidumbres vaya marcando.

Sí que tengo claro el tono que le quiero dar. Por lo menos a fecha de hoy.

Voy a dejar de lado lo laboral que no deja de ser transitorio y viajré más por el lado de los sentimientos, sensaciones y emociones más pegados a la vida.

Los meses de agosto han jugado a lo largo de mi vida un papel importante de parón, descanso en mayor o menor grado, reflexión, vista atrás, mirada hacia delante y a los lados para ver con quién vas del brazo, paseo, escritura que queda para mí y, en algún caso, para alguien más.

Algo de esto trasladaré aquí al hilo de las lecturas y reflexiones de otros  que me produzcan cierta conmoción.

A veces, será sólo una cita, como la de ayer. En otras ocasiones serán varias cruzadas o pequeñas reflexiones sobre las palabras de otros.

Hoy se me han cruzado dos.

La primera de Maruja Torres en su artículo de El País Semanal que dice así:

Hace casi un año que el arabista y lingüista Adrián Rodríguez Junco, hombre de cultura y de amistad, me rebotó el siguiente texto: “El destino une y separa a las personas, pero no existe ninguna fuerza que sea tan grande que haga olvidar a quienes por algún motivo algún día nos hicieron felices”

Y un poco más adelante

Violeta, conocedora de la profundidad de nuestra amistad, y nada celosa, nos dejaba realizar nuestras correrías lentas…Seguíamos del bracito.

He escrito para mí quiénes me han hecho felices y con quiénes he paseado y paseo a gusto del brazo fruto también del destino, del azar y de las propias vidas.

A lo largo del tiempo hay brazos que aparecen, otros desaperecen y algunos son casi ya por el tiempo y por suerte incorruptos.

Quizás cada vez sean menos los que haya para cada uno de nosotros si la ‘frialdad’ que señala Bauman y ese miedo al contacto sigue adueñándose de nosotros.

Fría es la gente que hace tiempo ha olvidado la calidez del contacto humano, cuánto consuelo, respaldo, aliento y simple placer podemos sentir compartiendo nuestro destino y nuestras esperanzas con otros; ‘otros como yo’ o, para ser más exacto, otros que son ‘como yo’, precisamente porque comparten mi situación, mi desdicha, mis sueños de felicidad, y aun más porque yo me preocupo por la situación, la desdicha o los sueños de felicidad de ellos…La amistad del estilo antiguo ‘uno para todos y todos para uno’ ha sido expulsada del reino de lo posible. No es de extrañar que la gente se haya vuelto más fría. (En busca de la política; pag. 62 y 63)

Libro, lectura y conversación

Empiezo la lectura de Pensar el siglo XX de Tony Judt.

En el prólogo de Timothy Snyder encuentro algunas reflexiones que me acercan a personas y ello me va dejando un buen sabor de boca.

La primera persona que me viene a la cabeza es quien me regaló el libro con quien he mantenido, pocas hasta la fecha, pero jugosas y ricas conversaciones.

  • … de la conversación podía emerger algo imperecedero (pag. 11)
  • Este libro aboga en favor de la conversación, pero quizá todavía más de la lectura (pag. 11)

Y también, fruto de las conversaciones mantenidas, esta sensación que Timothy refleja perfectamente cuando dice:

  • Las personas somos más bien como inmensas cuevas subterráneas, inexploradas incluso por nosotros mismos, y no agujeros cavados directamente en el suelo…Cuando le preguntaba a Tony sobre su vida, mi intención no era saciar la sed de una explicación simple, sino tantear las paredes de la caverna, buscando pasadizos entre las cámaras subterráneas cuya existencia, al principio, sólo percibía débilmente. (pag. 12)

La segunda para mi amiga R. con la que más de una vez he hablado de los imaginarios y lecturas compartidas que ahorran a menudo hacer explícito algo que en ese contexto de conversación y en función de la lectura y la(s) historia(s) personal(es) es obvio:

  • Nuestras lecturas anteriores creaban un espacio común dentro del cual Tony y yo podíamos aventurarnos juntos, deteniéndonos en lugares y paisajes conocidos, en un momento en el que otro tipo de movimiento era imposible.

Comía ayer con C. Hemos leído los dos recientemente Pizca de sal del que iré dejando a lo largo de agosto por aquí algunas pizquitas y alguna otra he dejado ya correr por facebook y twitter.

Dos cosas me han llamado la atención.

– El cierre casi perfecto del círculo lectores, autor, editor. Gracias a esas pizquitas que dejé caer por facebook ayer estuve intercambiándome mensajes con su autora y espero que en breve nos podamos ver. Mi amiga, tras la lectura, le había mandado una nota al editor agradeciéndole el regalo del libro con el que ambos hemos disfrutado.

– La segunda es algo que ya he constatado otras veces. Es el hecho de que ante un texto, ante un libro, antes ‘pizcas’ en este caso, resonamos cada uno de manera distinta. Esto solo ocurre de verdad con libros que nos dicen y nos hablan.

Si esto pasa, como si se establecieran lazos invisibles empiezan a salir a la luz personas, ideas, vivencias de la manera más natural.

Y ello, en estos tiempos que corren, sigue siendo un auténtico regalo.

La lectura tiene por lo tanto una dimensión de conectividad con los otros y con uno mismo que es, probablemente, uno de sus grandes valores.

Nota: La fotografía es de Ouka Leele y la pude disfrutar en la exposición “Ouka Leele. Inédita” que está es  Santillana del Mar hasta mediados de septiembre

Esperanzado

Me reencontré con él hace menos de un mes y ahí seguimos siguiéndonos.

Ayer lanzaba unas preguntas en su blog.

¿Con qué construimos nuestras esperanzas?
¿Son nuestros sueños un refugio o un espacio de crecimiento personal?
¿Somos capaces de contagiar esperanza?
Y dejaba también una reflexión:
Cuando la esperanza se convierte en un refugio ya no es esperanza sino un clavo ardiente artificial originado por la desesperanza, la negación o el dolor.

Se las tomo prestadas para que me acompañen estas próximas vacaciones.