Presentes y futuros de las librerías.7. Librerías y datos. Asunto importante

Lo que no se define no se puede medir / lo que no se mide no se puede mejorar / y lo que no se mejora se degrada siempre (Lord Kelvin citado por Eugenio Ibarzábal; La pasión de mejorar; Iceberg pag. 79)

Si no sabemos dónde estamos cómo sabremos a dónde ir.

La necesidad de medir y contar para saber, aunque a veces parezca pedrestre es algo clave para no hablar de pájaros y flores.

Los discursos que se quieren mantener tienen que sustentarse siempre en algo y las librerías, si quieren generar un discurso creíble tienen también que poner algo más que discurso encima de la mesa.

Si las librerías quieren trabajar por conseguir un sello de calidad el mismo deberá tener y basarse en algunas constataciones que, por lo menos, deberán tener en cuenta las siguientes variables con sus indicadores correspondientes:

– Medición de la rentabilidad y sostenibilidad del espacio.

– Medición del tipo de oferta con más ‘acento cultural’.

– Medición de servicio en función del modelo.

– Medición de I+D+I aplicado a la librería entendida como empresa cultural. (Formación, innovación, trabajo en red…)

– Medición de satisfacción del usuario-lector-comprador.

Todo ello no es una tarea fácil y, lo que es más importante, no es posible realizarla sin recursos públicos y sin la propia inversión e implicación de los interesados ya que no hay nada más frustrante que una idea sin presupuesto. Es en las partidas donde se reflejan las políticas

Por estos lares parece que andamos muy lejos todavía de las cifras que Francia dedica para apoyar a las librerías,  unos 18 millones de euros a través de distintos canales.

Tampoco parece que desde lo público exista una adecuada predisposición en relación a las ayudas y beneficios fiscales que se otorgan no solo a las librerías, sino a la cultura en general. La última bajada de Iva incide sobre un colectivo muy concreto.

Los libreros españoles cuentan con datos aunque quizás los mismos sean demasiado pegados al mercado o demasiado economicistas y poco tendenciales en cuanto a modelos. Sobre estte tema aplicado a la cultura se reflexionará la semana que viene en Bilbao.

Quizás haya llegado el momento, las crisis siempre pueden ser creativas, para profundizar en el sentido de la diferencia y el valor de lo pequeño (las librerías son micropymes) y diverso como clave para la sostenibilidad y la calidad.

Si se cree en ello, y el sector también lo ve claro (léase editores), habría que ponerse ya a andar o a retomar caminos y sendas iniciados siendo conscientes de que un proceso de este tipo lleva también a poner en claro la paja del grano y a romper esos discursos totémicos de ‘el valor de todas las librerías’.

Hay que empezar a ‘señalar con el dedo’.

Y dejo una pregunta en el aire. ¿Quién debe liderar este proceso?

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