Camino de Santiago, decimoséptima etapa. Murias de Rechivaldo-El Acebo. 30 de abril

31,3 kilómetros.

Frío, agua y nieve durante todo el camino. Hago la etapa con Dannielle a partir de Santa Catalina de Somoza donde he parado a desayunar. Hoy viene bien la compañía porque el tiempo está desapacible.

Foto0086Bastante es hoy andar y avanzar. La etapa se hace dura, pero con la agradable sensación de que el cuerpo responde.

Paramos en Rabanal del Camino a meter algo caliente al cuerpo, una buena sopa, y a hacer acopio de fruta y alguna barrita.

Poco a poco y pasando por Foncebadón llegamos a la Cruz de Ferro que marca el punto más alto del Camino francés. Hace frío arriba y nos cobijamos un rato en el pórtico de la ermita donde están también dos franceses con los que hemos ido haciendo la goma durante la subida.

Uno de ellos vive en Hendaia así que casualidades de la vida, empezamos a hablar en euskera que nos resulta más últil a los dos. ¡Quién me iba a decir a mí que iba a hacer un poco de ‘mintza praktika’ en mitad del camino!

Manjarín y su famoso albergue y hospitalero nos marcan el inicio del descenso ahacia El Acebo donde llegamos al albergue al filo de las 15:00 cuando ya empieza a nevar con más intensidad. Así estaría toda la tarde y supondria un segundo día sin poder hacer colada.

A lo largo de la tarde va llegando gente. Algunas personas llegan bastante cascaditas, con frío en el cuerpo y casi exigiendo habitación individual y agua caliente.

A la tarde conozco a Txema, de Bilbao, que me cuenta que está en el albergue de Manjarín con Tomás. Larga conversación rayando a ratos en el superrrealismo. Me convencen poco los que piensan que casi solo hay una verdad en el Camino. La suya.

Cenamos con tres franceses más después de pasar una tarde recogidita en el albergue viendo nevar.

La noche viene acompañada de toses y ronquidos. También los míos.

Gastos

  • Desayuno: 4
  • Sopa: 3
  • Fruta: 1,50
  • Agua: 1
  • Albergue: 5
  • Cervezas: 3
  • Cena: 9,80
  • Total: 27,30

La vida simple

El frío, el silencio y la soledad son estados que en el futuro serán más preciosos que el oro. (pag. 34)

Vivir feliz en los claros silvestres vale más que marchitarse en la ciudad. (pag. 34)

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