Las doce mentiras del mundo del libro

Escribía ayer Diego A. Manrique un sugerente artículo en El País que con el título de Las doce mentiras abordaba algunas falacias en torno al mundo de la música.

Creo que lo dicho tiene un gran paralelismo con el mundo del libro así que ahí van las doce mentiras del mundo del libro en un casi-casi corto y cambio sobre lo escrito por Manrique.

Las doce mentiras

El dilema no está entre libro digital y físico; ambos soportes van a convivir largo tiempo.

El buen libro siempre encuentra su público. Un mantra que repiten incluso los que venden los libros más infames. Deben relegarlo al mismo cajón de mitos que “los niños vienen de París” o “el crimen se paga”.

Un escritor puede vivir explotando su nicho. Deriva de la teoría de “la larga cola”. Simplificando: tiendas de stock infinito, como iTunes o Amazon, permiten la supervivencia de propuestas minoritarias. Resulta tentador depositar la fe en ese principio pero las cifras son tozudas: “Está bien contar con la larga cola pero, si no tienes producto en la cabeza, ese 20% de productos más demandados, lo pasarás mal”.

El hundimiento de los grandes grupos editoriales facilita la emergencia de propuestas frescas. Recuerden: Internet, Bubok, Googlebooks y derivados iban a permitirnos puentear a los gigantes del libro. Sin embargo, hoy sufrimos un atasco de millones de textos caseros que nunca han amenazado la hegemonía de las multis.

Morirán las grandes editoriales. Gozosa unanimidad: todos, incluyendo sus antiguos empleados, se apuntaban para martillear el último clavo en los ataúdes de Planeta, Santillana, Océnao o Berstelmann. Pero ninguno ha fallecido. Aunque algunas están debelitadas, las grandes editoriales conservan las doradas reservas de sus inmensos catálogos y el know how para vender libros de gran consumo.

Los formatos digitales son más rentables y los soportes físicos desaparecerán. Ya, ya. Pero nunca nos explicaron los motivos de que Amazon tardara tantos años en dar beneficios. Y los países que mejor soportan la crisis del libro —Francia, Alemania— mantienen robustos mercados de precio fijo y una producción en soporte papel francamente envidiable. No es “uno u otro”; la escurridiza realidad suele inclinarse por “uno y otro”.

El modus vivendi de los escritores está en los ‘Hay festival’ y los bolos de presentaciones. Era la oferta que no podías rechazar: “Regala tu libro —te lo vamos a quitar de todos modos— y grandes multitudes acudirán a tus charlas, presentaciones y saraos que ya empiezan a ser de pago”. Hoy vemos escritores que mendigan artículos, que malvenden conferencias o que actáun de negros teloneros de otros escritores. Las “grandes multitudes” están en sus casas, viendo el partido de la jornada.

Está emergiendo la “clase media” de los escritores. No usarán limusinas ni hoteles lujosos pero ganarán lo bastante para financiar su creatividad, pagar la hipoteca y alimentar a su familia. La teoría se ha transmutado en el agobiado escritor a tiempo parcial, que escribe por las tardes o los fines de semana.

Nubico es la solución. Eso creen escritores y editores a los que machacan con “el futuro está en el streaming”. Hasta que les llega el cheque por el uso de su libro y es calderilla. Nadie duda de las ventajas de Nubico pero todavía debe demostrar que estamos ante un modelo económicamente viable: es tan joven que ni siquiera se puede hablar de que sea una realidad todavía.

Google y Amazon. Nos aseguran: “Te damos difusión”. En realidad, sus usuarios somos proveedores de contenidos y público cautivo. Su interés por el libro es dudoso: Amazon tiene filtros para eliminar los comentarios que no le gustan o censurar en sus promociones determinados libros pero no hay un mecanismo automático similar para borrar libros que —con las leyes en la mano— no hayan sido subidas por sus legítimos propietarios. Malo para los profesionales, bueno para los lectores curiosos curiosos.

El negocio está en el merchandising, estúpido. No sacarás dinero de la venta de libros, apenas cubrirás gastos con ellos seas autor o librero: la pasta está en el merchandising. La verdad: a no ser que triunfes a lo grande o tengas un culto alrededor de tu proyecto, considéralo una limosna.

Me hago cargo: ofrecer esta lista parece un ejercicio deprimente. Un regodeo en la miseria. Pero nadie tiene aquí soluciones milagrosas y el primer paso consiste en desmontar los espejismos, las piruletas con las que nos tienen engañados.

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Autor: cambiando de tercio

Actualmente trabajo en consultoría en el sector del libro, la cultura y en el tercer sector. Centrado fundamentalmente en pymes, insticuiones y administraciones públicas.

21 comentarios en “Las doce mentiras del mundo del libro”

  1. Excelente. Se pueden añadir algunas mentiras más:

    – El editor está muerto, la autoedición pasará por delante de todo.

    – No son necesarios tantos agentes en la cadena, se deben y pueden suprimir los intermedios (distribuidores, comerciales)

    – El autor es un experto en la promoción, maquetación y corrección

    – Las librerías están sentenciadas, todo se venderá por la red.

    ….

  2. Muy bien traído, Txetxu. Yo también pensé en el sufrido libro cuando leí el articulo de Manrique. Y recordé aquello de: “primero vinieron a por la SGAE, luego a por la música…”. Ya lo hemos hablado alguna vez: no hemos sabido proponer una aproximación progresista a la cultura como producto y como proceso, a lo que significa y supone crear, extender y compartir la cultura, a las condiciones materiales y éticas (no sólo tecnológicas) que la sostienen. Y ahora la Plaza del Sol está colonizada por Vodafone, y la cultura libre por el cretino ese de Megaupload (ahora resucitado en lo que sea). Por cierto: no me creo eso de que el libro impreso sea solo “formato” o continente. Un día me gustaría estudiar (es una hipótesis) la relación que existe entre formato de lectura, contenidos leídos y usos de esos contenidos. Cuando vuelvas al gobierno te haré una propuesta al respecto 😉
    Un abrazo.

  3. Txetxu, lo bueno de tus “doce mentiras” es que valen para quedar bien con casi todo el mundo. No digo que sean mentira -valga el juego de palabras- pero habría que incursionar mucho en cada una para ver lo que hay de cierto en tus afirmaciones: un “sí, pero” permanente que está bien pero no conduce a ningún sitio.
    Y hablando de conducir, no tengo el gusto de conocer a Imanol Zubero, que seguro que de esto sabe mucho más que yo, pero su propuesta de “una aproximación progresista a la cultura como producto y como proceso” me ha hecho llevarme inmediatamente la mano a la cartera. Dicho sea con todo respeto.

    1. Juan hilas fino y más en tu comentario en twitter. Sólo pretendía ser un juego inicial siguiendo el hilo de Diego E. Manrique. Donde no das puntada exacta es en tu miedo con Imanol y tu cartera 😉

  4. Txetxu: no me olvido. Mañana te escribo y nos ponemos ya una fecha.
    yo tampoco tengo el gusto, pero si toda tu preocupación se reduce a eso descuida: yo pago tu parte (si es que de la cartera se tratara, que no).

  5. la cadena de valor –esa en que en cada eslabón se aumenta el precio sin aportar ‘valor’– es la que no funciona. En la crisis no han dejado de venderse bragas. Vendamos libros como si fueran bragas (no es ironía)

  6. Muy agudo! Me asusta que lo mismo que ocurre en el disco se aplique al libro pero, efectivamente, la música fue la primera victima y ahora vienen libros, películas, series…

  7. No me gustan las recetas, lo bueno de este dodecálogo es que promueve el debate, y lo bueno de nuevas iniciativas, como Nubico, es que busca nuevos caminos. Qué tenga éxito o no está por ver y quizás en el intento surge el modelo de negocio que sea rentable. Saludos,

  8. El libro era un gran compañero en los tiempos antiguos cuando no existía otra cosa para disfrutar del sano esparcimiento en las horas del descanso. Pero ahora tiene que competir con poderosos rivales como la televisión y el cine. Por ejemplo: Me atrevo a afirmar que J. K. Rolwling es la autora más leída de los últimos tiempos y las películas basadas en sus historias de Harry Potter tuvieron un éxito sin precedentes, sin embargo ¿cuántos de los que vieron las cintas, leyeron los libros? Los lectores seguimos siendo una minoría.
    Pienso que los que escribimos debemos hacerlo por el simple placer de escribir, porque ahora todos queremos vender. Y sí se puede hacer pero hay que tener contactos dentro del mundo editorial. También podemos irnos por el lado alternativo de las editoriales en la red que permiten subir material a prácticamente todo aquel que se inscriba. Yo ya me estoy animando a entrar en Bubok, a ver que tal es.

  9. Santillana, con Alfaguara y otras editoriales del grupo Prisa hacen aguas. Pronto veremos el desenlace… que es la venta de estas editoriales a otro gran grupo. Una de las mentiras puede que no lo sea tanto.

  10. Es prácticamente igual al post de Diego Manrique… Son dos oficios que la pasan muy mal (el de músico y el de escritor)… Difícilmente se logra triunfar hoy por hoy…
    Saludos desde Argentina…

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