Nuria. La lectora del AVE

Ayer ya tarde, a la noche, regresamos de ‘la semana movida‘.

Todo viaje trae o viene acompañado de alguna experiencia insospechada.

Tras dos días de reuniones y encuentros gratificantes en Barcelona,

después de haber actuado en Madrid

2014-02-24volvíamos el miércoles a la noche en el AVE con cierto cansancio en el cuerpo y con ese pelín de bajón que se suele presentar después de jornadas intensas.

A mitad de trayecto nos fuimos hacia la cafetería que parecía un pequeño hervidero cocinado buenamente por una camarera que no perdía por nada del mundo su compostura.

Nos situamos en el único hueco que quedaba en la barra. Justo en la esquina.

Allí, a nuestro lado, o nosotros a su lado, se encontraba una mujer joven que esperaba también a pedir su cerveza.

La conversación se inició por una pura casualidad… ¿Por qué no pedimos juntos la consumición? Quizás nos hagan más caso.

Y así, al rato estábamos allí compartiendo cerveza y conversación.

Este viaje nos ha servido para aprender que hay mujeres que son grandes bebedoras de cerveza.

Al poco tiempo surgió la pregunta:

– Y vosotros ¿a qué os dedicáis?

Nos cruzamos una mirada, un pequeño guiño…

– Somos editores

– ¿De libro en digital?

– No, más bien de papel.

Al momento se le cambió la cara. Apareció una sonrisa. Echó la mano al bolso y allí, de en medio de esa selva que son muchos bolsos de mujeres, apareció un libro acompañado de su sonrisa.

Se volvió a cumplir, como el rato posterior demostró lo que Zaid escribió:  ‘¿Qué demonios importa si uno es culto, está al día o ha leído todos los libros? Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales’ .

Y así, de los lirbos y de su loa, ¡qué bellas palabras dijo Nuria, nuestra lectora del AVE sobre el libro en papel!, pasamos a la vida, a hacernos unos y otra físicamente más reales.

Los hijos, los amores, lo vivido pasaron al momento a ser el centro de la conversación.

Así la tapa dura y la tapa blanda no eran más que reflejo, también, de momentos y posibilidades vitales.

Y, en el trantran del tren y de la conversación iban cayendo y pasando las palabras, la vida y las cervezas.

Un beso de despedida y quizás un ¡hasta siempre!

Prometí que escribiría sobre ello y ahora espero que Nuria, nuestra lectora del AVE lea estas líneas.

Ella iba feliz a Madrid a celebrar un nuevo momento vital. Nosotros volvíamos felices de Barcelona del encuentro y la conversación con la gente.

Quizás sólo fue un cruce es estados de ánimo moviéndose en el tren.

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