30 de noviembre Día de las Librerías

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Es el segundo año que se celebra. Como todo se tiene que asentar poco a poco. Sin prisa, sin pausa, como los buenos libros que con el tiempo van encontrando acomodo en las buenas librerías, lejos de las prisas sin sentido que a veces intenta marcar la novedad, cualquier novedad.

La librería, las librerías, me traen siempre buenos recuerdos a la cabeza. Hoy como el año pasado me volveré a acercar a una de mis librerías a pillar algo a estar con los libreros y libreras, a sentirme una pequeña parte de un ecosistema frágil, en ocasiones, pero vivo en algunos de sus movimientos.

Recoge el manifiesto del día un bello texto de Juan José Millás.

“la librería es un espacio moral,

por eso, cuando vas de las estanterías de la poesía a las de la novela,

o de las del ensayo a las de la gramática,

estás yendo también de unas zonas a otras de tu vida.

Del mismo modo que al leer te lees, al hojear un libro

u otro te auscultas y le tomas el pulso al mundo.

Cuando entras en una librería, te incorporas a la realidad”ida, la lectura y la cultur

Hoy espero vivir un día de realismo no solo por la visita a la librería, sino por una comida compartida en torno a la vida, la lectura y la cultura.

 

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PAF

Poco os dirán a la mayoría esas tres letras.

Así era conocido hace más de 25 años Pedro Alberto Fernández que hoy ha recibido a título póstumo uno de los Premios Utopía que concede la Diputación de Bizkaia desde hace 20 años.

La vida, sobre todo, se basa en conversaciones que, en muchas ocasiones, se convierten en transformadoras, permiten también enterarse y disfrutar de un momento de añoranza, reconocimiento y reencuentro.

No me voy a poner en plan de ‘abuelo cebolleta’ recordando en qué andábamos hace tantos años.

Me ha gustado reencontrarme con Marta, Contxi, ‘Josito’, Pepe, Estebi, Javi, Bego…

Poder charlar. Recordar tiempos vividos. Ver que alguno no ha perdido su impulso crítico y emprendedor a pesar de los años.

Todo ello ha sido posible gracias a una persona que he visto que se emociona en momentos, que ha sido generoso en compartir la invitación y que es capaz de mantenerse con discreción en segundo plano.

 

Desacelerando

El final de esta etapa se empieza a vislumbrar a la vuelta de la curva. Cambiará la ‘visión de la corrida‘.

Es posible, casi seguro, que el ‘sorpaso’ me toque en Barcelona, casi como una excusa para ir poniendo distancia.

Digo por ahí a quien me quiere escuchar que me voy a tomar después la vida con más calma y con más intensidad. No es una contradicción, sino la constatación de que hay hechos y experiencias que te atrapan intensamente y que al mismo tiempo solo puedes vivirlas con cierta lucidez si aplicas el criterio del sosiego. Y, en esas andamos.

A partir de ahí, empiezan a entrar en juego las apuestas sobre el tiempo que aguantaré en ‘estado sabático’. Eso, el mismo tiempo lo dirá.

Por ahora, mientras voy cerrando ciclo e intentando dejar todo ordenado, voy buscando de nuevo, entre los pocos momentos que tengo cierto tiempo para el contacto más sosegado y profundo, recuperando poco a poco ritmos conversacionales que en estos años han sido más difíciles de mantener aunque siempre he contado con la suerte de tener a mi alrededor personas que han estado ahí.

Algunas ya me acompañaban en mis ‘pasos inciertos’ que diría Kepa con su título, otras me las he ido encontrando o re-encontrando provocando con ello agradables sorpresas inesperadas, otras han entrado y salido o se mantienen a prudente distancia.

Todo, en el fondo, como la vida misma.

Me preguntaba J. ya hace un tiempo qué iba a hacer después. Y le contestaba que no sabía.

Quiero darme y dar tiempo y, probablemente, en ese juego de ‘Ds’ vaya surgiendo la respuesta.

Al igual que suele poner a veces en los transportes ‘Dejen salir antes de entrar’ yo me aplicaría el ‘Hay que cerrar antes de abrir’.

“1 de abril (1997) Eso es lo poco que yo sé: el viaje es como el mar que vuelve, una y otra vez, a la orilla” (Kepa Murua; 1996/2004 Los pasos inciertos; pag. 28)

Escribía no hace mucho a una persona:

Otros, quizás ya con la sensación de mucho andado, nos tomaremos un reposo a la vera del camino para ver lo recorrido, otear el incierto horizonte, y ofrecer compañía y tiempo a quienes quieren hacer una parada en el mismo, planear un nuevo viaje o preparar una zambullida para bucear.

En eso andaremos.

Los pasos inciertos

Preparando las Jornadas que recientemente se celebraron en la Universidad de Deusto se movían en mi cabeza dos títulos recientes sobre el mundo del libro, más allá del contenido de los mismos. Memoria de la librería y Los pasos inciertos de Kepa Murua.

La memoria y la incertidumbre me parecían dos términos que reflejan bien la situación en la que se mueve el sector del libro viniendo además de unos libreros, por un lado y de un escritor-editor o editor-escritor, por otro.

Era solo un juego mental.

Luego, está la vida y en ella, a veces, la aparición de la sincronicidad.

Hace ya días había quedado a comer hoy con Kepa antes de que parta para ‘las américas’. Nos vemos de ciento en viento. Siempre en agradable conversación. Mezcla de lo personal, profesional, social y ‘marujera’ en algún momento.

Solemos quedar en la cafetería Virgen Blanca y luego nos acercamos a alguna terraza, aunque el tiempo sea fresco-frío como el de hoy para que pueda saciar mis ansias de fumeteo.

Nos pasamos revista cariñosa, esbozamos nuestro futuro cercano y nos citamos para una próxima que siempre va llegando.

Hablamos hoy lógicamente del libro que ¡oh casualidad! mi librero me ha comunicado a la mañana que ya había llegado y ya tengo a estas horas entre mis manos.

Leer más “Los pasos inciertos”

Hojas caídas

Naturaleza encerrada entre cuatro paredes.

Situaciones parecidas, nunca igual, me llevan a reflexiones y pensamientos casi equivalentes.

A situarme de nuevo ante lo importante.

No es cierto que el sufrimiento nos purifique y nos haga mejores, más sabios y comprensivos. Nos vuelve demasiado lúcidos, fríos e indiferentes. (Sandor Márai; La mujer justa; Salamandra, pag. 43)

Vinoteca Barbechera

Quizás el lugar, el sitio sea para muchos desconocido.

Es un agradable local en Chueca donde se puede disfrutar de un buen vino y buenas tapas. Mejor en compañía.

Es para mí, además, un espacio con significado y está claro que para alguna persona más también lo tiene.

Fue una estupenda sorpresa volver el martes a ese espacio.

A los espacios, como a las personas conviene nombrarlos por lo que supone de reconocimiento.

Compartir un verdejo, bueno yo alguno más, y la conversación.

Hoy he tenido que conocer otro espacio, también con sentido, pero más duro, triste. Un verde jardín cerrado entre paredes donde a veces también es necesario estar, ir, conocer y compartir.

Todo espacio vivido con otros cobra otro sentido, otra dimensión cuando en él, además se comparte vida, con sus alegrías y sus penas.